martes, 4 de septiembre de 2007

Médicos Sin Fronteras sobre el papel


Es un diseño transparente. Tanto que lo más probable es que los 180.000 socios de Médicos Sin Fronteras-España (MSF) no reparen en él cuando hojeen las páginas del informe anual en formato de revista que reciben por correo una vez al año. Y es un diseño transparente porque quiere serlo, como reconoce a encajaba su responsable, Diego Feijóo, en un amable correo que nos remite desde su estudio en Barcelona. “La idea fundamental es explicar con transparencia lo que se realiza con los fondos de los socios”, y añade que “por ello debemos informar y debe ser fácil de leer, no recargado, comunicando transparencia. También accesibilidad, con cuerpos grandes en negro sobre blanco, destacados, pies de foto...”.



Y lo consigue. Utilizan dos tipografías, una grotesca y otra de rasgo, y el blanco agrisado del papel manifiestamente reciclado de una manera inteligente. Los títulos se visten con Bell Gotihc, también las entradillas, antetítulos, sumarios, pies de foto, cuadros, gráficos y en realidad todo lo que no sea el texto base de cada artículo. Feijóo nos confiesa que este tipo de letra está “modificado” y que “es la fuente corporativa que se describe en el programa de identidad visual de MSF-España, de ahí su uso para la revista”. Parecen modernísimas estas letras Bell, como concebidas ahora con un aire digital de grotescas elegantes, pero en realidad las diseñó Chauncey H. Griffith en 1937 para las guías de la Compañía Telefónica estadounidense Bell. El otro tipo de letra es un Mercury Text de reciente creación a cargo de los norteamericanos Hoefler & Frere-Jones, menos interesante, una de tantas letras de rasgo, que utilizan para el texto base “por su funcionalidad y legibilidad”.
Destaca, además, otro elemento en la revista que pasa por alto su diseñador no sabemos si de manera intencionada o no: una cierta transgresión. Al utilizar los blancos y, sobre todo, repitiendo un esquema de página para cada actuación de MSF en distintos lugares del mundo sin que por ello se resienta el ritmo de lectura, sin que nos agobie lo repetido, con las fotografías separando el título del texto como no mandan los cánones.


Funciona, ¿verdad? Por último, no quiero pasar por alto el dato que nos aporta Diego Feijóo de que la revista “ha ido cambiando de diseño”, nos habla de tres etapas, “a partir de la información que transmiten sus socios”. También en esto parecen distintos y aunque resulte curioso poder influir en el diseño a través de tus opiniones, esta debe ser la faceta menos importante de colaborar con Médicos Sin Fronteras, la única organización no gubernamental de la que yo tenga noticia que ha llegado a pedir que no le envíen más dinero. Sucedió durante la catástrofe provocada en diciembre de 2004 por el tsunami (antes, siempre, llamado maremoto) del sudeste asiático, en uno de esos arrebatos de solidaridad que a veces nos contagia y del que algunos, no todos, no quisieron aprovecharse para seguir siendo transparentes.