martes, 10 de mayo de 2011

Cualquiera puede maquetar

La semana pasada el director de orquesta italiano Ricardo Muti fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias de las Artes en reconocimiento a su brillante trayectoria profesional. Hace cosa de un año, el gran Ramón Lobo nos lo descubría a muchos en su imprescindible blog. Y lo hacía mediante este divertidísimo video en el que Muti, asiduo a los premios, hacía un repaso sobre la naturaleza de su trabajo con motivo del premio al músico del año que le concedió America Musical. Son nueve minutos que se os pasarán volando... Una auténtica delicia, merece realmente la pena.


Divertidísimo Ricardo Muti. E inteligentísimo. Claro que el primer y mayor síntoma de inteligencia suele ser el sentido del humor. Y brillante explicación de cómo cualquier labor puede mecanizarse y privarla así de toda intención o emoción, o de cómo se puede abordar cualquier trabajo con la humildad del que sabe que nunca logrará aprehenderlo por completo, que siempre podemos aprender algo nuevo todos los días, que nos hará crecer como profesionales y a la vez , ver cada vez más lejos el objetivo que nos habíamos marcado.

Y salvando las distancias, pensaba en nuestro oficio cuando vi este vídeo por primera vez. Porque la maquetación se ajusta bastante bien a lo que nos cuenta Muti en el vídeo. Y no porque nos comparemos con directores de orquesta. No... Tenemos un concepto alto de nosotros mismos, pero no nos da para tanto. Pero sí que es cierto que hay dos formas de enfrentarse a una página por maquetar. Y como dice Muti en el vídeo "dirigir, marcar el tiempo es fácil. Cualquiera puede hacerlo. Pero hacer música..."

En nuestro caso, maquetar, disponer cajas de texto con un cierto orden e incluso un poco de buen gusto no es difícil. Afrontémoslo. Cualquier persona con un mínimo de formación puede hacerlo... y lo hará bien. Y eso es lo que suelen pensar muchas veces los que deciden sobre el personal y los recortes: maquetar, lo que se dice maquetar, puede maquetar cualquiera.

Pero cuando lo que se trata es de ordenar, jerarquizar, conferir a cada una de las páginas una identidad propia que se filtre al total del conjunto... cuando lo que ponemos en página responde a nuestra visión (sí, nuestra visión, que también cuenta) de la historia que un redactor quiere contar. Cuando valoramos y decidimos la mejor manera de poner en página la historia del redactor para que sea entendida por los lectores, sopesando la cantidad de información de la que disponemos, ya sea en imágenes, en infografías... Cuando descartamos posibles opciones de página y apostamos, A-POS-TA-MOS en beneficio de ese intangible prodigio que se llama ritmo. Cuando en definitiva, editamos, damos sentido a un todo y sus innumerables partes, cuando informamos y hacemos periodismo... maquetando... Eso es otra cosa.

Y esa es una labor que no se aprende en cuatro días... Ni en cuatro años. Y con tiempo, práctica y aprendiendo de los mejores nos iremos aproximando a esa figura que al final de sus días lamentará tener que dejar de hacer su trabajo, justo cuando empezaba a hacerlo bien. Porque no nos engañemos: maquetar, poner bloques de texto, es fácil. Cualquiera puede hacerlo. Pero informar...