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lunes 23 de junio de 2008

¡Pasamos!

Por fin, lo podemos decir, con la cabeza alta: Pasamos. Y con nota. Rompimos el maleficio de cuartos y ganamos a Italia 88 años después (se dice pronto). Ya estamos en las semifinales de la Eurocopa. Al comenzar el campeonato me imaginaba disfrutando de este momento con mis colegas y unas cuantas latas de cerveza, saltando, abrazándonos de la emoción y gritándole de todo a los "azzurris". Pero me tocó trabajar y, la verdad, no me arrepiento, al contrario.

He visto [casi] llorar a tíos que apenas esbozan una sonrisa, gritar a tíos mansos como bebés y emocionarse a tíos fríos como témpanos de hielo. Todo por un partido de fútbol. Nunca había visto nada igual. Cierto es que llevo poco tiempo viviendo acontecimientos decisivos (comparado con algunos de mis compañeros), pero lo vivido esta noche es inenarrable. Cada penalti transformado por España era un grito desgarrador y al unísono de toda la redacción, pero cada parada de Casillas era una catarsis absoluta, el júbilo desatado, la euforia sin contención. Una barbaridad.

Pero llega el momento de currar (y mucho) y hay que seleccionar las fotos, las maquetas y el mejor punto de vista. Empezamos cambiando la portada, aunque habría que decir que hasta que acabó el partido no había una portada definida. Nada más marcar el penalti decisivo, se empezó a forjar la primera página del periódico que hoy tenéis en vuestra mano. Había que elegir entre dos, que se bautizaron como "La más informativa" y "La foto de portada", adjetivos que no siempre significan lo mismo. Aquí están las dos opciones:


La de la izquierda es la que tiene más fuerza, la más plástica y con una diagonal casi perfecta. Y la de la derecha es la más informativa, con todos los elementos: el jugador italiano que lo lanza, Casillas que se estira para pararlo, el público expectante y el foco que centra todo la atención en el césped. A mí me gusta la de la derecha, que como dice Chema, "es una imagen muy televisiva", pero, como suele ocurrir en estos casos, ha salido la de la izquierda. Para gustos, los colores.

martes 17 de junio de 2008

Furor estético

Una ola de furor estético asuela las redacciones de Madrid. Y supongo que del mundo. Arrastra a tantos que en los periódicos hay ahora demasiada gente preocupada por la estética. Por la estética de sus páginas, no por la estética propia que, en general, suele andar bastante descuidada. A toda costa se desviven para que su página "quede bonita" por encima de cualquier otra consideración, contenidos e información incluidos. Aunque se suponga, no ellos, que para eso se hacen. Para informar, decimos. Para leerse, no para contemplarse. No sé, tal vez aspiren a que algún lector decida colgar sus páginas en la pared del salón, enmarcadas para el deleite del mirar, de lo bonitas que son.

Y curiosamente, por esas paradojas de las relaciones inversamente proporcionales, este afán estético de masas lo que lleva es a la fealdad del producto como conjunto. Una de las pocas características que en las imposibles definiciones sobre la estética parece suscitar consenso es la "unidad" entre elementos, cierto "orden" interno, unidad en la diversidad incluso. Eso parece reñido con el absurdo intento de querer hacer un objeto estético superponiendo el gusto, y el mal gusto que como todo lo malo abunda más, de todos los integrantes de la redacción. Y para que de verdad sea un producto estético, si es eso lo que queremos, esas decisiones deben quedar en manos de una persona... especializada en ello. Una persona que ya existe, a la que en los grandes periódicos se le suele pagar muy bien y que se llama director de arte.

Pero no. Por lo visto y padecido, ese afán, ese furor estético, esa plaga contagiosa, esa pandemia redaccional, lleva también a que hasta el menos cualificado, uno que pasa por allí vendiendo el rico bombón helado, se crea con mayor autoridad en lo bonito que quien está preparado y contratado para ello. Y se lo discute. Con la temeridad del profano, claro.

Un ejemplo poco frecuente de auéntico periodismo visual. Hecho por quienes sí están dotados de preparación y talento. Es una doble página aparecida en el diario Critica de la Argentina con una sola ilustración de nuestro querido Baruch (no hacen falta más), imagen poderosa que él diría y con razón, sobre la desaparición de la prensa escrita ilustrando un poderoso artículo sobre el tema, lleno de interés, de lectura ágil. La maquetación es sobria y soberbia utilizando los blancos y la alineación de los titulares de manera inteligente. El artículo es magnífico.


Estos informadores preocupados por el aspecto de las páginas en vez de por sus contenidos han oído campanas que repican visual, visual, visual... y repiten el tolón tolón de lo visual, de lo visual mal entendido, sin saber bien lo que dicen. Mantienen sin haber leído o escuchado, ni siquiera mirado lo suficiente, que haciendo periódicos más visuales, sin considerar temas, contenidos ni maneras de escribirlos, sólo poniendo más y más grandes fotos y dibujos y colorines y gráficos y letras deformadas y rayas y tramas de más colores y textos calados en las fotos y todo eso que ya está hecho una y mil veces, inventado ya y descubierto ahora por quienes ahora lo descubren, decíamos que así creen que se impedirá que desaparezcan los periódicos para dejar paso a medios más visuales como internet. Como si un periódico pudiese competir visualmente con una pantalla. Como si un periódico no fuese algo hecho para leer sus contenidos y que por consiguiente desaparecerá, sólo cuando consigamos que los lectores dejen de leer.

Si reparasen un momento en que un papel sólo supera a una pantalla como soporte para leer texto, tal vez pensarían de una manera menos estética. Una actitud, claro, que les obligaría entonces a tener que escribir textos mucho mejores que esas piezas banales y superficiales que hacen ahora, y para las que te piden que queden bonitas en una página "muy visual"... no vaya a ser que alguien lo lea.

martes 10 de junio de 2008

Noche sin periódicos

Por una vez se han puesto de acuerdo, supongo que sin que sirva de precedente, los periódicos de nuestra ciudad. Lo que no han conseguido las "guerras mediáticas" y políticas lo está consiguiendo la crisis económica y El País, El Mundo, ABC, y La Razón decidieron conjuntamente dejar de distribuir su primera edición en Madrid desde el primer día de este mes de junio. Público nació ya sin hacerlo. Por eso ahora, en Madrid, la noche se ha quedado sin periódicos.


Para quienes no sepáis cómo se distribuía la prensa hasta ahora os pongo un poco en antecedentes. Los periódicos de Madrid, que en este país nuestro se llaman también "nacionales" por venderse cada día en toda España, tienen dos ediciones. Se hace un primer periódico, la "primera edición" o "edición nacional", que se imprime entre las nueve y diez de la noche (si todo va bien y no hay retrasos como no suele suceder casi nunca) y que es el periódico que se reparte por toda la península e incluso en ediciones en Europa y América (en los casos de El País y El Mundo, al menos, desconozco el resto). Hay que hacerlo antes e imprimirlo antes para que dé tiempo a distribuirlo en tantos lugares. Y luego, hacemos una "segunda edición", o "edición de Madrid", que se reparte en la ciudad evidentemente y que lleva las páginas actualizadas hasta la hora más tarde posible y las páginas locales de Madrid que no lleva la edición nacional porque en las distintas comunidades se incorporan cuadernillos propios.

Pues bien, hasta ahora, la primera edición nacional también se vendía en Madrid por la noche, recién hechos y calentitos, salidos directamente desde la rotativa no sólo hacia todas las ciudades del país sino también hasta los Vips madrileños y, allí, había quien compraba a medianoche el periódico del día siguiente. Hasta ahora, porque parece ser que a los gestores económicos de nuestras empresas periodísticas les parece poco rentable. La noche de Madrid cuesta mucho dinero, en casi ninguna parte del mundo se suele hacer y, muy posiblemente, lo veamos cada vez menos, o no lo veamos más.

Y aunque en tiempos de crisis parece inevitable tener que reducir gastos, creo que también merece consideración lo que de círculo vicioso tienen las crisis, para no entrar en ellas. Porque si ante la crisis retrocedemos, y disminuimos nuestra oferta, ¿no puede llevar eso a que bajen a su vez más las ventas y, por consiguiente, los ingresos, lo que consiguientemente lleva a más recortes de gastos que a su vez...

Hay algo más que ganar dinero en el hecho de llevar un periódico hasta un quiosco de prensa, hasta el más alejado quiosco del mundo si es preciso, aunque sea de noche, o porque es de noche precisamente. Y muchos de quienes los hacemos sabemos que existe ese algo más en un periódico que no podemos explicar. Como parece evidente que ese algo más no existe para quienes hacen números ahora en las empresas de medios de comunicación. O en cualquier empresa. Gestores que no parecen advertir que si eliminásemos todo aquello que no es rentable económicamente a corto plazo, seguro que nuestras vidas serían un poco peor. Como las noches solitarias de mi ciudad, que ahora se han quedado, sin periódicos, un poco más solas.


P.D.: Desde encajabaja queremos enviar un abrazo a toda la gente de El Correo. Porque una cosa es luchar para intentar evitar que una crisis económica silencie los periódicos, de noche o de día, y otra muy distinta es que se quiera silenciar un periódico poniendo una bomba en su rotativa.

jueves 29 de mayo de 2008

Usted, ¿no será periodista?
No, hombre, no

Pero, ¿por qué me pregunta usted eso? ¿Es que tengo acaso cara de periodista? No, hombre, no. Una regla no escrita que la experiencia y algunos maestros nos han enseñado es que nosotros nunca diremos cuál es nuestra profesión. Y viene a cuento porque la semana pasada leíamos en el blog vecino de nuestro colega Borja Ventura las desventuras y, sobre todo, recelos que le había supuesto confesar su condición de "journalist". Tuvo suerte, Borja, tan sólo un cuestionario verbal algo más intenso de lo normal con el funcionario de aduanas de Zimbabwe y la inscripción en lo más alto de su hoja de inmigración de la palabra "journalist" (es un formulario sin ninguna casilla específica donde declarar cuál es tu profesión) para que así estuvieran al tanto del dato cuantos controlasen su viaje, en especial las autoridades. Mucha más suerte que nuestro querido Bernardino M. Hernando, maestro de periodistas a quien hemos mencionado ya y seguiremos haciéndolo, cuando en una de sus clases, para ilustrar su consejo de maestro de que nunca dijésemos que somos periodistas, nos contó un viaje suyo a un país del Este en cuya frontera estuvo horas retenido (no recuerdo si más de 24) cuando amablemente contestó que era periodista al amable funcionario que desde ese instante dejó de serlo. Viajaba sólo por placer, como turista, repetía sin éxito cada vez que su guardián pasaba por la habitación en la que esperaba a nada. Sus compañeros de viaje, primero esperaron, luego acordaron esperarlo en el país siguiente, o algo así.

Después de oír aquello he sido tipógrafo en Cuba, "¿tipógrafo?", repitió el funcionario levantando su vista hacia mí al mismo tiempo que la humedad del Caribe se me contagiaba por todo el cuerpo. "Sí", afirmé con la firmeza del cemento chino. Miró a continuación a mi hija, que entonces tenía 6 años. "¡Quítele los espejitos al niño!", volvió a espetar detrás de sus espejos oscuros. Y le quité las gafas de sol a la niña. "Niña, es una niña". Y pasamos dejándonos mi mujer y yo tres kilos en sudor en aquel control de hojalata del aeropuerto. He desempeñado varios oficios dentro de las Artes Gráficas cada vez que he salido del país, e incluso en su interior, y en Estados Unidos no recuerdo lo que pude balbucear en inglés macarrónico y asustado en aquel control de entrada del aeropuerto JFK de Nueva York. Aterrado estoy todavía al rememorar aquellas cabinas con una negra gigante repartiendo al personal de la cola al grito de "¡You!", mientras señalaba con un dedo donde debías pasar, pero estoy seguro, del todo seguro, de que dije lo que fuera menos "journalist".

Y es que si queremos acceder a cualquier lugar, por inocente que sea el sitio y nuestra intención, nunca, pero nunca, diremos que somos periodistas. Y nunca, pero absolutamente nunca, confesaremos nuestra condición laboral de apestados periodistas (gráficos, visuales, textuales o del corazón, les da igual amigo Borja) si viajamos por placer a cualquier lugar del mundo (si es profesional, enviados por un medio, es otro cantar), en especial a países alérgicos a las garantías legales. En esos países, repito, nunca seremos periodistas; en los otros, en aquellos países occidentales, democráticos y avanzados como el nuestro, o los Estados Unidos... tampoco.



Porque es un mito esa imagen de las películas en la que el héroe esgrime su condición de periodista y enseña un carnet como tal con el que se le abren puertas, todas. Es un mito porque a los periodistas, en realidad, no se les deja pasar a ninguna parte. Todos, absolutamente todos, amigos y enemigos, desconfían de nosotros. Habréis vivido, y si no os lo podrán confirmar, aquellos actos políticos, económicos, empresariales o del tipo que sea donde asisten periodistas invitados... a la última mesa, escondidos en el lugar más recóndito donde no podamos ver ni escuchar nada.

De aquí se deduce la segunda regla no escrita que nuestro admirado Bernardino nos enunció: nunca, pero nunca, debemos pararnos delante de un portero, ventanilla, vigilante jurado o elemento disuasorio controlador del tipo que sea, provisto o no de gorra, humano o mecánico, situado en una puerta de acceso a un lugar al que queramos entrar. Muy al contrario, seguiremos andando con paso seguro, muy seguro, incluso sirve un "buenos días" mientras seguimos avanzando, siempre avanzando sin detenernos a no ser que se empeñen de manera concienzuda. Entonces, quedará a nuestro ingenio la manera de sortearlo teniendo siempre presente que, a no ser que estemos citados o acreditados por un medio, seremos cualquier cosa, policías o ladrones, cualquier cosa menos periodistas.

jueves 22 de mayo de 2008

Revista de blogs

La buena prensa: los buenos blogs

Acudimos a nuestra periódica cita con la revista de blogs, para acercaros en esta ocasión, aunque con un retraso imperdonable (el día a día de una redacción puede posponer las cosas casi indefinidamente...), al magnífico blog La buena prensa. Imperdonable –decíamos- el retraso, porque llevan ya más de tres meses deleitándonos casi a diario con su abundante e interesantísimo contenido y doblemente imperdonable porque uno de los creadores del proyecto, Miguel Ángel Jimeno, maestro de periodistas, fue mi profesor de Edición y Proyectos periodísticos en la Universidad de Navarra y como poco, le debíamos este post.

Junto a Jimeno, el equipo editorial de la buena prensa se completa con Txema Díaz Dorronsoro, profesor de Diseño periodístico de la Universidad de Navarra. Ambos proponen una mirada incisiva y generosa a la labor diaria de informar. Demuestran que se puede aprender de las cosas bien trabajadas, en lugar de caer en la tentación (mucho más facilona) de destacar las cosas que todos, en algún momento, hacemos mal. En este universo digital de egos desmedidos y vanidades hipertrofiadas, se agradece una visión autorizada y positiva del trabajo que realizamos. Como ellos mismos explican en su declaración de principios editoriales: "la buena prensa nace para centrarse en la excelencia —en la planificación, en la información, en el aspecto visual, en la titulación...—. Una excelencia que, quitando algún destello o algún "¿has visto qué gran reportaje publica hoy tal periódico?", apenas tiene “salida” en el "mercado".



Uno de los posts de la buena prensa

La buena prensa se ha convertido en una referencia imprescindible. Y como tal, pasa a formar parte de nuestros links de obligada visita. Tanto por la calidad de sus propuestas como por la profundidad de los temas que aborda. No nos detengamos en el hecho y buceemos un poco, buscando los porqués. Y a ser posible, obtengámoslos de primera mano, del profesional que ha planteado la información, las páginas. De ahí su valiosísima aportación pedagógica. Se nota en este punto que sus responsables se dedican a formar futuros periodistas. Y en este blog se enseña y se aprende. Cansados estamos ya de blogs en los que parece que el único objetivo consiste en mostrar al resto de la humanidad los vastos conocimientos que posee el autor. En la buena prensa prevalece la comunidad (auténtico sentido de la existencia blogera) hasta el punto de que muchos de los temas son propuestos por los lectores que colaboran estrechamente con los autores. Este feedback, convierte a la buena prensa en un foro de elevadísima calidad sobre nuestro trabajo diario, en un sitio de encuentro, debate, comparación y reflexión.

Que esta visión positiva y pedagógica de la profesión esté al alcance de todo el mundo en internet nos parece un auténtico lujo. Nos convierte en privilegiados alumnos de sus clases y facilita el acceso a ese otro punto de vista que, humildemente, tanto demandamos en encajabaja: el que defiende la importancia de pensar un poquito más las cosas, de reconocer y utilizar el valor informativo de todos los elementos que conforman una página, de asumir, en definitiva, que una buena información pasa por ser, necesariamente, una información bien editada.

Interesantísimo post sobre edición gráfica


Ni que decir tiene que para los que hemos tenido la suerte de asistir a las clases de sus autores, la buena prensa nos traslada a unos años no muy lejanos, pero ya no tan recientes, en los que escuchábamos con cara de sorpresa que tan importante era lo que contábamos como el cómo se contaba. Y en los que descubrimos que había muchas maneras de informar. Que, además de con la palabra, se podía informar con una imagen, con espacios y manchas, con la jerarquía y con la coherencia, con eso tan intangible que se llama ritmo... Y a los que no habéis paladeado la edición de esta manera, hacednos caso y ¡subid al tren! Porque estas oportunidades no se pueden dejar pasar. Como una vez, hace ya muchos años, me vino a decir Miguel Ángel Jimeno, con un café de por medio, en la cafetería de profesores de la antigua biblioteca de la Universidad de Navarra. Acababan de confirmarme que me esperaban para hacer prácticas de verano en EL MUNDO y hablábamos de mis planes. Le dije (dominado como estaba por un ataque de pánico) que no lo tenía muy claro y que igual no las hacía y volvía a mi Sevilla natal. Me miró fijamente, con esa expresión tan suya, entre la risa y el desconcierto, apuró su café de un trago, y me dijo muy solemne: “Javi, tú eres tonto”. Y me invitó al café. Muchos años después (parece que hayan pasado cientos…) desde EL MUNDO, gracias, MAJ. El mensaje, bien editadito, llegó con absoluta claridad.

martes 13 de mayo de 2008

Una de MacEros

¡Qué fácil! Es que es tan fácil, es todo tan sencillo. Ves, todo este trabajo en vídeo, fotografía, música o diseño gráfico de apariencia tan profesional y cuidada... pues es así de fácil de hacer. Y te hacen una demostración que llevan preparada y que a veces sale bien a la primera. "Es que es tan fácil", habremos oído esta mañana muchísimas más veces de las que estamos dispuestos a escribir aquí, porque encajabaja se ha desplazado hoy hasta la Ciudad de la Imagen de Madrid para asistir al seminario "Pro Series: la unión hace la fuerza" organizado por Apple para presentar sus nuevas versiones de los programas profesionales de fotografía (Aperture), y de vídeo (Final Cut Pro), aunque también hemos contado con demostraciones de otros programas de la casa, como Motion, Soundtrack Pro, Compress y DVD studio Pro y la integración de estos con Faialpro (Final Cut Pro según la pronunciación de los ponentes, léase muy rápido: faialpro), el programa estrella de edición de vídeo.

Colas para acceder al recinto. Fotos: Mario Benito.

Hemos de confesar que hace ya tiempo que alguno de nosotros dejamos de ser "maqueros" (aunque otros acaban de recoger nuestro testigo) hartos de que a veces nos tomaran por tontos con los precios de las maquinitas de la manzana y, sobre todo, con la incompatibilidad no sólo de sus ficheros informáticos sino también con multitud de periféricos (por ejemplo, tenemos un Mac de hace unos años del que resulta imposible sacar la información porque no es compatible con nada que sea USB, ni su procesador admite los sistemas operativos que permitirían actualizarlo. Sobre el resto de posibles conexiones... sería tan largo de explicar como inútil de intentar, de nuevo, porque todo se ha intentado ya).

No obstante, esta mañana Allan, un norteamericano calvo, como salido de una serie de dibujos animados de Matt Groening, casi nos ha vuelto al redil del que nunca deberíamos haber salido con su magnífica conferencia plagada de ejemplos prácticos a bordo de su "torre del poder" como ha llamado al flamante Mac Pro de 8 núcleos (y varios miles de euros, que no nos ha dicho, claro... si con un Ferrari corre cualquiera, ¿no? El caso es poder comprarlo). La exposición de dos horas, en inglés, ha sido muy divertida e ilustrativa y junto a Robert, un diseñador gráfico británico nos han mostrado todo el poderío Mac.

Detalle de las mesas del recinto. ¡Qué bonitooooo!

En ella nos ha contado cómo está cambiando la forma de trabajar. "Ya no vale especializarse en una cosa, hay que dominarlas todas." No vale con ser diseñador gráfico o diseñador web, tenemos que ser diseñadores. De todo: gráfico, web, podcast, vídeos, etc. Y todo ello, cómo no, lo podemos hacer con herramientas made in Mac. Pero que una cosa quede clara: "todo buen diseño empieza en lo impreso".


Aula donde se daba la "clase práctica". Todos los ordenadores a la venta.


Otra cosa muy distinta ha sido la clase práctica que nos han ofrecido en unos iMac muy baratitos (incluso tenían el precio puesto y se vendían de oferta sin especificar el IVA, como tiene por costumbre Apple, después de impartir en ellos los cursos) y, claro, ya la cosa corría menos y lo que es tan fácil, tan fácil... tannnnn sencillo, pues empieza a no serlo tanto, sobre todo si el profesor parece tan poco dotado para la comunicación y la pedagogía como el que nos ha tocado en suerte. "Parece que no me quiere abrir el efecto que hemos aplicado, pero, bueno, es así de fácil... y todo en tiempo real. Se abre este menú, se aplican estos criterios, pinchas aquí, tienes cuidado con la resolución de la imagen y su compatibilidad con el efecto para no liarla, luego pues tan sólo le das al ok... y, bueno, ahora no quiere abrirlo, pero, bueno, es así de fácil.... Es que es todo tannnnnn sencillo con Mac". O nos "regalaba" los oídos con frases tipo: "Si nos fijamos en el Real Time render veremos una barras para el workflow [...] pinchando en Sequence, Mark Clip, Add frame rate, toggle clip, etc." Y así, un sinfín de jerga técnica del programa que unos legos ya aburridos como nosotros no entendíamos muy bien, la verdad.

Interfaz del Final Cut Pro. Insistían en la resolución y el render... o algo así.

Todo esto se completó con una charla de Sergi, responsable de Dorna, la empresa que se dedica a llevar a nuestras casas las carreras de Moto GP. Muy interesante, pero de la Masterclass de Vídeo que nos prometieron no rozaron ni la tangente. Una pena. Sencillamente.

Y es cierto que tareas complicadas suelen ser más sencillas en la plataforma Macintosh y con los magníficos programas diseñados para ella; que el sistema operativo es absolutamente asombroso; que también la calidad hay que pagarla y que los precios han bajado en comparación con los PCs, pero sólo en los modelos básicos que llevan muy poca RAM, muy poco disco duro y escasas entradas y salidas (al completarlo se vuelven prácticamente a doblar los precios. Y si hablamos de los Mac Pro entonces empecemos por preparar unos 3.000 euros del ala para uno decente, sin contar pantalla ni periférico alguno); como también es cierto que parece condición de los usuarios volverse fundamentalistas de la marca de la manzana (lo fuimos y por eso hablamos con conocimiento de causa), sin ninguna actitud crítica hacia los productos que les venden a precios muy altos y a los que perdonan todo, algo que no sucede con los vilipendiados PCs.

Por eso, ahora, habiendo sido maqueros y peceros, lo más razonable nos parece tener un Mac (de los medianitos) y un PC (uno bueno costará lo que el medianito Mac), juntos, conectados en red, si es que nos lo podemos permitir... y no dejar que nadie piense y decida por nosotros... por muy bonito y fácil que nos lo pinten.

Mario Benito / Luis Blasco

martes 22 de abril de 2008

Todo esto por un euro

Cuando hablamos de cómo se hace un periódico mucha gente piensa en los redactores, maquetadores y otros periodistas que intervienen en el proceso de producción del diario. Estos son una parte importante del proceso, pero para que todo lo que hayan hecho pueda ser leído, hace falta imprimirlo. Lo que hacemos en el periódico no es más que una versión digital, hasta que no está impreso no podemos decir que tenemos el periódico. Encajabaja visitó el pasado jueves la nueva e inmensa rotativa del diario El Mundo, gestionada por Fabripress. La antigua rotativa será montada en la misma nave que la nueva proximamente.

Poco antes de las 23.00 Paco y Luis nos recibieron en la sede de la rotativa, situada en Meco. A continuación comenzaron a explicarnos el proceso para que el periódico se imprima y distribuya por toda España.

El primer paso del proceso es la recepción de las páginas. Desde la mesa de cierre se envían las páginas que están cerradas (textos y maquetas terminados y corregidos). Poco a poco van llegando hasta la rotativa, que las empieza a distribuir por pliegos (dos páginas por pliego). Cuando los pliegos se van completando se imprimen en las planchas de aluminio, a través de láser, y que, posteriormente, servirán para imprimir el papel periódico. Se imprimen un total de cuatro planchas, una por cada color (CMYK). Esas planchas se colocan posteriormente en un distribuidor que indica en que cuerpo de la rotativa tienen que ir colocadas para imprimirlas según el orden correcto.

Paco nos muestra el ordenador donde se reciben las páginas que envía la mesa de redacción.

Detalle de las páginas recibidas (en verde). En naranja las que se están recibiendo.

Una de las planchas de aluminio recién impresa. Cada una cuesta dos euros.

Luis coloca las planchas en el distribuidor ante la mirada de Mercedes.

El distribuidor con casi todas las planchas colocadas.

Cuando las planchas de los cuatro colores están impresas, los operadores las vas colocando en la rotativa según indica el distribuidor. Ahí es donde la plancha se impregnará con las diferentes tintas e imprimirá el papel para obtener la página de periódico. La propia rotativa es la que se encarga de cortar las páginas y distribuirlas para ordenar el periódico.

Luis coloca las planchas en la rotativa.

Las planchas colocadas perfectamente en la rotativa. Los rodillos las impregnarán de tinta para imprimir el papel.

Las planchas y el papel que imprimirán.

Una vez impreso el papel pasa por esta sección donde la rotativa cortará las páginas del periódico.

Paco le enseña a Nacho un detalle del plano de la rotativa.

Una de las partes más llamativas del proceso es la gestión del papel . El transporte del papel lo hacen robots sin ningún tipo de control humano. Programados según las características de la nave en la que están, son capaces de ir a recoger el papel a la zona de desembalaje y colocarlo en la parte de la rotativa que se ha quedado sin papel. Todo ello sin intervención humana y gracias a unos sensores colocados en las paredes y columnas de la nave que alberga la rotativa.

Torres de papel esperando a ser desembaladas

Papel salmón para los periódicos económicos. También se emplea papel blanco y reciclado.

Aquí se prepara el papel...

...para que los robots lo distribuyan.

Y aquí se almacenan para cambiar los rollos cuando se agotan.

Cuando todo está listo, las máquinas arrancan y comienza la función. En los puestos de control la actividad es frenética y se trabaja a destajo para ajustar la impresión a la máxima calidad. Se trabaja con varias pantallas de ordenador donde se calibran las tintas, el agua, la velocidad, etc. y se sacan ejemplares de control para ver cómo va la impresión. "Esta rotativa consigue ejemplares buenos a partir de los 500-600", comenta Paco. A partir de esos ejemplares la máquina está calibrada y los ejemplares son perfectamente válidos para su venta.

Las máquinas comienzan a ponerse en marcha para imprimir el periódico.

El papel sigue el circuito de la rotativa para imprimir las páginas.

El puesto de control donde se maneja la velocidad, tintas, agua, etc. Trabajo a destajo.

Gráfica con las cargas de tinta de una parte de la rotativa.

70 ejemplares/minuto es lo que marca el ordenador. Poco a poco aumenta la velocidad. Puede tirar hasta 1000 en un minuto.

Dos operarios controlan los ejemplares impresos.

Por esta ventana se sacan los ejemplares de control.

La banda de colores que hay en el medianil del periódico sirve para controlar la impresión.

Comparando dos ejemplares ven que algo no va bien, los parámetros de una tinta no son correctos y las fotos salen verdes.

Depósitos de tinta de la rotativa.

Tuberías por donde discurren las distintas tintas, una por cada color.

Detalle del depósito de tinta amarillo (no os recuerdan las letras al word art).

Una vez que la máquina está ajustada, todo marcha sobre ruedas. Los ejemplares van saliendo hacia la zona de cierre a través de un complicado circuito donde se insertan los encartes, se dividen las ediciones, se embalan y se mandan a distribución.

Circuito por donde se distribuyen los periódicos en la zona de cierre.

Detalle de una parte del circuito.

Los ejemplares preimpresos se guardan en enormes cilindros para usarlos el día de publicación.

Varios cilindros de ejemplares preimpresos.

Detalle de uno de los cilindros preimpresos.

En esta máquina se insertan hasta seis encartes distintos, entre ellos los ejemplares de suplementos preimpresos.

Periódicos listos para embalar. Los primeros son los de las líneas aéreas, trenes, etc. y los que se tienen que distribuir más lejos.

Operarios embalan ejemplares de suscriptores en una máquina semiautomática.


Una vez que los ejemplares están embalados y empaquetados, están listos para su distribución a través de las furgonetas de prensa, encargadas de llevarlas a los kioscos, donde podemos comprar el periódico por sólo un euro. No os parece poco después de este proceso.

Las furgonetas listas para distribuir los periódicos.


P.D. Desde aquí queremos dar las gracias a Paco, Luis y todos sus compañeros por la amabilidad con la que nos atendieron. ¡Muchas gracias!

miércoles 26 de marzo de 2008

El mundo al revés

No me he podido desembarazar aún de la resaca electoral y han pasado ya más de dos semanas. Puede que en parte por el susto del terrible y cobarde atentado y por lo que empezó a parecerme una utilización oportunista del mismo, en especial en los medios de comunicación afines al Gobierno. Las palabras de la hija de Isaías Carrasco llamándonos a todos a votar después de recordarnos que su padre había muerto por defender la libertad y las ideas socialistas fueron emocionantes y ciertas, pero que las repitiesen en radio y televisión, más en unas cadenas que en otras, durante la mal llamada jornada de reflexión en la que nadie reflexiona, una y otra vez, otra vez y una más, me revolvió el estómago porque temí que volviéramos cuatro años atrás, cuando el entonces Gobierno del Partido Popular quiso defender sus votos por encima de los muertos en los trenes de cercanías de mi ciudad.

Evidentemente, no llegó a tanto, ni la conmoción general fue la de entonces, pero hubo un atisbo, una pequeña insinuación de ese poder siempre dispuesto a lo que sea para seguir siéndolo.

Y le pudo salir tan mal como le sucedió a la derecha cuando perdió las elecciones, porque en el mundo de la comunicación no existen las relaciones directamente proporcionales que nos enseñaron en matemáticas: haces esto y, necesariamente, sucede esto otro. No, al menos no siempre. Haces esto y, tal vez, sucede esto otro... o bien lo de más allá... o nada, o todo a la vez. Y todo a la vez se te vuelve en contra. Quieres rentabilizar en votos un atentado que has sufrido con toda injusticia, pero la gente te aborrece por querer utilizar un atentado electoralmente, aunque tengas incluso razón. Y puede que no te voten quienes te fueran a votar. Si además tus razones son mentiras... pues entonces podría darse hasta el caso de que pasaras desde la mayoría absoluta a la oposición.

Son las paradojas sociales. Con el estómago aún revuelto y la resaca que no se me quita recuerdo un interesantísimo libro de Manuel Conthe publicado por Planeta en 1999 con el título de "El mundo al revés. Una aproximación a los juegos y paradojas sociales". Conthe, abogado y economista nacido en 1954, ha sido entre otras cosas secretario de Estado de Economía, representante español ante la Unión Europea para asuntos económicos, miembro del Banco Mundial en Washington, además del más polémico director de la Comisión Nacional del Mercado de Valores de nuestro país (creo que es al único director de esa institución que se recuerda, de donde dimitió por su enfrentamiento con el Gobierno socialista que lo había nombrado tal vez porque desconocían que una de las principales preocupaciones de Conthe es la independencia), y colaborador siempre en distintos medios de comunicación de uno y otro signo, desde "El País" hasta "Expansión" o "Actualidad Económica". Con todo, lo más interesante para mí es su manera de escribir llena de ritmo y amenidad sobre esos efectos contrarios en política o economía, como cuando se endurecen las leyes del despido para intenta frenar el paro... y lo que se consigue es acelerarlo porque con esas medidas los empresarios no contratan a nadie. O como él mismo resume en la introducción "la proposición keynesiana de que para elevar el ahorro colectivo hay que aumentar la demanda" (o sea, que para poder ahorrar, alguien debe gastar), "como sucede en la paradoja de la cooperativa"; "la constatación de que ser racional puede ser una fuente de debilidad y estar loco, en cambio, puede granjear poder" (¿conocen algún gobernante o jefe así?); "la sorprendente doctrina de que cuanto más deba una persona menos vulnerable será frente a sus acreedores"; o "la tradicional teoría de la disuasión, según la cual 'si quieres paz, prepara la guerra'". Es una pequeña muestra de lo que nos cuenta Conthe, el libro no se puede resumir porque cada línea cuenta cosas y casos sorprendentes.

También se pone el mundo al revés haciendo páginas, claro. El conocido principio del "menos es más", del que tanto hemos hablado y hablaremos, es la sentencia paradójica por excelencia: ¿cómo que menos es más? Pues porque resulta ser cierto, porque queriendo aumentar la fuerza con dos golpes, lo que hacemos es divivirla... y es mucho más efectivo un puñetazo que dos sopapos.


Intentemos terminar ya con estas interminables elecciones. La primera versión corresponde a la apertura de las páginas de Nacional que hicimos en el diario El Mundo el día después, y la segunda con la que no hicimos porque pocos creen en el "menos es más". Se pretendía ilustrar la supuesta "caída" de Mariano Rajoy con un montaje de tres fotografías a cinco columnas de la sede del partido en la que se "descolgaba" un cartel con la imagen de su líder. Tres fotos, porque alguno da por sentado que con una imagen no se entiende que se descuelga el cartel. Mejor tres que una, ¿no? Pues no. Y no sólo eso, además quisieron añadir otra foto más, porque Acebes ha dado una rueda de prensa y tiene que salir porque titulamos por ahí (como si hiciese falta verle), motivo por el cual el montaje superior perdió fuerza compitiendo con la anodina imagen inferior. Como perdió fuerza el mensaje que se pretendía transmitir. En definitiva, resultado contrario al esperado... pero no tan alejado de la realidad, porque otro día después Rajoy anunció que se quedaba, que no se descolgaba de la calle Génova, con lo cual que hubiéramos fallado en nuestra página del día anterior supuso... que el fallo fuera menor. Paradojas.

miércoles 19 de marzo de 2008

La Polaroid ha muerto, viva la Polaroid

Quizá ustedes ya lo sepan, o quizá no, pero, por si acaso, se lo cuento. La Polaroid tiene los días contados. Puede sonar un poco fuerte, pero es así. Concretamente le quedan los días que restan de hoy hasta principios de 2009, que es la fecha en la que ya no se podrán comprar carretes para estas famosas cámaras fotográficas.

Típica imagen Polaroid (http://look-closer.net)

Pero vayamos al principio de la historia. El invento de las cámaras Polaroid se remonta hasta el año 1947 cuando el que se presume fue su creador, Edwin Land, presentó la primera cámara capaz de revelar y positivar la imagen en tan sólo 60 segundos. Su nombre, Land Camera. Diez años antes, Land había fundado la Polaroid Corporation, que coincide con el nombre del plástico sintético que él mismo patentó en 1929 y que posteriormente desarrolló en 1932.

Polaroid ya había cambiado la historia de la fotografía, pero todavía no era popular entre la población. Para eso tuvo que esperar hasta 1948, cuando con el "baby-boom" los padres norteamericanos se dedicaron a fotografiar a sus hijos para plasmar cada segundo de su vida en este planeta. En la década de los setenta, Polaroid sacó al mercado la mítica SX-70 (la que parecía un transformer), todo un bombazo que llevó a la compañía al estrellato. Aunque poco después se sumió en una crisis financiera al intentar salvar su independencia y evitar ser absorbida por otras compañías. En 2001 Polaroid se declaró en bancarrota, aunque con la mirada puesta en nuevos mercados, como las cámaras digitales (muy atrás todavía) o los televisores de alta gama.

Cámara SX-70, todo un mito

Entre todos estos años, la historia es más o menos conocida, y quien más, quien menos ha tenido en sus manos uno de estos magníficos inventos y agitaba las fotografías con energía para que salieran antes. Incluso se ha llegado a ver (sí, yo la tengo), Polaroids con radio incorporada (una locura). Auténticas joyas que sólo podremos disfrutar hasta que se agoten los carretes allá por 2009, aunque algunos de la marca Fujifilm son compatibles.

Warhol vestido de mujer en una Polaroid

Pero más allá de eso, la Polaroid permanecerá siempre en nuestro subconsciente colectivo. Warhol la usó hasta la extenuación, sus colores surrealistas (no se me ocurre otro calificativo) son ya una frase hecha ("queda chula, parece hecha con una polaroid"), han sacado multitud de libros con las mejores y más raras fotos, es fetiche de multitud de fotográfos, buenos, malos, anónimos y famosos, en los 80 no eras nadie si no tenías un retrato hecho con una e incluso daban un poco de mal rollo cuando la recibes en un sobre porque te recuerda a los secuestros de las películas de Hollywood, esas en la que la banda inferior de la foto pone con rotulador negro, mala letra y faltas de ortografía: "tenemos a tu mujer, danos 10 de los grandes o la matamos".

"The Polaroid book", editado por Taschen

En Internet ya proliferan los típicos webs que intentan recopilar la mayor cantidad de polaroids o los museos de cámaras instantáneas, porque, no nos engañemos, perder la Polaroid es perder una parte de la historia de la fotografía, una parte, incluso, de las historias personales de cada uno.

Así que ya sabes, cuando veas una Polaroid sonríe, puede ser la última vez que veas una y no querrás salir mal, verdad.

P.D. Para nostálgicos. Hay alguna web donde todavía se pueden comprar modelos retro, pero totalmente funcionales de estas cámaras.

viernes 1 de febrero de 2008

Tintín

Hace unos días, Luis Blasco nos rememoraba la felicidad que le embargaba cuando era niño al reencontrarse con los tebeos de Tintín que guardaba su tía. También me hizo recordar la biblioteca pública a la que mis amigos y yo íbamos las tardes de verano y pasabamos horas leyendo tebeos (ahora cómics), relatos de misterio, obras de Salgari, Verne, Stevenson, Dumas, Dickens y todos esos autores que nos transportaban a mundos de piratas, bandidos, princesas secuestradas y exploradores que luego se convertían en protagonistas de nuestros juegos. En los tebeos, mis preferidos de niño eran Asterix y Mortadelo y en la etapa adolescente, Spiderman.

En Encajabaja nos anima un constante espíritu crítico, incluso entre nosotros. Y, al igual que Mario Benito defenestraba a Warhol y yo le defendía, con Luis me pasa lo mismo. Al contrario de la suya y de una mayoría de opiniones en la web, a mi no me gusta Tintín.

Siempre leí a Tintín si no quedaba otro remedio (he llegado a leer la composición de un champú con tal de poder leer algo). Su aspecto, sus amigos, sus tramas me parecieron siempre muy lejanas. Y no tiene nada que ver con las ideas políticas de Hergé (Georges Remi), que fue detenido cuatro veces acusado de simpatizar con el nazismo en su juventud (dibujaba en Le Soir, periódico católico de extrema derecha en donde tenía de compañero a Leon Degrelle que fue nombrado responsable de los nazis en Bélgica por Hitler). Ni porque fuera belga. Tampoco me gusta Hercules Poirot, que también es belga. En cambio, me gusta mucho Audrey Hepburn, que además de belga era una diosa. Ni por su ausencia de personajes femeninos. En los tebeos de Tintín sólo sale un personaje (Castafiore) y, la verdad, es tratada como un adefesio travestido por su ‘amado’ Haddock (un marinero solitario con evidentes problemas de alcoholismo, al que le gusta viajar cual Michael Jackson con el joven Tintín).

El dibujo utiliza el plano película siempre, no hay primeros planos para resaltar emociones, ni picados, ni nada de nada. Además, las tramas pueden gustar más o menos, pero no son el colmo de la originalidad. Particularmente, me sigue gustando bastante más Asterix (trama y dibujo). Tampoco me quedó nunca claro si Tintín era como Michael J. Fox, un hombre pequeño con cara de niño o un niño resabiado y con cuerpo de Joselito. Además, de sus padres no tengo noticias.

En España, teníamos a Mortadelo, Anacleto y si queriamos un periodista en cómic teníamos al Reportero Tribulete que podría haber sido venerado por una profesión tan chauvinista como la periodística en vez del niño de los bombachos (bueno tambien estaba Roberto Alcazar, pero ese también merece un blog aparte).

Tintín de joven te puede entretener pero, al igual que otros personajes de ficción, pertenece más al mundo comercial de las camisetas, figuritas, tacitas y demás avalorios. A mi me encantaba ‘Starcky y Hucht’. No os podeís imaginar la vergüenza al ver un capítulo de la serie hace poco.

Quizá su secreto sea la nostalgia. Entre otros muchos (bastante mejores) nos recuerda cuando con once años íbamos a la biblioteca o la casa de nuestra tía y viajábamos por mundos de piratas, rufianes y exploradores.

miércoles 23 de enero de 2008

El móvil de Triviño

Los fines de semana en la nueva sede del periódico están siendo un poco raros. Durante la semana hay ocasiones en que es bastante complicado encontrar El Mundo o El País para poder echarlo un vistazo. Sin embargo, los fines de semana tenemos todos los periódicos españoles (con edición nacional) y una gran parte de los europeos. Podemos leer La Gazzetta dello Sport, Liberation, The Sunday Times o The Mail on Sunday.

Precisamente de este último queremos hablar hoy. De los ingleses admiramos muchas cosas: su té, algunas de sus series de televisión, su cine social (Full Monty Lloviendo piedras, etc), sus galletas, sus escritores, algunos de sus músicos y sus increíbles ciudades. Pero también "odiamos" (entre unas grandes comillas, por favor), su clima, que conduzcan por la izquierda, su alimentación (porque al sándwich de pepino con mantequilla no se le puede llamar nunca comida), que no hayan adoptado el euro y el diseño de alguno de sus periódicos (no todos, por supuesto).

Concretamente de The Mail on Sunday, una recopilación de todo lo que no se debe hacer si no quieres que te tachen de periódico sensacionalista. Ellos lo son y no les importa, pero ¿sería esto posible en España?

Todos conocemos cómo es el diseño de estos periódicos, pero vamos a ver por qué con cada página que pasamos de este periódico recibimos un golpe en la retina del que es difícil recuperarse.

Titulares gigantescos, tramas en los títulos y/o fotos, imágenes pixeladas, desproporcionadas o silueteadas sin ton ni son, subtítulos casi más largos que el propio tema, publicidad al más puro estilo Bakunin o el uso indiscriminado del color (en una azúl, en otra amarillo) son solo algunos de los ejemplos. Y mi "favorita", siluetas encima de los titulares. Genialidad, creación, que dirían los chicos de Muchachada Nui.

He aquí algunas muestras de titulares, subtítulos, siluetas, etc:


Y aquí un par de ejemplos del uso del color:


Y aquí viene(n) la(s) pregunta(s) del millón. ¿Es necesario?, ¿tiene que ser realmente así?, ¿por qué el caos domina todo esto?, ¿es este caos el único orden en el que pueden diseñarse estos periódicos?, ¿la gente que los compra no se siente un poco mareada cuando termina de leerlos?, y por último y no por ello menos importante, ¿se merece Inglaterra un diseño periodístico de este calibre? 

Por Dios, si Triviño ha estado varios meses en Reino Unido rediseñando los periódicos de Murdoch, ¿no podían haberle pegado un toque al móvil?.

sábado 5 de enero de 2008

Carta a los Reyes Magos

En este mundo del diseño hay dos tendencias: los maqueros y los peceros. Para los primeros, Mac ha sacado el producto definitivo. Para verlo, pinchar aquí. No os decepcionará e incluso a los usuarios de PC les hará replantearse la vida. El equipo de encajabaja ya ha encargado 5 en su carta a los Reyes Magos. Recomendamos la visita guiada y estudiar detenidamente los accesorios.

viernes 4 de enero de 2008

Otro mito

La prensa escrita se muere. En realidad se ha muerto ya varias veces, de ser ciertas las profecías de esos visionarios agoreros que llevan años, muchos años, anunciándonos con voz grave el inevitable fin de los periódicos. Sucede con estos gurús de la comunicación catastrofista como con todos aquellos profetas apocalípticos de antes del año 2000 que fijaban una fecha precisa para el fin del mundo y cuando la fecha llegaba y el mundo seguía volvían a fijar otra para dentro de unos meses o unos años, esta vez sí que sí, de verdad de verdad de la buena que el mundo se acaba. Como los periódicos.

Antes del año 1000 también se multiplicaron los fines del mundo, como antes de internet ya hubo muertes anunciadas para los periódicos. Porque los diarios, evidentemente, serían incapaces de sobrevivir en los comienzos del siglo XX a un medio que te contaba las noticias de forma inmediata, en tu casa, y gratis, sin necesidad de que tuvieras que ir al quisco al día siguiente y pagando por noticias del día anterior. ¿Se dan cuenta de las asombrosas analogías entre radio e internet, comienzos de los siglos XX y XXI? Ayudaron mucho a esos negros augurios, como ahora, el que las tiradas entonces millonarias de la prensa bajaran. Pero como pasaron los años y los periódicos, tozudos, se resistían a morir, tuvo que venir otro medio de comunicación de un éxito arrollador que, por eso mismo, sería la puntilla definitiva. ¿Quién puede competir con la televisión?

Pues han tenido que inventar otro medio nuevo, absolutamente fascinante, para llevar a cabo la siniestra misión que se encomendó a sus predecesores y... fallaron. Pero éste sí. Por si fuera poco, a las virtudes de los anteriores, la inmediatez, la gratuidad, el dinamismo y el espectacular impacto visual, todo en uno más la interactividad, se añade que cuenta a su favor con el mito. Y un mito ya dijimos que se interioriza sin reflexionar como si fuera una verdad incuestionable de manera tal que todos damos por hecho que los periódicos desaparecerán o, al menos, se empieza últimamente a matizar, "desaparecerá el soporte en papel para la prensa escrita". No hay estudio sesudo de comunicólogo, asesor o consultor que se precie que no tenga esta curiosa afirmación, hecha ahora, cuando precisamente se imprime cada día más papel que nunca en la historia. Y eso sí que da miedo, más que el que se empeñan en querer alentar los gurús del "vamos a morir, todos". Como curioso resulta que el periódico más importante del mundo, a pesar de su muerte inminente, acabe de inaugurar una nueva sede, todo un rascacielos en la ciudad de Nueva York para que allí dentro escriban el diario, junto con su división de internet, esos portales de información que tienen éxito... por contar con el respaldo y la credibilidad de un gran periódico. De los que se van a morir, seguro vamos...

Claro que como siguen pasando los años y los números de los periódicos impresos en sus cabeceras también, pues hay ya también quien empieza a querer curarse en salud afirmando que si no desaparecen, al menos "cambiarán", "deberán adaptarse a los tiempos de internet" o será su fin. ¡Tachán! Pero si es de Perogrullo, hombre, ¿cuándo no han cambiado los periódicos?, ¿es que tienen que ver algo los periódicos de ahora con los editados a principios del siglo XX, o con los de hace tan solo 20 años? Los periódicos siempre cambian, cada día son un poquito, muy poquito, diferentes del día anterior. Pero, claro, para darse cuenta hace falta, como mínimo, hojearlos diariamente o, mejor aún, leerlos.

Al final, no sabemos cuándo porque nosotros no vemos el futuro, es posible que se acabe el papel, o que sea tan escaso y caro que resulte prohibitivo. Que se destruya el planeta por el impacto de un meteorito o que el cambio climático derrita la tinta según salen los ejemplares de la rotativa y entonces sí que tendremos que echar el cierre. Seguro que algún ventajista se apunta entonces para decir: "¿ven, ven como los periódicos iban a morir?" Mientras tanto, los periódicos seguirán contando, además de con las ventajas propias de su increíble soporte, con un elemento que ninguno de estos gurús menciona nunca: la fuerza de lo que está puesto por escrito en un papel.

miércoles 2 de enero de 2008

El crítico espontáneo

Han pasado muchos años desde la primera vez que diseñé una página. Todavía no se había inventado la visualización y teníamos que imaginarla. Se metían claves, se aplicaban comandos, se utilizaba el tipómetro, pintábamos a mano con lápiz encima de una plantilla con los límites ya marcados de las columnas y el ancho de la página (astralón). Todo esto era muy técnico.

Desde que se inventó la visualización nos han facilitado mucho el trabajo. Ahora no tienes que imaginarte el diseño, ahora lo vas pintando con elementos ya establecidos que recuperas de un catálogo, biblioteca o página anteriormente hecha. Como decía, nos ha facilitado mucho el trabajo. Pero... Nos ha creado un pequeño problema. Tenemos espectadores, público, críticos espontáneos de arte que gratuítamente nos dan su opinión. No cuando el trabajo está hecho sino cuando lo estamos elaborando. Y, a ti, amigo maquetador, cuántas veces no te han dado ganas de levantarte y decir: ¿por qué no lo acabas tú?

Cada uno tenemos nuestras manías a la hora de realizar un diseño: unos pintan primero la información principal; otros los bloques de foto, algunos seleccionan las imágenes que van a utilizar y la mayoría aprovechan diseños ya hechos para variar un par de elementos y no tener que buscarlos uno a uno. Como títulos, pies, textos, etc. Pues todo esto está sometido a la crítica del observador espontáneo y a su NO conocimiento del sistema.

He visto a personas que tenían un control mayúsculo del programa de diseño y un conocimiento del ordenador que para sí lo quisiera Bill Gates aterrarse a la hora de pintar una página con espectadores críticos. Además el miedo era proporcional al cargo que tenía el que le estaba mirando y de lo cerca que estuviera la hora de cierre. Si es un plumilla, inquietud turbadora; si es un jefe de sección, nerviosismo creciente; redactor jefe, extraños tics; y a partir de subdirector, todo lo anterior más aptitud balbuceante y pérdida de memoria. Son buenos diseñadores y la mayoría están trabajando en un semanal o en un mensual en donde la presión del exigente público sólo ocurre el día del cierre.

Que conste que no todos los que se sientan a tu lado son iguales. Con muchos, además de pasar un buen rato con chascarrillos y bromas, aportan ideas que nos sirven para mejorar la página.

Particularmente no me imagino detrás de alguién que escribe una crónica diciéndole: `Has escrito mal esto`, `Le falta un acento aquí`, `No me gusta como te está quedando ese texto`, etc. Esperaría a que acabara. Y también opinaría de lo que sé. No de lo que no tengo ni XXXX idea.

lunes 24 de diciembre de 2007

Fun, fun, fun


Ya ha llegado la Navidad. Parece que fue ayer cuando dejamos los últimos calores del verano. Pero ha llegado y es época de buenos deseos y mejores sentimientos.

Dejemos a un lado, aunque sea por un instante, el trabajo y centrémonos en los que están a nuestro alrededor y que nos dan todo su cariño y apoyo en los momentos difíciles. Un brindis por ellos. Qué sería de nosotros sin ellos...

Por nuestra parte, queremos desear a nuestros amigos lectores/as que 2008 sea un año lleno de proyectos exitosos y que se cumplan todos vuestros deseos, tanto a nivel personal como profesional. Aquí estamos preparando varios proyectos para el año que viene con los que esperamos que disfrutéis tanto como nosotros.

Pero sobre todo queremos darles las gracias por estar ahí día tras día, por confiar en nosotros, por sus comentarios, por sus mails, por sus ideas... Muchas gracias a tod@s.

Lo dicho, FELICES FIESTAS.

El equipo de encajabaja

jueves 20 de diciembre de 2007

Fútbol y diseño

Los aficionados al fútbol se dividen entre quienes van a ver las jugadas personales del crack del momento y los que admiran el juego colectivo de su equipo. Aunque se pueden hacer otras muchas clasificaciones, hoy nos interesa ésta, en la que parecen ganar por mayoría los integrantes del primer grupo porque lo que toca ahora es admirar la jugadita personal, el malabarismo más propio del circo que las televisiones repiten durante toda la semana hasta que llega la jornada siguiente para retransmitir nuevos regates, bicicletas, rabonas, chilenas y el gol del siglo que se marca cada siete días, mejor en acción individual. No obstante, todavía quedamos algunos amantes del juego colectivo, de esas jugadas mágicas de absoluta precisión y velocidad, ejecutadas al primer toque entre varios jugadores. Una asombrosa combinación de inteligencias.

También en el diseño existe el juego preciosista e individual de los llamados artistas y el juego colectivo de una buena sección de maquetación de un periódico, donde los autores somos el conjunto y el resultado es una obra colectiva, el periódico, que además de piezas personales en forma de columnas de opinión se construye con un lenguaje que también se califica como lenguaje colectivo por algunos autores (imprescindible "El lenguaje de la prensa", de Bernardino M. Hernando, 1990) y que no por ello deja de tener personalidad. Los periódicos bien hechos la tienen y resulta interesantísima. Es como si todas las páginas estuviesen diseñadas y escritas por una sola mano pero con la participación real de muchas. Cada día. Y no todos los días las mismas, nos vamos turnando.

El máximo exponente de este lenguaje periodístico lo representa el semanario inglés ‘The Economist’, publicación dedicada a la economía y la política en la que no se firman los textos y en donde brillantísimos redactores aspiran en cada artículo a alcanzar ese lenguaje colectivo ideal, propio de la publicación para la que trabajan, una de las más prestigiosas e influyentes del mundo por cierto. Sólo los directores salientes tienen derecho a firmar un editorial y su lema es "muchas manos escriben pero hablan con una voz colectiva. Lo que se escribe es más importante que quien lo escribe".



Claro que hablábamos de fútbol, y en este sentido no quisiera que se enfadase nuestro muy querido Baruch allá en su Buenos Aires pero tengo que decir, no puedo callarlo por más tiempo Norbi, tengo que confesar a los admiradores del mencionadísimo delantero del Barcelona Leo Messi que su juego excesivamente individualista ("chupón" se llama acá, no sé allá) es un claro ejemplo de lo que las televisiones promocionan machaconamente, tal vez, sólo tal vez, de manera sobrevalorada. El chico vale, tiene maneras, hace cositas, eso no podría negarlo, pero para ser el mejor del mundo como le están bautizando últimamente le haría falta, en primer lugar, no jugar en el Barça y, después, que se retirase un futbolista, perdón un Futbolista, que juega en la misma liga con una entrega, una calidad nunca reconocida y un espíritu de equipo que nadie hasta la fecha ha tenido y que los adocenados periodistas deportivos nunca calificarán como "el mejor del mundo" porque encarna valores colectivos, como los grandes periódicos. ¿Les suena Raúl González, delantero eterno del Real Madrid?