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martes, 8 de octubre de 2013

Diseño para móviles y tabletas

Hay que reconocer que comprar un libro digital  —ebook, lo llaman— que no llega a 10 euros entre tres es un poco cutre (hacerlo ya entre cuatro como finalmente sucedió no tiene calificativo, o sí lo tiene pero no nos apetece ponérnoslo). Pero lo cierto es que así surgió el compromiso de hablar del libro que hoy os reseñamos... con la fortuna añadida de que gracias a eso hoy podemos escribir sobre un muy buen libro. Muy útil. Muy usable, que tal vez dirían ellos, sus autores. Aunque la cosa comenzó antes, cuando Álvaro Varona (@kremaster)  nos lo recomendó a todos los que asistimos a su conferencia sobre 'El reto del diseño multidispositivo' de hace unas semanas en la Universidad Rey Juan Carlos del Sur de Madrid (URJC).


'Diseñando apps para móviles' está escrito por Javier Cuello (@millonestarde) y José Vittone (@josevittone), dos diseñadores argentinos que se conocieron estudiando juntos un Máster en la Escuela Superior de Diseño e Ingeniería de Barcelona (Elisava), y en esta ciudad se quedaron y trabajan, diseñando aplicaciones para móviles y tabletas (para clientes como Yahoo! o Zara, nada más y nada menos, en el caso de Javier; o desde empresas como Usolab, en el caso de José). "En el libro contamos a lo largo de más de 10 capítulos", nos explican, "el proceso de diseño y desarrollo de una aplicación —para Android, iOS y Windows Phone— desde la idea inicial hasta la publicación en las tiendas".


Dicen que han escrito el libro que hubieran querido ellos tener cuando empezaron en esto del diseño de aplicaciones para móviles, y que no existía, especialmente en castellano. Y por eso esperan "que sea útil" para quienes están interesados en este tema. Y lo es. Ya lo decíamos nosotros también al comienzo del artículo: es un muy buen libro, muy útil, y NO porque detalle los programas informáticos que debemos conocer o los lenguajes de programación que se utilizan en las distintas plataformas de móviles: IOS de Apple, Android de Google y Windows Phone de Microsoft, que también lo es por eso. Pero no.

Es un muy buen libro, muy útil, porque más allá de las herramientas —que son importantes y que es necesario conocer y que por ello también aborda— habla de lo que realmente ES el diseño, del papel y el lápiz, de los conceptos, de por qué se hacen las cosas; de por qué se utiliza el espacio, el color, la tipografía, la animación... de una manera determinada y no de otra; de a quién va dirigido lo que hacemos y en función de ello se hace así, o al contrario; de la función —del uso en este caso— mucho más allá de lo bonitas o feas que nos puedan parecer subjetivamente las cosas (no os preocupéis tanto por eso, que feas no tenemos nunca intención de hacerlas, ¿no?).



Y por eso, por la enorme utilidad de este libro, o por lo útil que sus autores pretenden que sea, encontramos en él la presentación de una conferencia de Armando Fidalgo titulada 'Interfaces táctiles: el desafío de las tabletas' en la que según uno de sus autores "está todo" lo relativo al diseño en dispositivos táctiles.



Y como no podemos estar más de acuerdo con José Vittone la insertamos completa por su enorme interés:


Por si todo esto fuera poco, nos proponen muchos ejemplos de diseños tanto de aplicaciones para móviles y tabletas como de páginas web (no dejéis de visitar la web del estudio de diseño de Erik Spiekerman, Edenspiekermann,  que nos recomiendan, en la que conviene detenerse no sólo a disfrutar de su calidad visual sino de sus contenidos, especialmente su 'Manifesto'), y complementan el libro con entrevistas a destacados diseñadores de prestigio internacional como Irene Pereyra (Directora Global de UX —así llaman a la 'experiencia de usuario'— y Estrategia en Fi, visitad también el sitio, los clientes que tienen, y luego me contáis...), Dustin Barker (Director de Ingeniería Móvil en Simple, un servicio de banca electrónica en Estados Unidos); Dustin Mierau (Cofundador y Jefe de Diseño de Path, una red social enfocada exclusivamente a móviles y con el diseño como valor añadido, de mucha calidad, y en la que por cierto buscan diseñadores y desarrolladores); Loren Brichter (quien con menos de 30 años es un referente mundial en el diseño de apps —trabajó en Apple, en el software del primer iPhone, o en Tuiter—, creador de la app Letterpress desde su empresa Atebis); Erik Spiekermann (el ¿último? gran maestro de la tipografía, creador del tipo de letra Meta, un clásico ya, y que ahora desarrolla su trabajo, mucho más multidisplicinar, desde el mencionado estudio Edenspiekermann); Patryk Adamczyk (Jefe de Diseño de Firefox OS); e Ivo Weevers (Jefe de Diseño de Ubuntu, una distribución de Linux que también prepara su lanzamiento para los teléfonos móviles, atentos...).

Conclusión: comprad el libro. Parece evidente. Es muy útil, absolutamente usable. Pero un ejemplar cada uno, no seáis tan cutres como algunos...

lunes, 8 de abril de 2013

Una biblia de la Infografía... y los premios Malofiej 21

Infografías. Las vemos en el cartón de la leche, en el dial de la radio, en la parada del autobús, en los libros del examen de anatomía, en el extracto del banco, en el recibo de la luz, en la etiqueta de la camisa, en el menú del restaurante. En forma de barras, tartas, listados, dibujos, mapas, esquemas, organigramas. De mil y una maneras. Casi todas de ellas simples, esquemáticas, sencillas. Es decir, están presentes en toda nuestra vida. Y lo han estado desde hace muchísimos años. No en los cartones de leche, evidentemente, pero desde que el ser humano es ser humano y es capaz de plasmar ideas en cualquier soporte, ahí están: mapas antiquísimos, esquemas anatómicos medievales, dibujos prehistóricos, planetarios renacentistas, etcétera.

Information Graphics, editado por Taschen, es la biblia de esta disciplina.





Editado con mimo, mucho mimo, en sus más de 400 páginas recoge una selección (siempre discutible cuando no se recogen todos los trabajos) de lo mejor de la infografía de los últimos años en todo el mundo (varios españoles: Raúl Arias; Álvaro Valiño). Repertorio encabezado por  la editoria Sandra Rengen a la que acompañan Paolo Ciuccarelli, Richard Saul Wurman y Simon Rogers. Todos autores también de unos ensayos introductorios en los que muestra su punto de vista sobre la importancia de la infografía. Antes, ahora y siempre.






Porque, como ellos mismos dicen, este es un arte, el de la arquitectura de la información, que tiene que dominar todo diseñador gráfico. Porque vivimos en la era en la que más información recibimos, la "gran mayoría generada por los propios usuarios" (bendito internet). Y saber cocinar todos esos ingredientes, todos esos datos, y convertirlos en historias es de lo que se encargan los infógrafos, periodistas visuales que manejan la nueva herramienta de poder: el Big Data.







En el libro podemos ver ejemplos de que la infografía va más allá de la ciencia, de los atlas, de las barras. Que también. En el libro, librazo (en todos los sentidos, también por tamaño y peso), podemos ver que la infografía es mostrar el mundo psicodélico de Frank Zappa, la relación entre la cantidad de coches y las plazas de parking de una ciudad, una guía de qué tipografía utilizar en según que ocasiones, qué tipos de cerveza hay, cómo funciona una fábrica, la distribución de Nº1 de la Motown, cuánto vale cada parte de tu cuerpo (en libras), un mapa literario de Madrid hecho sólo con letras, o cómo es tu vida según hayas visto Dragones y Mazmorras a una edad temprana o no. Y así un larguísimo etcétera de más de 400 páginas. Cientos de ejemplos de los mejores informadores visuales con una breve explicación de cada uno de ellos. Ejemplos que "documentan la historia reciente" de qué es convertir lo complejo en simple y lo confuso en bello sin faltar a la verdad. Porque como dijo Albert Einstein: "Si no consigues explicarlo de manera sencilla es que no lo has entendido". Y aquí, en este libro, lo consiguen.


                                            

                                                  







Malofiej 21

Al hilo de este libro, seguro que muchos de los ganadores de la pasada edición de los premios Malofiej, cuyos nombres se dieron a conocer hace unas semanas, están presentes en sus páginas. O muchos de ellos lo tienen en las estanterías de sus estudios y/o redacciones.





National Geographic y el NYTimes.com se han llevado el premio Peter Sullivan en categoría impresa y digital, respectivamente. Y la versión impresa del The New York Times se ha llevado otra medalla de oro por este mapa.




Pero esos no han sido los únicos ganadores entre los más de 1.191 trabajos recibidos de 154 medios de 28 países distintos. El jurado, compuesto, entre otros por Jaime Sierra, Nicolas Felton (creador del famoso Annual Report), Amanda Hobbs o Fabricio Miranda, también ha concedido medallas de oro a El Correo, elmundo.es, In Graphics, South China Morning Post, Prensa Libre y Golden Section Graphics.

Entre el resto de galardones hay premios para La Vanguardia, El Diario de Pontevedra, Magazine de El Mundo, El Correo y El Mundo y elmundo.es, tanto en impreso como en online. Podéis ver la lista completa de galardonados aquí

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jueves, 21 de marzo de 2013

¡Cabreaos!

 


Llevamos meses, tantos que ya suman años, en este estado. Nos levantamos por la mañana y al escuchar las noticias, al leer las declaraciones en los periódicos, al ver cómo los recortes suman y siguen, cuando nos enteramos de un nuevo desahucio o de un rescate más. Llevamos mucho tiempo en este estado, inmune a los recortes, que lejos de ir a menos crece y crece. Estamos cabreaos. Muy cabreaos



Cabreaos porque los políticos nos torean, los mercados nos chulean, la justicia nos ignora y la crisis no nos da ni un minuto de respiro. Cabreaos porque mientras unos pocos van para delante otros muchos van para detrás; mientras unos pocos suman a otros muchos les restan; mientras unos cargamos con la culpa de algo que no hemos hecho otros salen inmaculados de pufos y más pufos. Cabreaos porque esto no puede seguir así. 



Y "¡Cabreaos!" es el título del nuevo libro de Malagón (del que ya os hemos hablado aquí en varias ocasiones). Estas brillantes 134 páginas son una recopilación humorística de los Bárcenas, Urdangarines, Bankias y demás que nos hacen la vida un poco más chunga. Una vuelta de tuerca a esos eslóganes vacíos que nos mandan los políticos; un paso más alla en la realidad de nuestro país; quitarle la máscara a los farsantes; una patada en los mismísimos, suave, pero directa a los que se ríen por encima de nuestras posibilidades. Un grito de papel que sigue al ¡Indignaos! de Hessel. Es una "antorcha de la sonrisa pensante", como dice Forges en el prólogo. Un juego de palabras que te hace pensar, golpes de pincel para despertar conciencias. Es un espejo de cómo nos estafa el sistema. 



Cabreaos es una dosis de humor para que no olvidemos que el cabreo puede ser el motor del cambio. Un cambio más necesario que nunca.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Hockney y el iPad

La primera vez que oí hablar de David Hockney, bueno la primera vez que me interesé realmente en él porque su nombre ya me 'sonaba' como 'pintor pop', fue hace unos diez años, con la publicación de su obra El conocimiento secreto, uno de los más apasionantes y controvertidos libros sobre arte, en el que argumenta nada más y nada menos que desde el siglo XV los grandes maestros de la pintura utilizaron diversas tecnologías (principalmente ópticas, como la cámara clara y la cámara oscura) para 'calcar' la realidad. Un libro maravilloso editado sin escatimar medios, ni precio, que merece un artículo por sí sólo... como mínimo, y que por supuesto haremos.


Ahora es una exposición, "Una visión más amplia", en la que se muestra la obra reciente de Hockney la que vuelve a reclamar mi atención. Porque resulta que Hockney, a sus más de 70 años, ha vuelto a su Inglaterra natal (tengo que confesar que no pocos habíamos supuesto que se trataba de un pintor norteamericano porque después de haber conseguido cierto renombre en Londres siendo ya estudiante, su reconocimiento internacional llegó cuando en los años 60 se instaló en Los Ángeles con sus cuadros 'pop' de brillantes colores saturados), y a su regresó a Inglaterra, decíamos, al condado de Yorkshire en 2006, se interesó por la naturaleza de su lugar de nacimiento como antes lo había hecho con los grandes espacios abiertos del oeste norteamericano. En especial, por los cambios que la naturaleza sufre con las estaciones, con la luz, que en esta comarca de la nubosa Inglaterra implica distintos paisajes en apenas horas, o incluso menos. Con una energía no ya impropia de un hombre de 70 años sino para cualquiera, empezó a pintar esa naturaleza utilizando todo tipo de técnicas: al óleo, con acuarelas, carboncillos, cuadernos de bocetos, fotografías (tomadas con nueve cámaras montadas en un vehículo porque así considera que logra una imagen más cercana a lo que vemos), vídeo, Photoshop en ordenador, iPhone, iPad... hasta lograr en unos cinco años, aproximadamente, lo que parece la obra de toda una vida. Unas doscientas obras, algunas de inmenso tamaño, que llenan toda la segunda planta del monumental Museo Guggenheim de Bilbao.



Sí, iPad. Y aunque a primera oída, que no vista, pueda parecernos una 'modernidad' vacía, apuntarse a lo más avanzado para llamar la atención o incluso un querer luchar en vano contra el paso del tiempo estando a la última porque sí, nada más lejos de la realidad tratándose de un absoluto maestro que, además, ha investigado durante toda su vida todas las tecnologías del arte pictórico, poniéndolas en práctica. Su mencionado libro El conocimiento secreto no es sino una investigación de la tecnología de la pintura desde el siglo XV, por no mencionar sus impresionantes collages del cañón del Colorado realizados con cientos de fotografías polaroid en la década de los 80 y que también pueden verse en esta exposición, o sus trabajos posteriores con el fax, o con sus sistema de nueve cámaras y después con Photoshop.


Collages fotográficos de The Grand Canyon (1982) y La Autopista de Pearblossom (1986)

En 2009 comenzó a dibujar con un iPhone y en 2010 con un iPad (afirma que fue uno de los primeros en comprarse uno). Utiliza la aplicación Brushes (5,99 euros), un sencillísimo y potente software de dibujo que permite controlar trazos, colores, transparencias, ampliaciones de hasta el 3200% para acceder hasta el más mínimo detalle e incluso cinco capas que se mezclan entre ellas a la manera de Photoshop. Una de tantas apps que a pesar de su simplicidad posibilita, sobre todo en manos de un absoluto maestro de la pintura y el dibujo como Hockney, un resultado asombroso. Cuesta trabajo creer que muchos de los innumerables ¿cuadros? colgados en la sala denominada La llegada de la primavera en Woldgate, East Yorkshire, en 2011 (dos mil once), unas 70 imágenes de un metro y medio de altura cada una colgadas en dos filas, estén realizadas con la famosa tableta de Apple, porque captan la luz, los colores, texturas y hasta la atmósfera cambiante como la mejor de las técnicas tradicionales. Es increíble. Como increíble le pareció a Hockney en 2011 la posibilidad de imprimir las imágenes del iPad a ese enorme tamaño sin que se 'pixelicen' lo más mínimo. "Entonces descubrí que podía llenar paredes y paredes con mis dibujos", reconoce. La sala está 'presidida', además, por la que posiblemente sea la obra más importante de todo este período del autor, un óleo en este caso, un inmenso óleo lleno de árboles, hojas de los árboles y colores de más de nueve metros de largo y 3,6 de altura, formado por 32 lienzos, y que es la imagen que da imagen a toda la exposición, portada del magnífico catálogo incluida.

The Arrival of Spring in Woldgate, East Yorkshire in 2011 (twenty eleven). Óleo sobre 32 lienzos
365,8 x 975 cm; (91,4 x 121,9 cm, cada uno); parte de una obra de 52 piezas


Dos de la serie de 70 dibujos realizados en iPad e impresos en papel a un tamaño de 144,1 x 108 cm, que forman parte de la serie de La llegada de la primavera en Woldgate, East Yorkshire, en 2011 (dos mil once)




Es la "inmediatez" la característica más poderosa del iPad, según Hockney. Puede tomar apuntes del natural a una velocidad asombrosa con sus dedos sobre una "libreta cuyas hojas no se acaban nunca". Un dibujo, otro, otro... según avanza en el asiento del copiloto del coche por el condado de Yorkshire. Envía muchos de esos dibujos espontáneos a sus amigos desde la propia tableta por email, pero la mayor parte de los bocetos se quedan almacenados en la memoria digital hasta que llega a su estudio donde sigue trabajando en ellos para darles el acabado final, en el que además de los dedos utiliza un puntero. Logra así 'atrapar' la luz cambiante, o casi.







En la muestra hay también varios iPads en los que se ve la 'película' de sus dibujos en la tableta. Porque Brushes tiene además esta posibilidad, la de crear un vídeo con todos los pasos del dibujo que hemos ido realizando. Los trazos, la vuelta atrás, el borrado, nuestros titubeos —y los del maestro Hockney, por supuesto—, los distintos caminos de nuestros dedos sobre la pantalla de cristal. Diría que es una aplicación tan fácil de usar (tan fácil y potente que me recuerda, salvando las distancias, a nuestro querido Quark) que incluso un niño aprende a manejarla de manera intuitiva él solo, pero creo que en esto los niños nos llevan ventaja, así que diremos que es tan fácil usarla que incluso un adulto aprende en muy poco tiempo a utilizarla. Luego el resultado... pues como siempre decimos, incluso en maquetación y diseño. Que una cosa es la herramienta, y otra nuestros conocimientos, nuestro talento, lo que queremos hacer... todo eso que ningún ordenador ni software puede emular porque es pura actividad humana.





Primer dibujo realizado por Javier en Brushes con  los menús principales que ofrece el programa (colores, pinceles, capas). Finalmente, vídeo que realiza el propio software con el 'historial' del dibujo (que es exactamente lo que se puede ver en la exposición de Hockney con su autorretrato y varios trabajos más).

La exposición "Una visión más amplia" puede verse en el Museo Guggenheim de Bilbao hasta el 30 de septiembre. Todavía tenéis tiempo para hacerlo si tenéis la suerte de estar por estas fechas en esta gran ciudad. Y si a alguno de estos 'afortunados' no les gusta la exposición de Hockney, que todo puede suceder, siempre le quedan las instalaciones de hierro oxidado de Richard Serra de la planta baja del museo, el propio museo en sí, o incluso una muestra, nada más y nada menos, que de toda la serie de los grabados de Goya (tecnología sobre el grabado y el aguafuerte incluida en la propia exposición, porque también el genial, y brutal, Francisco de Goya fue un avanzado y curioso explorador de todas las posibilidades gráficas del momento) en el Museo de Bellas Artes, 'Goya, estampas de invención', unas calles más arriba en este Bilbao antiguo y vanguardista, lleno de contrastes, de vida y de cultura.