jueves, 3 de diciembre de 2009

La Voz de Trébago (o Trévago, a elegir)








Puede que sea el momento de volver a Trébago, en el Norte de Soria, ahora que el otoño casi termina en los calendarios y empieza un poco a serlo en los bosques del Moncayo. Caminar por sus calles empedradas; subir junto a Esteban al torreón de origen árabe si puedes seguir sus zancadas enérgicas de 80 años por una escalera de vértigo, y luego de comer setas, asado de cabrito y algún postre poderoso de orígenes monacales, acabar el día frente a una puesta de sol detrás de los aerogeneradores de la Sierra del Madero hojeando despacio "La Voz de Trébago", el periódico del pueblo que publican sus vecinos dos veces cada año.



Un periódico modesto en el que no podemos hablar de diseño, bueno o malo, porque sencillamente no lo hay. Lo que encontramos en sus páginas de buen papel son las fotografías con la historia del municipio, imágenes antiguas del campo, junto a las fotografías que hacen ahora en su concurso fotográfico anual, que lleva ya quince ediciones. Historias sobre la gente que vive allí, pocos, no llegan al centenar; menciones en libros y prensa antigua al nombre de Trébago, o Trévago, que de las dos maneras lo llaman como atestiguan además las señales de tráfico a la salida y a la entrada del pueblo, una con "b" y la otra con "v"; noticias, propuestas, nacimientos, muertes... Cosas, como llaman a sus últimas páginas donde mezclan un poco de todo, textos e imágenes.




Es asombroso todo lo que hacen, todo lo que consiguen con empeño. No me extrañaría nada que a pesar de ser un pueblo pequeño, con muy pocos habitantes, no les faltara incluso su propio gurú, el señor Paco, o un tal Juan, pongamos por caso, hombre serio como presumen todos sus colegas proféticos de serlo. O más que serio impostado. Sin ocupación definida desde que podemos hacer memoria y cuyas predicciones sobre la lluvia, de vez en cuando acertadas y otras veces no, habrían perdido valor cuando la agricultura dejó de ser la principal actividad económica. Tal vez porque no le quisieron dar la página de los horóscopos o porque se rieron cuando les habló, muy serio, de un rediseño, el desaire le llevaría ahora a despotricar clamando en las esquinas empedradas la muerte de "La Voz de Trébago" en papel. "¡Arrepentíos!", les gritaría si existiera este supuesto señor, claro, "y haced el periódico en Internet, con una campaña viral de máxima usabilidad".

Les daría igual. Además de que todos los números con todos sus contenidos, imágenes y textos, están ya en internet, ellos utilizan a diario la red para gestionar el negocio de sus casas rurales, o estar al día en lo que se refiere a su parque de aerogeneradores, mientras que prefieren seguir publicando el periódico en papel. Larga vida a "La Voz de Trébago", pues; mucho más larga que este otoño que comenzaba al escribir el post y que parece haber terminado ahora que termino yo de escribirlo, en pleno y crudo invierno. Larga vida a "La Voz de Trébago". Y a sus gentes.