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viernes 7 de marzo de 2008

Los '3 por 2'

Han pasado ya unos días desde los esperados debates entre Zapatero y Rajoy. Asesores, ayudantes, secretarias, miembros del partido, simpatizantes, familiares, amigos, todos ellos uniendo esfuerzos para ayudar a su líder en la tarea de derrotar dialécticamente al otro. Minutos contados, intervenciones por orden riguroso, ora uno el primero, ora el otro. Imagino a todos esos ayudantes devanándose los sesos para preparar el camino hacia La Moncloa.

Entremos en materia, lo que nos interesa en este blog: el diseño. La presentación de las propuestas de los candidatos ayudándose de los grafiquitos. En una era en que la tecnología está tan avanzada, ¿cómo es posible que sacaran esos gráficos? Parecían las ofertas del 3x2 del Carrefour. Bueno, a lo peor, eran eso. Pero esto no era lo peor. En el primer debate se les ocurre sacar sus diagramas, la mayoría, con un fondo blanco. Si alguien vio el debate sabe de qué estoy hablando. No se veía nada por culpa de los brillos que producen los focos.


Muy claro lo que pone.


Se entiende todo.


Bueno, pues en el segundo debate, no sólo no se corrigió sino que sacaron todavía más. Era desternillante seguir las explicaciones de Zapatero o Rajoy cuando hablaban de infraestructuras, economía y señalaban una hoja en blanco. A lo mejor, eran esos sus datos, hojas en blanco. Se podrían haber hecho sobre un fondo oscuro y todo resuelto.

Me resulta muy extraño que con toda esa gente pendientes de ellos nadie reparara en el primer debate y lo corrigiera en el segundo, pero bueno estos son los políticos que tenemos y así nos venden las cosas. Como las ofertas del Carrefour.

P.D.: En encajabaja no entendemos que en pleno Siglo XXI todavía se utilice la violencia para resolver las diferencias. Un fuerte abrazo para los familiares de Isaías

lunes 14 de enero de 2008

La tortura china

Ahora ya sé lo que es. Nos habían hablado de gotas de agua sobre la cabeza, de cosquillas en los pies durante horas, de refinadas y múltiples maneras de torturar con las que los chinos disfrutan mientras las aplican meticulosos, armados de paciencia milenaria y una sonrisa en los ojos. ¿O no es una sonrisa?

Claro que debería haber empezado saludando, porque la cortesía es imprescindible si de China se trata. Bien, ni hao, pues. En lo referente a su famosa tortura de las mil formas, hay que añadir que, además, adopta expresiones mucho menos refinadas, basta darse un paseo por el Chinatown de Madrid, que también existe. Está en los bajos de la plaza de España, en los túneles que llevan al aparcamiento subterráneo, diseminado en esos locales que se construyeron hace años y desde entonces han permanecido vacíos seguramente por el ambiente lúgubre y cutre del lugar hasta dar cobijo ahora a tiendas con todos sus carteles en el alfabeto chino de dibujitos; establecimientos donde venden comida china, pero china para chinos; bazares de ropa; puestos de libros y revistas, e incluso un bar en el que nosotros no sabríamos que pedir, en caso de que nos entendieran. Allí, entre sonidos extraterrestres y el eco lejano de un gong imaginado, encontré El Mandarín.


¿Bonito, eh? Mi primera impresión fue la que sentimos cuando entramos al restaurante chino de nuestro barrio, a uno de ellos quiero decir, y nos extasiamos con su decoración. Y tuve la misma duda inquietante, a saber, ¿son los chinos así de paletos, o son así de paletos porque suponen que eso es lo que nos gusta a nosotros? Es difícil saberlo, porque la comunicación con los chinos es imposible, incluso cuando dicen sí, que te han entendido, te queda siempre la sensación de haber chocado con una barrera transparente e impermeable. A favor de que piensen que los horteras somos nosotros está el hecho de que sus restaurantes y tiendas, los destinados a ellos mismos, no son así en absoluto, son austeros casi en exceso. Por no hablar del refinado arte de la caligrafía, la tinta sobre la seda, la poesía... ¡Qué pensarán de nosotros!

La segunda duda que me asaltó con aquel ¿periódico? en las manos fue, ¿pero cómo es posible que con tantos millones de chinos como nos dicen que hay no haya llegado hasta nuestra ciudad ninguno que diseñe un poco, sólo un poquito, mejor? Claro que esto muy bien puede haberlo perpetrado algún chapuza nacional, que también son muchos. En el staff nadie se atrave a figurar como diseñador; Cristina Chang (suena un poco a coña, ¿no?) es la directora y lo edita una rimbombante Asociación para el Fomento de la Colaboración Económica y Tecnológica entre España y China.


¡Menudo festival de sombras y color! ¡MENUDA TORTURA! ¿Pero quién le habrá enseñado a este osado imprudente lo de la sombra? ¡Que le ha puesto sombras a todos los títulos! ¡En letra hueca! ¡Cada una con un tipo diferente, con un color distinto! Por no hablar de una raya que sale como desde el interior de un apoyo hasta la mitad de la noticia contigua... No puedo seguir. No puedo hacer un análisis riguroso porque parecería que esta gente de El Mandarín me hubiera hecho algo malo y me estoy vengando. Y no, ni los conozco vaya. Lo peor de todo (yo creo que no han reparado en esto) es que el engendro lo hacen una vez, pero lo reproducen miles de veces y lo reparten por todo Madrid.


Tengo la impresión, no, tengo la firme convicción de que detrás de este esperpento con pretensiones de periódico, de esta auténtica castaña envuelta en papel prensa, no está una cultura distinta que no podemos entender, sino la incompetencia y la arrogancia de quien cree que nuestro oficio lo hace cualquiera. Que no son precisos conocimientos, ni formación académica, técnica o del tipo que sea, ni experiencia profesional. Hace falta tan sólo un programa informático y ya está, esto lo coge el cuñado de Fumanchú, que es muy apañado con su nuevo ordenador, y nos lo hace baratito. O no, lo que sería aún peor, de estafa para arriba. Una muestra más del desprecio y la falta de valoración que sufre el diseño periodístico. Que sufrimos.

Hay alguna página con un mérito añadido, las cosas como son. Porque resulta verdaderamente difícil llegar a extremos como el de tener que colocar tres fotos en una página y encontrar la combinación, una entre muchas, en la que todas esas fotos estén en el peor de los sitios posibles. Ni tirándolas desde lejos caerían tan mal.


Salgo del subterráneo con mi ejemplar chino bajo el brazo y subo hasta las aceras de la ciudad de los cielos rojos al atardecer. Me inclino con toda la ceremonia que una ocasión así merece, recomiendo lugares chinos mucho más interesantes que El Mandarín y me despido deseando salud, azar favorable y respeto para todos nuestros y vuestros antepasados. Zàijiàn.

martes 10 de julio de 2007

Inconcebible




Gracias a un buen ojo y a leer con mucha atención podemos encontrar fallos como éstos en periódicos de alta enjundia. ¿Ponemos la excusa de que es verano y en los medios abundan los becarios? La verdad es que se ven errores así durante todo el año. Con el dinero que hay en juego, y aunque todos somos humanos, parece mentira que con tanto control se pasen por alto estas cosas.

El primer ejemplo es curioso y nos lo proporciona AlBa. Se trata de un párrafo de la página 82 de El País de ayer (sección Economía). A la derecha se ve, claramente amarillento, cómo salió ese párrafo en papel, al menos en Madrid; a la izquierda, con fondo blanco, el mismo párrafo extraído del PDF de ese número obtenido a través del servicio de suscriptores de Elpais.com. El error es claro: se ha colado un estilo de firma dentro del texto principal. ¿A quién se le pasó el estilo o un corta-pega en mal momento? ¿Al redactor o al maquetador? En cualquier caso, aunque el fallo -muy evidente- pasó los controles, se agradece que en ediciones siguientes se subsanara y no se dejara sin resolver.

El segundo ejemplo, para mí es vergonzoso. ¿Qué el texto no cabe? Pues le damos un poco de track, jugamos con la escala horizontal o, como último recurso, bajamos un poco el cuerpo (prácticas habituales, más que nada la primera). Pero hay límites. En la respuesta recuadrada de esta entrevista-faldón publicada hoy también en El País, se observa que han aplicado tanto un estrechamiento como, sobre todo, una alteración de cuerpo, lo cual no sólo es aberrante visualmente sino dice muy poco de quien lo haya promovido. Y la respuesta anterior también se aprecia algo "modificada", aunque menos. Según el medio en cuestión, los redactores pueden "trackear" los textos hasta un cierto límite (informático incluso), pero sin saber quién es el responsable último, es censurable que cosas así pasen los filtros y que simplemente no se opte por lo lógico: sintetizar. ¿Acaso el que hizo esto no observaba que se ve francamente mal?

Seguiremos cazando gazapos.

jueves 21 de junio de 2007

La importancia de los correctores




Página de El País Semanal del pasado domingo 17. Puede parecer una chorrada, porque fallos de este tipo, como las erratas, ocurren a diario en los mejores medios, pero al nivel que hablamos, deberían perseguirse y no permitirse bajo ningún concepto.

Para el que no suela leerlo, el Ep[S] dispone en los textos de sus reportajes -a medida que avanza la lectura- algunas primeras líneas de los párrafos en negrita, como si fueran ladillos. Resaltan esa primera línea, pero no necesariamente tiene que haber un punto y seguido. En este ejemplo nos encontramos cómo la negrita no ha llegado hasta el final de la frase, con el consiguiente error.

Si un lector, aunque se dedique a este mundillo, lo ve, ¿por qué no lo ven el corrector, el maquetador, o el propio redactor?

Posiblemente la causa sea la siguiente: esa primera línea acababa con la palabra "proporción" partida, o sea, "propor-". Puede que posteriormente ese párrafo fuera modificado, seguramente recortando texto, con lo que la primera línea cambió, entrando completa "proporción". Pero como el estilo de negrita sólo estaba hasta "propor-"... el desastre apareció.

AlBa estuvo ojo avizor.