Mostrando entradas con la etiqueta Exposiciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Exposiciones. Mostrar todas las entradas

jueves 17 de julio de 2008

W. Eugene Smith contra la maquetación

Alguna vez algún fotógrafo nos ha felicitado por la puesta en página de alguna de sus fotos. Nos ha sucedido, sí. Alguna vez. El resto de las ocasiones, la inmensa mayoría, hemos sufrido exactamente lo contrario, culpables sin posible expiación de haber echado a perder su trabajo, de no haber dado la foto lo suficientemente grande, de no haber incluido el número de imágenes necesarias, de elegir mal dejándonos fuera "la buena"... de tantas cosas más que ellos imaginaron de una manera distinta a como nosotros materializamos. Claro que supondría un milagro del azar que dos personas dispusieran exactamente igual un determinado número de fotos sobre un determinado número de páginas, en un determinado y preciso orden, con el mismo tamaño. Hagamos números si aún recordamos el cálculo de probabilidades. "Oye, esto yo lo habría hecho de otra manera". Sí, claro, incluso yo mismo, de haberlo hecho un día antes o un día después, posiblemente lo hubiera resuelto de otra forma.

Se me viene todo esto a la cabeza bajo la plaza de Colón, en pleno centro de Madrid, sobre cuya superficie estuvo montada no hace mucho una enorme carpa con pantallas gigantescas para ver allí los partidos de la selección española de fútbol en la Eurocopa mientras que aquí abajo PHotoEspaña 2008 nos ofrece una soberbia exposicion sobre el cada vez más grande W. Eugene Smith, el "fotógrafo de la verdad". El maestro del "fotoensayo", o más bien el autor de los que él mismo denominaba "ensayos fotográficos", imágenes y series de imágenes de enorme carga emotiva, a veces manipulando la realidad para conseguir una sensación de mayor realidad (de ahí lo de "Más real que la realidad" que la exposición lleva por título y motivo por el que sufrió algunas críticas), de un nivel técnico siempre en la más absoluta excelencia y, sobre todo, con una fuerza brutal. Imágenes que te gritan y ante las que camino sobrecogido.
Smith trabajó entre 1946 y 1954 para la revista Life, la más importante de la época (llegó a tener más de 20 millones de lectores y fue una de las cumbres del fotoperiodismo) que le consagró como un fotógrafo de fama y prestigio internacional, a pesar de sus continuas desavenencias con la redacción por la puesta en página de sus fotos. Allí publicó estos "ensayos fotográficos" que ahora están en la historia del periodismo y la fotografía. En Madrid se exponen los más importantes y emblemáticos, junto con las páginas de la revista y las pruebas y hojas de contactos del autor.

Country doctor (médico rural). En 1948 se decide desde la sede de Life en Nueva York hacer un reportaje sobre un médico rural norteamericano. Seleccionan al doctor Ernest Cerinai de la pequeña ciudad de Kremmling (Colorado) y el encargo recae en Eugene Smith. Tiene quince días para llevarlo a cabo, pero emplea el doble de tiempo disparando su cámara (el incumplimiento de los plazos será constante en él por su afán de perfeccionismo, de no tener nunca del todo lo que busca), entrega el material a la redacción y no participa en la elección de fotos ni en la maquetación, que le decepcionan. Ya destacan en este primer "fotoensayo" su enorme calidad y la emoción en las imágenes, y con él comienza su fama.



Spanish Village (El pueblo español). 1950. Es para muchos (entre los que me incluyo) su mejor trabajo. Excepcional. Brutal. El Gobierno norteamericano estudia un acuerdo con el gobierno español que supondrá la apertura internacional del régimen de Franco. En ese contexto, Eugene Smith obtiene un permiso para entrar en España con el fin de hacer un reportaje fotográfico sobre un pueblo español que represente al país. El propio Smith cuenta que recorrió 10.000 kilómetros en coche hasta llegar a Deleitosa, en Cáceres, y allí disparó su cámara más de 1.000 veces. No es el pueblo más pobre ni el más avanzado de cuantos encuentra, reconoce, pero las imágenes de un impacto brutal y una calidad asombrosa muestran ojos llenos de miedo, odio y hambre. Lugares miserables sin agua, electricidad, condiciones sanitarias ni de ningún tipo, calles de tierra y pies descalzos de niños... y de mayores.


A pesar del salvoconducto, empieza a sufrir un acoso velado de las autoridades y Smith teme que no pueda sacar el material. Se va de nuestro país antes de lo previsto y sin avisar, con la sensación del trabajo no terminado. El reportaje no se publica hasta después de que el Congreso de los Estados Unidos aprueba el convenio con España. Eugene Smith lo considera, pues, un fracaso. La maquetación, pies de foto, elección y secuencia de las imágenes, así como el texto del reportaje le parecen fallidas y lamenta que desde la redacción de Life no le hayan dejado participar en todo el proceso. Las páginas de la revista están en la exposición y a pesar del rechazo de Smith la edición fotográfica es soberbia, lo que contribuye a que su mito siga creciendo.



Nurse Midwife (La comadrona). 1951. Regresa de España y él mismo propone un reportaje sobre las comadronas. Elige a Maude Callen, maestra y enfermera negra que trabaja en muy duras condiciones para el departamento de salud pública principalmente con gente de su raza en Carolina del Sur. Aun así, el humilde automóvil en el que se desplaza la comadrona vale más dinero que todo el pueblo de Deleitosa junto, y estas miradas transmiten esperanza. Una vez más, las fotografías son hermosas, llenas de humanidad, de vida, de pasión... En esta ocasión Smith sí está satisfecho con el resultado porque una vez publicado el reportaje, los lectores de la revista comienzan a enviar dinero de forma espontánea de manera que se construye una clínica con el nombre de Maude entre las chabolas, que el fotógrafo documenta en otro reportaje de 1953. Por una vez, sus imágenes sirven para cambiar el mundo.



A Man of Mercy (Un hombre piadoso). 1954. En 1952 se concedió el Premio Nobel de la Paz al médico, teólogo y músico Albert Shweitzer. El fotógrafo decide hacer un reportaje fotográfico sobre la misión que este alemán tiene en Lambarene (Africa ecuatorial) y se desplaza hasta allí con veinte bolsas de material fotográfico. Las cosas no van del todo bien y no existe conexión entre ambos. Está a punto de renunciar a los pocos días, pero al final concluye el reportaje sobre el hospital, la aldea, y el hombre que lo lleva adelante. A su regreso a Nueva York y tras un laboriosísimo trabajo de revelado hasta conseguir lo que quiere de cada imagen (no había photoshop) la revista no acepta una vez más sus sugerencias sobre el diseño y la puesta en página de sus fotografías, lo que supone la ruputra definitiva.



Pittsburg. Cuando Eugene Smith abandona la revista Life tenía 36 años, estaba considerado uno de los mejores fotógrafos del mundo, y empezó a trabajar para la agencia Magnum. Le proponen un reportaje sobre la ciudad de Pittsburg y entonces ve la oportunidad para llevar adelante su auténtica obsesión: crear un photo-essay total, en el que nada escape de su control. Él maquetará ahora las páginas con sus fotos, él decidirá qué fotos, qué tamaños, en qué orden, él escribirá los pies de foto, él escribirá todos los textos, él investigará el tema, él decidirá el formato y el papel. La empresa que se propone es de tal calibre que después de ¡cuatro años! fotografiando sin respiro la ciudad y diseñando páginas, su perfeccionismo y su obsesión por no dejar nada fuera le llevan a una depresión aguda y al fracaso, porque el libro no llega a publicarse. Sólo parcialmente un tiempo después.



Las fotografías, no obstante, vuelven a ser de una perfección y una fuerza sublimes. Pocas veces se ha llegado a un grado tal de fuerza y poesía juntas en imágenes en blanco y negro como algunas de Pittsburg. Están expuestas en Madrid también las páginas diseñadas y dibujadas a mano por el propio Eugene Smith, y son tremendamente parecidas a las que hicieron con sus fotos en Life, las que tanto rechazó hasta la ruptura. Y sus páginas no son mejores, porque a pesar de lo que decía el maestro del ensayo fotográfico, el hombre que buscó la verdad y la realidad más allá de lo real, la puesta en página de sus fotos en la revista Life está a la altura y al servicio de las imágenes, de la información que quiere transmitir. La maquetación del reportaje sobre España, de 1951, no está superado por nada que se haga hoy. Es magistral. Y no fracasó, removieron conciencias entonces y ahora, no fueron un fracaso porque todavía ahora, o incluso ahora más que nunca, son historia del fotoperiodismo que crece con los años.



Páginas que el propio Eugene Smith maquetó a mano para su libro "Pittsburg", que no llegó a publicarse, expuestas ahora en Madrid


Id a verlo si podéis, si estáis en Madrid. Todo lo que os hemos contado y algunos reportajes más (uno de los últimos que realizó en Japón sobre vertidos contaminantes en Minamata, 1971-73 con una fotografía que ha llegado a ser denominada "la piedad del siglo XX" y que los familiares de quienes aparecen permiten que se exhiba pero no que se reproduzca en libros u otras publicaciones; o sus primeros trabajos en la Segunda Guerra Mundial, de donde volvió herido) están en la plaza de Colón hasta el próximo 27 de julio, y forman parte de PhotoEspaña 2008. Las imágenes pertenecen al catálogo de la exposición, una edición de La Fábrica con una calidad (y un precio, eso sí, 55 euracos del ala... que merecen la pena si uno puede gastarlos) a la altura de tan altas imágenes, con análisis, reproducciones de las páginas de Life y textos del propio W. Eugene Smith.

miércoles 11 de junio de 2008

Mucha y los periódicos de Praga

Al igual que muchos otros artistas, Alfons Mucha (24 de julio de 1860 - 14 de julio de 1939) alcanzó la fama por casualidad. La ausencia del dibujante oficial de la academia en la que él trabajaba, le obligó a realizar un cartel para la más famosa actriz de la época, Sarah Bernhardt. La diva, lejos de rechazarlo, quedó encantado con el dibujo que le realizó para "Gismonda" y adoptó a Mucha como su dibujante oficial. A partir de ahí, multitud de carteles para las obras de Bernhardt, litografías, retratos, dibujos, etc. Y desde las calles de París, capital mundial del arte, a los museos de medio mundo.

Cartel de Gismonda que hizo famoso a Alfons Mucha.

Representante de uno de los movimientos artísticos de la época, el Art Noveau, Mucha tiene un pequeño museo en Praga, ciudad en la que residió durante mucho tiempo y que le tiene como uno de sus hijos más ilustres. Pequeño, pero completo, parte de las obras de ese humilde museo han viajado hasta Madrid para instalarse en el Caixa Fórum hasta el 31 de agosto. Bastante más completa que la colección checa, la muestra de Madrid está dividida en varias secciones que demuestran que mucha era mucho más que un cartelista con un estilo diferente. Era un diseñador gráfico completo.

Vidriera de Alfons Mucha en la Catedral de San Vito.

Durante su vida artística, Mucha trabajó, y así queda reflejado en las partes de la exposición, en distintas áreas del diseño: carteles de teatro, carteles para la Exposición Universal de París en 1900, decoración de platos para esa misma exposición, diseño de interiores, como la joyería de su amigo George Fouquet, con el que también diseñó joyas, y otro tipo de objetos como cajas de galletas, jabones (tuvo su propia línea de jabones), billetes o postales. Siempre con una clara inspiración, la mujer y su belleza turbadora. Como artista, también realizó multitud de pinturas, destacando su serie de la Épica Eslava, en las que la fotografía, como documentación, es clave.

Contraportada del New York Daily News con un retrato de Mucha y su firma.

Pero también realizó, y esto es una de las partes que más nos interesa, portadas para periódicos y revistas. En la muestra de Madrid no hay muchos ejemplos, pero sí podemos ver una portada para un número especial de la revista Au Quartier Latin (1898) o un suplemento que New York Daily News le dedicó, con una portada y contraportada del más puro estilo Mucha: colorido, líneas limpias, claras, fácil de leer y muy visual. Una pequeña joya. No en vano, el Museo de Brooklyn le dedicó, todavía en vida, una exposición.

LOS PERIÓDICOS EN PRAGA

Un kiosco en el metro de Praga.

Sin embargo, no podemos decir lo mismo de los periódicos modernos de la República Checa. En una reciente visita de encajabaja, pudimos observar varios de sus periódicos y, desde luego, la herencia de Mucha brilla por su ausencia. Algunos porque son un poco plúmbeos, otros porque han decidido no salirse del esquema y otros simplemente por aburridos, porque no ven más allá de los títulos a tres columnas y los textos breves o enormes, sin término medio.

Právo (razón, justicia, ley, en castellano), periódico checo. Debajo de la cabecera, a la izquierda se puede leer Sábado 28 y Domingo 29.

Todo muy cuadriculado, rectilíneo, donde nada se deja al azar. Quizá tenga algo que ver la herencia soviética, lo ignoro, pero el espíritu Mucha brilla por su ausencia. Una pena. Aunque siempre hay excepciones, que además las podemos encontrar nada más montarnos en el avión que nos trasladará a Praga. Hablo de The Prague Post, periódico editado en inglés y que parece algo más normal que el resto de sus compatriotas y que tiene un suplemento Night and Day digno de ver.

Night and Day, suplemento de The Prague Post.

Un ejemplar de The Prague Post, editado en inglés.

Con esto no quiero decir que los demás periódicos sean malos, sino que todavía les falta una "modernización" que ya ha llegado a otros aspectos del país, si por modernización se entiende mayor legilibilidad, algo de orden y un poco más de color. Aunque también tienen hojas sueltas, la mayoría de deportes (en algo se parecen a periódicos de otras latitudes europeas, como los ingleses). Todo esto no quiere decir ser más comerciales, que ya hay suficientes tiendas (casi hasta lo obsceno) en toda la ciudad.

Quién dijo "plumbeo". Por lo menos ponen ladillos.

Y un dato curioso y muy significativo del estado de la prensa en la república checa. No hay periódico los domingos, o por lo menos no lo hubo el fin de semana que pasé en la pequeña ciudad. El periódico del sábado hace de comodín para el día siguiente y viene acompañado de revista dedicadas al público femenino que, curiosamente son mucho más modernas que los periódicos que las incluyen. Otra paradoja más de la vida.

Una de las revistas que acompaña a los periódicos chechos.

viernes 6 de junio de 2008

Libros y fotografías

Estamos viviendo ahora mismo en Madrid entre libros y fotografías, aunque hay quien no se entera, porque esta misma semana ha dado comienzo la nueva edición de PHotoEspaña y porque todavía estamos a tiempo de pasarnos este fin de semana o el siguiente por la Feria del Libro en El Retiro. No resulta peligroso, incluso puede ser divertido.



Cartel de este año, 75 edición de la Feria del Libro


No vamos a contaros aquí el aburrido tema de las cifras, el número de casetas, el dinero que cuesta instalar cada una, o la cantidad global de euros que se espera que cambien de manos, el total de libros vendidos, expositores, librerías, editoriales, autores participantes, el número de gotas de lluvia caídas o qué escritor tiene la cola más larga y por tanto es elegido ganador de una competición inexistente. Y no lo vamos a hacer porque es el típico y aburrido artículo de becario de cultura que ya está escrito en todos los medios, todos los años igual. Y, además, nos da igual. No nos consigue alegrar ningún músculo porque lo que nos mola es pasear por allí, curiosear en casetas cuanto más extrañas mejor, nada de editoriales o grandes librerías donde todos tienen los mismos libros y al autor de moda, Zafón este año creo, presumiendo (y compitiendo con Follet) de fila y firma. O ver a la gente, porque en la Feria del Libro te puedes encontrar con cualquiera.


Todo tipo de gentes puedes encontrar


Y libros, claro. Este año, además de cómics y poemas de Boris Vian, hemos encontrado este maravilloso abecedario en la siempre fascinante caseta de la editoral infantil Kókinos:





PHotoEspaña 08

Y qué mejor para acompañar una buena sesión de libros, que una buena exposición fotográfica. Y de eso sabe mucho PHotoespaña que un año más nos trae una selección de los mejores fotógrafos del mundo. Todo concentrado en algo más de un mes de exposiciones, charlas, talleres y un largo etcétera.



Desde el 4 de junio y hasta el 27 de julio, cuenta con más de veinte sedes, amen de la propia calle (qué mejor soporte) donde contemplar obras de W. Eugene Smith (un clásico imprescindible), Bill Brandt, Paolo Ventura, Thomas Demand o Robert Smithson, entre otros. Y también podemos disfrutar de las fotografías de los finalistas del Concurso Descubrimiento PHE08, donde sacan a la luz nuevos talentos en el siempre complicado mundo de la fotografía.



Pero como no sólo de profesionales vive el hombre, también podemos hacer nuestros pinitos en el mundo de la imagen instantánea. Podemos participar, por ejemplo, en los encuentros PHE (del 5 al 7 de junio) o en La noche de la Fotografía (13 de junio) donde los amantes del nitrato de plata pueden rastrear el Barrio de las letras en busca de la mejor instantánea.


Mario F. Benito y Luis Blasco

jueves 28 de febrero de 2008

Un hombre leyendo el periódico

En medio de muchos que corren. Un hombre leyendo el periódico en el centro de la imagen rodeado de figuras desdibujadas por la prisa, todas movidas menos él porque tal vez la velocidad lenta del obturador ha buscado una metáfora visual de la deshumanización, la de muchos, casi todos a esa hora temprana que se divisa al fondo en un reloj de la estación de tren india de Mumbai, Bombay para nosotros.


Tenéis que confiar en lo que os cuento porque soy consciente de la nula calidad de la toma, la lente (no los tan socorridos megapíxeles) de la cámara de mi teléfono móvil no da para más. Auque podéis verla en la web de la Agencia Magnum. O acercaros hasta la Casa Asia en Madrid, un poco más arriba del Palacio de las Cortes, en la misma carrera de San Jerónimo, para disfrutar allí de las emocionantes imágenes de Raghu Rai, el más grande de los fotógrafos de prensa indios.
Y encontrar las manos de su hijo entrelazadas a las de su padre (el hijo y el padre de Rai); gente; las terribles fotografías suyas sobre la tragedia de Bhopal que dieron la vuelta al mundo viajando en periódicos; gente; reflejos; la madre Teresa e Indira Gandhi; gente y atmósferas; toda la India real y libre de tópicos en multitud de formatos, a veces con encuadres extremos en vertical o en horizontal que no hacen sino alimentar la fuerza de estos documentos gráficos, periodismo y arte, que abarcan todo lo que ha sido la India desde 1964 hasta 2007.

Raghu Rai nació en 1942 en una zona de la India que hoy la política y la intolerancia religiosa han decidido que se llame Pakistán. Ha trabajado en periódicos y revistas de su país, es el único fotógrafo indio que forma parte de la Agencia Magnum desde 1979, autor de una veintena de libros, ganador en tres ocasiones del World Press Photo, elegido en 1993 Fotógrafo del Año en Estados Unidos... en fin, pero lo mejor son las imágenes. No obstante, estos datos, bueno muchos más, junto con todas las fotografías expuestas en Madrid y Barcelona (porque la exposición se divide en sus trabajos en blanco y negro presentados en Madrid y su obra en color expuesta en Barcelona, aproximadamente unas cincuenta imágenes en cada sede) se pueden consultar y descargar desde la Casa Asia, que pone a disposición de todos, GRATUITAMENTE, así como la entrada a la exposición (hasta el día 27 de abril), GRATIS, igualito, igualito que hacen los organismos públicos culturales como ya os comentábamos que cobran por entrar, por toser, no, por toser te regañan, por sus postales y souvernirs, y no te cobran los folletitos y la información porque no te lo suelen proporcionar.



Camino sobrecogido entre las salas de la exposición, completamente solo, y asombrado descubro que las espectaculares reproducciones a gran formato están hechas con impresoras de chorro de tinta (¡Ay de la fotografía tradicional, que se nos van del todo las copias en papel fotográfico proyectando luz!) con una calidad, una profundidad en los negros, una gama de grises, unos blancos luminosos... y me detengo un instante ante una de las más hermosas y certeras metáforas sobre lo que significa hoy leer un periódico. Uno entre muchos, una persona con rostro, alguien que se detiene un momento entre la prisa de todos para leer. Gracias, Rai.

miércoles 13 de febrero de 2008

La masificación del arte

El caso es quejarme, pienso de mí. Porque cuando hace ya unos años visitaba cualquiera de las exposiciones de arte en mi ciudad, en Madrid, recorría solitario los pasillos y llegaba a casa lamentando el poco interés de mis semejantes por la cultura y ahora, sin embargo, aborrezco la masificación de estas muestras "fundamentales" que nos ofrecen cada muy poco, cada vez más poco, para que adoremos las obras de Velázquez, de Modigliani o de Picasso entre empujones, comentarios inteligentes, el calor de los abrigos y sin salirnos de la fila que las simpáticas cuidadoras nos obligan a seguir con sus amables gruñidos, especialmente atentas las que contrata el Reina Sofía. Todo un arte encontrar empleados tan poco interesados por el arte.




Esta es la manera de entrar a la exposición sobre Picasso que acaba de abrir el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía con el título "La colección del Museo Nacional Picasso París". Lo de siempre desde hace un tiempo, desde que el arte, no, más bien desde que ir a exposiciones de artistas famosos, se puso de moda. Tan de moda que el museo parisino ha decidido hacer obras y que nosotros se las paguemos, porque mientras cierra para ampliar salas y futura venta de entradas, su colección viajará por el mundo recaudando allí donde vaya: tres millones de euros, para empezar, aporta el Reina Sofía a las obras del museo de París, y para ello, conviene vender muchos tickets también aquí, conviene que apenas puedan verse los cuadros entre la turba que atesta sus salas, aunque de instituciones públicas dedicadas a la cultura estemos hablando. Curiosamente en Madrid, son estas instituciones públicas las únicas que cobran por acceder a la cultura mientras que la mayoría de las galerías de arte, fundaciones e instituciones culturales privadas (incluida la ejemplar "Casa Encendida") ofrecen el acceso de modo gratuito. ¿Caerá algún político en la cuenta y propondrá el gratis total a la cultura en esta campaña electoral que más parece una subasta de quién ofrece más?





Hasta el 5 de mayo podremos "disfrutar" de las obras que el propio Picasso conservó con él hasta su muerte y que la familia donó después al estado francés en 1979 como parte del pago de impuestos de sucesión (el dinero, de nuevo) para que abrieran en 1985 el Museo Picasso de París que ahora se renueva, renovamos. La exposición está dividida en cuatro espacios cronológicos repartidos entre el antiguio edificio del Reina Sofía y la ampliación que diseñó el arquitecto francés Jean Nouvel. La fuerza de las pinturas se diluye entre tantos visitantes apiñados pero hay dibujos asombrosos, un "Autorretrato" de 1901 colgado junto a "La Celestina" (1904), la curiosidad de ver las últimas obras que hizo antes de su muerte, o el "Retrato de Olga en un sillón" de 1917 que por un momento casi me hacen olvidar a estas molestas guardianas empeñadas en que nos apartemos de los lugares señalizados para ver los cuadros -hay una línea o un cordón pero insisten machaconamente en que nos retiremos una baldosa más ¡¡¡¿?!!!- o en que a nadie se le ocurra hacer una fotografía -¿por qué no toma nota el Reina Sofía de lo que hace el Moma de Nueva York y tantos otros grandes museos en este sentido?, seguro que siguen vendiendo postalitas, pósteres y libros a precios desorbitados a la salida aunque la gente haga fotos con sus camaritas digitales o los teléfonos móviles-.
Una maravilla y yo quejándome, como siempre. Claro que también nos podrán argumentar que es mejor que el arte llegue a cuantos más, mejor; y nada podremos objetar a eso, salvo que pongamos en duda si el arte está llegando a alguien de esta manera. Anímense, todavía cabe alguno más allí, apretándonos un poco más... por favor... quiero salir...

jueves 24 de enero de 2008

El mundo de Hergé en Madrid

Uno de los recuerdos más nítidos de mi infancia me sitúa en casa de mi tía Merche en Zaragoza. Tras abrir la puerta y los correspondientes abrazos, besuqueos y frases del estilo "cómo has crecido, qué alto estás", salgo disparado hacia el pasillo. A mitad de camino me paro en un armario y abro uno de sus cajones. Acto seguido saco uno de los tebeos de las aventuras de Tintín que mis primos Javi y Pedro guardan ahí. A partir de ahí mi memoria se diluye en las aventuras del periodista, sus inseparables compañero y su entrañable mascota Milú.

Algo parecido, elevado a la enésima potencia, le ocurrió a Jordi Tardá, aunque en diversas etapas de su vida y en grado superlativo en cada una de ellas. No en vano, y gracias a todo el material recopilado (impresionante) durante tantos años ha montado en la Fundación Carlos Amberes una magnífica exposición denominada "Tíntín en el mundo de Hergé".

Flyer de la exposición

Apasionado por el dibujante belga, no se declara coleccionista del mundo de Tintín, sino "Hergeólogo", o lo que es lo mismo, arqueólogo de Hergé. Y vaya si es un buen arqueólogo. Se ha trillado todas las tiendas de antigüedades de Bruselas, la ciudad que vio nacer a Georges Remí, verdadero nombre del creador de Tintín, todo con un único objetivo: conseguir todo el material posible relacionado con Hergé.

Pero volvamos a la exposición. La cantidad de material es tan grande que es difícil no salir de la misma con la sensación de que antes no habíamos visto nada más que una ínfima parte del universo hergeriano (¿se dirá así?), que el tebeo que leímos y releíamos no era más que la puerta de entrada a un mundo inabarcable. Ediciones de múltiples países, pruebas de imprenta, bocetos, fotolitos, ideas, trazos inacabados, periódicos de la época en los que trabajó, incluso objetos atípicos, como botellas de champán decoradas con viñetas de Tintín, cartas del propio Hergé o bustos del dibujante, son solo algunos de los ítems que podemos encontrar aquí. Y también material de Hergé en otras facetas de su vida o material de otras fuentes en las que se habla de él (periódicos, libros, etc). Toda una labor arqueológica.

Uno de los objetos de la exposición (perdón por la calidad, mi móvil no da para más)


Todo esto se completa con una variada y detallada exposición de todas los cómics con su cronología, tanto en España como en las ediciones originales, anécdotas, personajes principales, libros en los que se inspiró Remi, etc. Y, cómo no, una detallada evolución de la vida del propio Hergé, que marcó a fuego el desarrollo de ese gran personaje que fue Tintín y su inimitable flequillo. Un personaje pegado a la actualidad. Recordemos algunos de los temas con los que tiene que lidiar el joven periodista: la Guerra Fría, tráfico de armas, espionaje o temas paranormales.

Con tanto material, es difícil no caer rendido ante los trazos de Milú, Hernández y Fernández y el genial Archibald Haddock, entre otros personajes. Personajes que marcaron la infancia de muchos de nosotros.

Para los que fueron a ver la exposición de Tintín en París (entre los que me encuentro), simplemente decirles que vayan también a ver esta exposición. No tiene nada que ver. La cantidad de material y la variedad la hacen complementaria e imprescindible para los amantes del universo de Hergé.

Cabecera de la gaceta que dan en la exposición

Por último recordaros que la exposición estará hasta el día 3 de febrero en la Fundación Carlos Amberes de Madrid (Claudio Coello, 99). La entrada es gratuita, aunque si donas un euro te obsequian con una gaceta dedicada a la exposición en la que personajes de todos los ámbitos (Gallardón, Miguel Ángel Aguilar, Benoit Peeters, entre otros) se declaran fanáticos "tintinólogos".

Os dejo que tengo que pegarle un toque a mi tía Merche para ver si todavía tiene el armario en el pasillo.