lunes, 25 de febrero de 2008

Diseñario (VI)

Nueva entrega del Diseñario elaborado por el comité de expertos en exclusiva para encajabaja, obra irreverente, colectiva y abierta a la participación de cuantos quieran aportar ideas a través de comentarios o de nuestro correo electrónico.




Cintillo. Es el elemento que unifica un tema cuando su desarrollo exige más de una página. Se trata de un enunciado breve que enmarca la información del resto de las piezas de la página. Es decir, es un elemento que contribuye a la unidad de la información. Su función informativa es la de situar el contexto de la información al lector a través de varias páginas durante la sección. Y ya está, no tiene otra función. Al igual que un antetítulo no es una data, un cintillo no es un antetítulo, por mucho que algunos esforzados redactores se empeñen. Tiene la peculiaridad de que si no se ha colocado al comienzo, por olvido, y se necesita incorporar cuando el resto de los elementos ya están editados, el fastidio es total porque el cintillo se sitúa en la parte superior de la página, justo debajo del folio, y es necesario bajar todos los elementos ya colocados ("ponme un cintillo que se nos ha olvidado", suele ser, pues, una operación... delicada).

Color. Es un invento de la naturaleza en complicidad con nuestra mente para hacernos creer que el mundo en el que vivimos es más bonito de lo que en realidad es. Al parecer, a los perros no les hacen falta estos efectos especiales para ser felices. De la misma manera, es un invento de las artes gráficas, no tan reciente como se cree (el ABC imprimió páginas en color en 1930. "Sin embargo, Abc no es el primer periódico diario español en color. El Imparcial de finales de 1893 en su suplemento literario Los Lunes de El Imparcial, es la primera muestra de lo que se puede considerar color en los rotativos españoles. Pero esta experiencia asilada, al igual que la que ofreció La Correspondencia en 1894, no puede ocultar el esfuerzo de un diario como ABC que, en 1930, consigue reproducir en sus páginas la sensación de color total. Torcuato Luca de Tena había muerto un año antes y no pudo ver realizadas sus pretensiones", como nos enseña el maestro de periodistas Pedro Pérez Cuadrado en su serie de artículos sobre el ABC publicados en Visualmente) y es un invento de las artes gráficas, decíamos, para que también parezcan más bonitos los periódicos.
Podríamos hablar aquí del fenómeno físico del color; de colores primarios y secundarios; de la diferencia entre el sistema sustractivo del color (CMYK) que emplean las rotativas frente al aditivo (RGB) de las pantallas; de las teorías sobre colores cálidos o fríos y sus efectos psicológicos; de las llamadas y los puntos de interés que destacan en las páginas; de paletas de colores y la rueda cromática y espectros; del color de tus ojos, distinto de noche de cuando reflejan la luz del sol, y hasta de los colores del arco iris. Podríamos hablar de todo esto, decíamos, pero no queremos. Nos limitaremos a reseñar que el color ha cumplido desde hace unos 20 años una función muy importante en las redacciones de los periódicos: servir como tema central de discusión sobre si la prensa debía imprimirse en el clásico blanco y negro o pasarse al color. Los defensores del blanco y negro, y todavía queda algún nostálgico, esgrimían y esgrimen como argumentos a su favor la seriedad de los grises, su elegancia, el clasicismo, y vaguedades de este estilo, frente a los entusiastas defensores del impacto, la fuerza, el dinamismo, el artistismo y lo modernitos que somos vestidos de colores.
Al final se ha impuesto el color, evidentemente, por la sencilla razón de que el periodismo quiere contar y reflejar la realidad, y la realidad es en color. Las exigencias de los anunciantes para que se imprimiese su publicidad en color, pagando bastante más por ella, también ha sido de gran ayuda para este maravilloso efecto óptico que enriquece tanto a la prensa como al mundo en general de los seres humanos, en comparación, por ejemplo, con el de los perros.

Columna. Es la forma que adopta el texto sobre el papel en todos los impresos. Incluso en los que parece que no es así se están utilizando una o varias columnas, modificadas de la manera más extravagante que se pueda imaginar, pero columnas serán. A pesar de aspiraciones más o menos artísticas para diseñar un periódico sin columnas todavía no se ha logrado, y nuestros diarios tienen, por lo general, cuatro columnas (el ABC anterior a los últimos cambios y recambios ya que ahora comprime cinco columnas en un espacio en el que realmente no caben); cinco columnas (El País, El Mundo, La Vanguardia... la inmensa mayoría de los diarios en formato tabloide); o incluso seis columnas (como está maquetado El Público no sabemos muy bien por qué, si por diferenciarse o para que se lean más rápido esas columnitas tan estrechas, un poco como le sucede a ABC). Los periódicos en formato sábana, principalmente en la prensa anglosajona, al ser más grandes tienen entre seis y ocho columnas.
El tamaño de la columna influye directamente en la velocidad de lectura de la misma, o en el efecto psicológico de creer que se está leyendo más deprisa o más despacio. Según esta teoría que cualquiera puede llevar a la práctica, las columnas anchas conllevan una lectura reposada y por eso se emplean en la literatura y en la mayor parte de los libros, mientras que columnas estrechas implican una lectura rápida, de ahí su utilización en periódicos y revistas para conseguir la velocidad que se le supone al lenguaje periodístico. Incluso dentro del periódico suele ser frecuente utilizar columnas más anchas (que se denominan falsas por ser distintas a las de la rejilla base) en los artículos de opinión, cuya lectura se supone más reflexiva.
Parece evidente suponer que su nombre viene de su similitud con la columna arquitectónica porque no nos atreveríamos a pensar que fuera al contrario, que se hubiera maquetado el Partenón a ocho columnas, a dos las Columnas de Hércules, o a una la de Trajano. Columna también es el nombre que se da a un artículo periodístico de opinión, normalmente de periodicidad fija y longitud pequeña o mediana (inferior a media página), y columnista es quien la escribe, no quien las edifica. Hay quien confunde columna con pedestal, tal vez porque es otro término arquitectónico, y desde allí subido las escribe, pero suelen ser las menos interesantes.

Comunicación. Principio y fin. Disciplina de la ciencias humanas y sociales. Acto humano intencionado para intercambiar información. Palabra muy del gusto de gurús, asesores y consultores. Asignatura universitaria inventada en base al sencillo esquema de emisor, mensaje, canal, código, receptor. Esta sencilla fórmula, créanme, puede llegar a complicarse, retorcerse y llenarse de paja hasta convertirse incluso en voluminosos textos de indigestas páginas, sobre todo si están firmadas por el insigne Manuel Martín Serrano ("La producción social de comunicación", 1986, por ejemplo), catedrático de la Complutense que llega a lamentar en la introducción de uno de sus infames ladrillos el que no haya "espacios intelectuales vírgenes para los investigadores" del siglo XX (que estén ya todas las materias inventadas, en román paladino vamos) motivo por el cual, ni corto ni perezoso, se inventa toda una disciplina de "pe" a "pa" con el susodicho esquema como único cuerpo doctrinal al que se ve obligado a complicar hasta extremos obsesivos, si no peligrosos. Y es que no hace falta, de verdad, todo el mundo sabe de manera intuitiva lo que es comunicación sin necesidad de tener que definirla (la definición creo que era todo un trimestre de la asignatura); pero en caso de estar muy necesitados nosotros proponemos que comunicación es la ciencia y el efecto de comunicar o comunicarse, hacer saber a alguien cierta cosa, de manera recíproca cuando hablamos de comunicarse. Y es que María Moliner no necesitó inventar disciplina alguna para tener altura intelectual, algo que por otra parte tampoco buscó. Se trata de saber cómo se llaman las cosas, y llamar a las cosas por su nombre.

Confeccionador. Sinónimo de maquetador (véase, por tanto, maquetador). En España es un término en desuso en cuanto a las artes gráficas y a la prensa se refiere, y más parece un vocablo relacionado con el ramo textil. No se utiliza en ningún periódico, al menos de los que nosotros conocemos, pero siempre puede haber alguna publicación que se haya quedado aislada en lo alto de un monte desde hace décadas que aún lo mantenga. En el nuestro hay algún redactor jefe que nos ha llamado así, "¿hay algún confeccionador libre?" e incluso le hemos oído "necesito un diagramador" (otro sinónimo de maquetador en desuso), pero hay que conocer al periodista en cuestión para entenderlo.
En Latinoamérica, al contrario, siguen manteniendo esta denominación de confeccionador. Aquí somos maquetadores, pero si confeccionar es hacer, entonces no cabe duda de que confeccionadores somos, porque lo que no admite dudas es que las páginas las hacemos nosotros. En definitiva, que un maquetador hace las maquetas de las páginas (pinta las páginas, se dice), y un confeccionador no hace confecciones, hace maquetas también.

Entregas anteriores del Diseñario:
Diseñario (I): aire-anuncio.
Diseñario (II): apoyo-artistas.
Diseñario (III): bandera-blancos.
Diseñario (IV): blog-caja.
Diseñario (V): cajista-cícero.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola, en Argentina se nos llama diagramadores, aunque en la voz de los periodistas suena mucho más despectivo...

EXCELENTE blog

P.

Anónimo dijo...

hola, en Argentina se nos llama diagramadores, aunque en la voz de los periodistas suena mucho más despectivo...

EXCELENTE blog

P.