lunes, 31 de enero de 2011

Diseñario 2.0 (LI)

Parece que no todo está perdido y que este siglo XXI nuestro que tan mal comenzó, y que tan precario caminar lleva en su primera década, empieza a levantar un poquito la cabeza para pedir algo de libertad, de dignidad. Y lo hace en países en los que hasta ahora no pensábamos que tal cosa pudiera suceder, por lo que resulta especialmente emocionante y esperanzador. Valores universales. El comité de expertos de encajabaja envía un abrazo solidario a toda la gente que en Egipto o en Túnez, y en cualquier lugar del mundo, está luchando ahora mismo por lo que merecen y les dedica esta entrega de su Diseñario, obra infinita e irreverente, colectiva y abierta sobre el diseño periodístico y la prensa en general.





Tirada. Son dos cosas (y ninguna relacionada con el juego de los dados, o con la manera que tienen algunos de disponer el material gráfico sobre una página) absolutamente relacionadas: es el acto de imprimir en las rotativas los ejemplares impresos de un periódico (llamado también "tiraje" o "tiro" en los textos más clásicos y en distintas zonas geográficas) y además es también el número de ejemplares que se imprimen.
Esta segunda acepción es la que más utilizamos y la primera que nos viene a la mente cuando se habla de tirada. Conviene tener presente que la tirada puede incluir según quién nos dé las cifras los ejemplares "inútiles" por estar mal impresos y que se desechan (por eso se habla de "tirada útil" cuando nos referimos sólo a los ejemplares válidos), además de los ejemplares que se regalan (o se intercambian) y los que se devuelven de los puntos de venta. Nuestra querida OJD se encarga de aclarar estos "curiosos" aspectos además de controlar la difusión, que se calcula multiplicando por tres el número de ejemplares vendidos y regalados, porque alguien, en algún lugar, supuso un buen día que tres personas leen de media cada periódico.

Tocho. En la vida hay cosas grandes y cosa pequeñas... Y no miréis para otro lado, porque todos sabéis a lo que nos estamos refiriendo. Y dentro de las cosas grandes, las hay grandes, muy grandes... y luego hay tochos. Que como la propia palabra indica son cosas grandes pero a lo vulgar, ordinarias, vastas pero a la vez bastas. Y como todo es trasladable al papel (afortunadamente, todavía) un tocho en prensa es el resultante de cuando una cosa larga se te empieza a escapar de las manos, y va cobrando vida y extensión hasta que ya no hay casi por dónde abarcarlo... Y lo miras y te da pereza, porque casi daría igual por dónde empezaras a consumirlo, porque seguro que te enganchas a él por cualquier lado... y al final no te enteras de nada, como corresponde a cualquier tocho que se precie.
Si nos ponemos técnicos y puristas, un tocho es justo lo contrario de cualquier labor de edición. Se supone que editamos las cosas para que se 'desatochen' si tal palabro existiera y significara la disolución del tocho. Generalmente, los maquetas recibimos la información así, en tochos, porque de todos es conocida la incapacidad manifiesta de los periodistas para sintetizar y resumir ideas... Y como tratantes de tochos, hemos desarrollado cierta capacidad de desentrañarlos, hasta el punto de conseguir sacar lo realmente importante de los tochos, hasta reducirlos a su esencia primigenia, que suele ceñirse a una escueta frase, la mayor parte de las veces. Pero si el cícero es la medida universal del diseño, parece que el tocho se ha estandarizado como medida universal del periodismo escrito previo paso por maquetación... Se entiende por tanto, ahora, que los redactores nos odien, murmuren a nuestras espaldas y recurran a eso ya tan manido de "la dictadura del maquetariado", ya que somos nosotros los desatochadores que los desatochan... siempre contra su voluntad, faltaría más.
Generalmente se nos viene un tocho encima cuando en un folio no se aprecia gris, sino negro, negrísimo (consultad las voces mancha y gris, si tenéis dudas)... Pero también se siente cercano cuando ves que viene ese redactor (jefe) y te comenta muy serio que este texto es que no tiene corte ninguno, porque es un texto buenísimo y elaboradísimo... La de veces que habremos querido explicarle a este tipo de pobreza espiritual que todo, absolutamente todo en la vida tiene corte y edición. Y que además, milagros del ser humano, las cosas editadas y cortadas suelen mejorar... Muchas veces nos hubiera gustado incluso hacerle tragar los cortes y descartes de don Miguel de Cervantes de su afamado Quijote, que también fue editado y recortado, creednos... Y aun así, le quedó tocho, el tocho por antonomasía, el tocho de tochos... ¡la madre de todos los tochos!
Pero no sólo los maquetas 'atochan' las cosas, viva Dios. La capacidad de generar tochos es consubstancial al ser humano, como la de generar paridas. Existe un tipo de maquetador, muy definido, que aunque no quiera, se convierte en el atochador de páginas. Coja lo que coja, le sale un tocho. Y no le hables de blancos, edición gráfica o de despiezar un poco es texto de setenta mil caractéres... porque él sólo sabe hacer tochos. Vive para eso. Sueñas con enormes páramos de tinta. Sus ojos sólo ven enormes bloques preñados de texto. Y no le sacarás de ahí, aunque bien asesorado, podría llegar a desarrollar una prometedora carrera como maquetador de páginas de anuncios por palabras o de parrillas de televisión...
Incluso esta voz que acabáis de leer vosotros cuatro, valientes que no os asustáis por unas cuantas líneas juntas, es un tocho. Y no porque no seamos capaces de concretar, que lo somos, por supuesto. Sino por puro homenaje formal al fenómeno tochil. Porque lo que no pretenderéis es que hablemos de los tochos y os lo resumamos en dos liniejas de nada ¿no?



Entregas anteriores del Diseñario 2.0:

Diseñario 2.0 (I): adelanto-alcance.
Diseñario 2.0 (II): apaisado-arte final.
Diseñario 2.0 (III): aspirina-autoedición.
Diseñario 2.0 (IV): background-billete.
Diseñario 2.0 (V): bobina-breves.
Diseñario 2.0 (VI): cabecear-camisa.
Diseñario 2.0 (VII): carácter-carpintero.
Diseñario 2.0 (VIII): catálogo-chillón.
Diseñario 2.0 (IX): chiste-cierre.
Diseñario 2.0 (X): clavo-colchón.
Diseñario 2.0 (XI): columpiarse-comerse.
Diseñario 2.0 (XII): compacto-corresponsal.
Diseñario 2.0 (XIII): corte-crítica.
Diseñario 2.0 (XIV): crisis-crónica.
Diseñario 2.0 (XV): cuadratín-deformar.
Diseñario 2.0 (XVI): desguace-directo.
Diseñario 2.0 (XVII): director-documentación.
Diseñario 2.0 (XVIII): editorial-EGM.
Diseñario 2.0 (XIX): Elzevir-empacar.
Diseñario 2.0 (XX): empasillado-encuadrar.
Diseñario 2.0 (XXI): enfrentadas-entrevista.
Diseñario 2.0 (XXII): enviado especial-exclusiva.
Diseñario 2.0 (XXIII): exposición-faldón.
Diseñario 2.0 (XXIV): fe de errores-fino.
Diseñario 2.0 (XXV): flash-fondo.
Diseñario 2.0 (XXVI): fotero-fotón.
Diseñario 2.0 (XXVII): free-lance-freehand.
Diseñario 2.0 (XXVIII): galerada-grapa.
Diseñario 2.0 (XXIX): gritar-hemeroteca.
Diseñario 2.0 (XXX): hemorroide-hostias (darse de).
Diseñario 2.0 (XXXI): ilustrator-imposición.
Diseñario 2.0 (XXXII): invisibles-itálica.
Diseñario 2.0 (XXXIII): jefe-ladrillo.
Diseñario 2.0 (XXXIV): lead-localizador.
Diseñario 2.0 (XXXV): lomo-lorem ipsum.
Diseñario 2.0 (XXXVI): MacOs-mesa.
Diseñario 2.0 (XXXVII): modular-morder.
Diseñario 2.0 (XXXVIII): negativo-ñapa.
Diseñario 2.0 (XXXIX): Oblicua-off the record.
Diseñario 2.0 (XL): OJD-on line.
Diseñario 2.0 (XLI): palabrota-pelar.
Diseñario 2.0 (XLII): pieza-pisar.
Diseñario 2.0 (XLIII): planillo-plumilla.
Diseñario 2.0 (XLIV): portadilla-putada.
Diseñario 2.0 (XLV): rataplán-rediseño.
Diseñario 2.0 (XLVI): registro-retícula.
Diseñario 2.0 (XLVII): ríos-rutero.
Diseñario 2.0 (XLVIII): scoop-solemnidad.
Diseñario 2.0 (XLIX): staff-supervivencia.
Diseñario 2.0 (L): tejadillo-temazo.