jueves, 22 de noviembre de 2007

¡Hágase el blog!

Si existir consiste en que te nombren, y al parecer así se creó el mundo, ¡ya existimos! Somos desde hace dos meses, concretamente desde que se publicó la última edición del más prestigioso diccionario de la lengua española, el Diccionario de Uso de María Moliner, en el que figura por primera vez en nuestro idioma una entrada dedicada a la palabra "blog".

  • blog. (ingl. afér. de weblog, de web y logbook, cuaderno de bitácora, pl. blogs.) m. Inform. Sitio web o parte de él actualizable permanentemente donde se recopilan por orden cronológico escritos personales de uno o varios autores sobre temas de interés y en el que se recogen también los comentarios enviados por sus lectores. = Bitácora, weblog. => Internet.
Y tenía que ser, evidentemente, este diccionario quien nos diera la vida. Porque es el diccionario que lleva dando vida a las palabras en castellano desde su primera edición en 1967. Es un libro en dos tomos que tiene una historia apasionante detrás, como relató García Márquez en un artículo periodístico publicado en El País en febrero de 1981, por lo que tal vez sea demasiado atrevido que lo contemos nosotros también. Aun así lo intentaremos brevemente.

María Moliner fue una señora que al cumplir 52 años, viéndose liberada del cuidado y crianza de sus tres hijos, decidió escribir un diccionario. Era el año 1951 cuando esta bibliotecaria licenciada en Filosofía y Letras en Zaragoza, dividió una cuartilla en cuatro partes iguales y comenzó a llenar esas fichas caseras con palabras, todas las palabras. Calculó que lo terminaría en dos años, pero trabajó en solitario en su casa alargando los dos años en otros dos años y luego otros dos años más hasta que en 1967 la Editorial Gredos consiguió que publicara la primera edición con más de 80.000 palabras y unas 3.000 páginas en dos tomos. Es una labor para una sola persona de tal envergadura, tanto física como intelectual, que no se puede imaginar, pero es que además, su diccionario supera no sólo en extensión sino en calidad, y sobre todo en utilidad (no en vano se llama de uso, porque no sólo define sino que indica cómo se usan las palabras) al propio Diccionario de la Real Academia. Tal vez por eso NO LA ACEPTARON como académica cuando en 1972 se propuso su candidatura, que además fue la de la primera mujer. Falleció en 1981 y en 1998 se publicó una segunda edición corregida que todavía es motivo de querella por derechos de autor y que uno de sus hijos considera un libro "apócrifo".

Los tiempos han corrido tanto que no sólo ahora se incluyen por primera vez términos como "blog", "chat", "internet" o "sms", es que en aquella primera edición que tengo en mi estantería no existe entrada alguna para "informática", y "ordenador" es el "aficionado a poner las cosas en orden" o el que "ordena los pagos de Hacienda". Maravilloso, ¿no?


Desde el punto de vista tipográfico tenemos que aventurarnos porque la Editorial Gredos no sólo es incapaz de mantener el nivel del diccionario en esta tercera edición, y no les culpo porque desaparecida su autora es imposible hacerlo por mucho equipo de expertos que hayan trabajado en él, sino que a su personal tampoco les alcanza la educación para contestar nuestros correos solicitándoles los datos técnicos de su primera impresión. Y como es mucho aventurarse entre los incontables tipos de letra que ahora existen aceptamos críticas y correcciones a nuestra valoración: se compuso en un tipo de letra Cheltenham (o algo muy parecido) del cuerpo 7, interlineado a 7 puntos, en dos columnas de 15 cíceros con 3 puntos cada una separadas por un medianil de un cícero; las entradas para cada una de las voces son de un cuerpo 9,5 en negrita.

Y ahora ya estamos en él, por eso hablamos del Diccionario de María Moliner, porque somos una palabra más entre sus 94.000 actuales y porque, en definitiva, la mayor parte de nuestros diseños son soportes para palabras, las que se dedicó a recopilar en pequeñas fichas una mujer. Una a una hasta tenerlas todas.