jueves, 17 de julio de 2008

W. Eugene Smith contra la maquetación

Alguna vez algún fotógrafo nos ha felicitado por la puesta en página de alguna de sus fotos. Nos ha sucedido, sí. Alguna vez. El resto de las ocasiones, la inmensa mayoría, hemos sufrido exactamente lo contrario, culpables sin posible expiación de haber echado a perder su trabajo, de no haber dado la foto lo suficientemente grande, de no haber incluido el número de imágenes necesarias, de elegir mal dejándonos fuera "la buena"... de tantas cosas más que ellos imaginaron de una manera distinta a como nosotros materializamos. Claro que supondría un milagro del azar que dos personas dispusieran exactamente igual un determinado número de fotos sobre un determinado número de páginas, en un determinado y preciso orden, con el mismo tamaño. Hagamos números si aún recordamos el cálculo de probabilidades. "Oye, esto yo lo habría hecho de otra manera". Sí, claro, incluso yo mismo, de haberlo hecho un día antes o un día después, posiblemente lo hubiera resuelto de otra forma.

Se me viene todo esto a la cabeza bajo la plaza de Colón, en pleno centro de Madrid, sobre cuya superficie estuvo montada no hace mucho una enorme carpa con pantallas gigantescas para ver allí los partidos de la selección española de fútbol en la Eurocopa mientras que aquí abajo PHotoEspaña 2008 nos ofrece una soberbia exposicion sobre el cada vez más grande W. Eugene Smith, el "fotógrafo de la verdad". El maestro del "fotoensayo", o más bien el autor de los que él mismo denominaba "ensayos fotográficos", imágenes y series de imágenes de enorme carga emotiva, a veces manipulando la realidad para conseguir una sensación de mayor realidad (de ahí lo de "Más real que la realidad" que la exposición lleva por título y motivo por el que sufrió algunas críticas), de un nivel técnico siempre en la más absoluta excelencia y, sobre todo, con una fuerza brutal. Imágenes que te gritan y ante las que camino sobrecogido.
Smith trabajó entre 1946 y 1954 para la revista Life, la más importante de la época (llegó a tener más de 20 millones de lectores y fue una de las cumbres del fotoperiodismo) que le consagró como un fotógrafo de fama y prestigio internacional, a pesar de sus continuas desavenencias con la redacción por la puesta en página de sus fotos. Allí publicó estos "ensayos fotográficos" que ahora están en la historia del periodismo y la fotografía. En Madrid se exponen los más importantes y emblemáticos, junto con las páginas de la revista y las pruebas y hojas de contactos del autor.

Country doctor (médico rural). En 1948 se decide desde la sede de Life en Nueva York hacer un reportaje sobre un médico rural norteamericano. Seleccionan al doctor Ernest Cerinai de la pequeña ciudad de Kremmling (Colorado) y el encargo recae en Eugene Smith. Tiene quince días para llevarlo a cabo, pero emplea el doble de tiempo disparando su cámara (el incumplimiento de los plazos será constante en él por su afán de perfeccionismo, de no tener nunca del todo lo que busca), entrega el material a la redacción y no participa en la elección de fotos ni en la maquetación, que le decepcionan. Ya destacan en este primer "fotoensayo" su enorme calidad y la emoción en las imágenes, y con él comienza su fama.



Spanish Village (El pueblo español). 1950. Es para muchos (entre los que me incluyo) su mejor trabajo. Excepcional. Brutal. El Gobierno norteamericano estudia un acuerdo con el gobierno español que supondrá la apertura internacional del régimen de Franco. En ese contexto, Eugene Smith obtiene un permiso para entrar en España con el fin de hacer un reportaje fotográfico sobre un pueblo español que represente al país. El propio Smith cuenta que recorrió 10.000 kilómetros en coche hasta llegar a Deleitosa, en Cáceres, y allí disparó su cámara más de 1.000 veces. No es el pueblo más pobre ni el más avanzado de cuantos encuentra, reconoce, pero las imágenes de un impacto brutal y una calidad asombrosa muestran ojos llenos de miedo, odio y hambre. Lugares miserables sin agua, electricidad, condiciones sanitarias ni de ningún tipo, calles de tierra y pies descalzos de niños... y de mayores.


A pesar del salvoconducto, empieza a sufrir un acoso velado de las autoridades y Smith teme que no pueda sacar el material. Se va de nuestro país antes de lo previsto y sin avisar, con la sensación del trabajo no terminado. El reportaje no se publica hasta después de que el Congreso de los Estados Unidos aprueba el convenio con España. Eugene Smith lo considera, pues, un fracaso. La maquetación, pies de foto, elección y secuencia de las imágenes, así como el texto del reportaje le parecen fallidas y lamenta que desde la redacción de Life no le hayan dejado participar en todo el proceso. Las páginas de la revista están en la exposición y a pesar del rechazo de Smith la edición fotográfica es soberbia, lo que contribuye a que su mito siga creciendo.



Nurse Midwife (La comadrona). 1951. Regresa de España y él mismo propone un reportaje sobre las comadronas. Elige a Maude Callen, maestra y enfermera negra que trabaja en muy duras condiciones para el departamento de salud pública principalmente con gente de su raza en Carolina del Sur. Aun así, el humilde automóvil en el que se desplaza la comadrona vale más dinero que todo el pueblo de Deleitosa junto, y estas miradas transmiten esperanza. Una vez más, las fotografías son hermosas, llenas de humanidad, de vida, de pasión... En esta ocasión Smith sí está satisfecho con el resultado porque una vez publicado el reportaje, los lectores de la revista comienzan a enviar dinero de forma espontánea de manera que se construye una clínica con el nombre de Maude entre las chabolas, que el fotógrafo documenta en otro reportaje de 1953. Por una vez, sus imágenes sirven para cambiar el mundo.



A Man of Mercy (Un hombre piadoso). 1954. En 1952 se concedió el Premio Nobel de la Paz al médico, teólogo y músico Albert Shweitzer. El fotógrafo decide hacer un reportaje fotográfico sobre la misión que este alemán tiene en Lambarene (Africa ecuatorial) y se desplaza hasta allí con veinte bolsas de material fotográfico. Las cosas no van del todo bien y no existe conexión entre ambos. Está a punto de renunciar a los pocos días, pero al final concluye el reportaje sobre el hospital, la aldea, y el hombre que lo lleva adelante. A su regreso a Nueva York y tras un laboriosísimo trabajo de revelado hasta conseguir lo que quiere de cada imagen (no había photoshop) la revista no acepta una vez más sus sugerencias sobre el diseño y la puesta en página de sus fotografías, lo que supone la ruputra definitiva.



Pittsburg. Cuando Eugene Smith abandona la revista Life tenía 36 años, estaba considerado uno de los mejores fotógrafos del mundo, y empezó a trabajar para la agencia Magnum. Le proponen un reportaje sobre la ciudad de Pittsburg y entonces ve la oportunidad para llevar adelante su auténtica obsesión: crear un photo-essay total, en el que nada escape de su control. Él maquetará ahora las páginas con sus fotos, él decidirá qué fotos, qué tamaños, en qué orden, él escribirá los pies de foto, él escribirá todos los textos, él investigará el tema, él decidirá el formato y el papel. La empresa que se propone es de tal calibre que después de ¡cuatro años! fotografiando sin respiro la ciudad y diseñando páginas, su perfeccionismo y su obsesión por no dejar nada fuera le llevan a una depresión aguda y al fracaso, porque el libro no llega a publicarse. Sólo parcialmente un tiempo después.



Las fotografías, no obstante, vuelven a ser de una perfección y una fuerza sublimes. Pocas veces se ha llegado a un grado tal de fuerza y poesía juntas en imágenes en blanco y negro como algunas de Pittsburg. Están expuestas en Madrid también las páginas diseñadas y dibujadas a mano por el propio Eugene Smith, y son tremendamente parecidas a las que hicieron con sus fotos en Life, las que tanto rechazó hasta la ruptura. Y sus páginas no son mejores, porque a pesar de lo que decía el maestro del ensayo fotográfico, el hombre que buscó la verdad y la realidad más allá de lo real, la puesta en página de sus fotos en la revista Life está a la altura y al servicio de las imágenes, de la información que quiere transmitir. La maquetación del reportaje sobre España, de 1951, no está superado por nada que se haga hoy. Es magistral. Y no fracasó, removieron conciencias entonces y ahora, no fueron un fracaso porque todavía ahora, o incluso ahora más que nunca, son historia del fotoperiodismo que crece con los años.



Páginas que el propio Eugene Smith maquetó a mano para su libro "Pittsburg", que no llegó a publicarse, expuestas ahora en Madrid


Id a verlo si podéis, si estáis en Madrid. Todo lo que os hemos contado y algunos reportajes más (uno de los últimos que realizó en Japón sobre vertidos contaminantes en Minamata, 1971-73 con una fotografía que ha llegado a ser denominada "la piedad del siglo XX" y que los familiares de quienes aparecen permiten que se exhiba pero no que se reproduzca en libros u otras publicaciones; o sus primeros trabajos en la Segunda Guerra Mundial, de donde volvió herido) están en la plaza de Colón hasta el próximo 27 de julio, y forman parte de PhotoEspaña 2008. Las imágenes pertenecen al catálogo de la exposición, una edición de La Fábrica con una calidad (y un precio, eso sí, 55 euracos del ala... que merecen la pena si uno puede gastarlos) a la altura de tan altas imágenes, con análisis, reproducciones de las páginas de Life y textos del propio W. Eugene Smith.

3 comentarios:

Day Trip dijo...

Lo diré en castellano: con post como el de hoy dan ganas de escaparse a Madrid, soportar la calorina y disfrutar con una exposición como la comentada. Sin saberlo ya había visto el trabajo de W. Eugene Smith: una de sus fotografías de la serie de España es la portada de Historia de una maestra, libro de Josefina Aldecoa que es imprescindible y muy recomendable en este momento del año. Os dejo una dirección para que lo comprobéis: http://www.alfaguara.santillana.es/libro/historia-de-una-maestra/1068/

Nico Sangrador dijo...

Me viene de bien este post... justo este fin de semana paso por Madrid a hacer una visitilla a la family. Me pasaré por la exposición seguro.

Anónimo dijo...

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