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viernes, 12 de mayo de 2017

10.000 números del diario El Mundo (II)

Como ya publicamos en la anterior entrada del blog, el periódico El Mundo, en el que trabajamos una parte del equipo de encajabaja y el resto lo ha hecho hasta fechas recientes, celebra esta semana sus 10.000 números y por ello ha lanzado un suplemento extraordinario de 184 páginas en el que aborda la historia del diario tanto desde el punto de vista de sus contenidos periodísticos: exclusivas, reportajes, investigaciones, opiniones, etc.; como desde el punto de vista gráfico: ilustraciones, infografías, fotografías, diseño...

En la primera entrega nos hicimos eco del artículo publicado en dicho suplemento por Mario Benito sobre los distintos rediseños del periódico, y en esta segunda lo hacemos con la columna de opinión publicada en el mismo por Javier Vidal, jefe de Diseño del diario El Mundo y miembro del equipo de encajabaja, titulado con el mismo lema que nuestra web: Maquetar es informar, toda una apasionada declaración de intenciones y toda una forma de ver, entender y vivir el diseño periodístico como una especialización del periodismo.



Maquetar es informar

El diseño de las páginas sólo obedece a una máxima que es sagrada: la información a la que sirve. El impacto, la sorpresa, son objetivos a los que hay que aspirar para completar un producto redondo, pero que no siempre son necesarios. Lo primero es la historia que se está contando. El conjunto de elementos, su disposición en página, el orden, el ritmo,  la mancha de la tipografía, informan tanto como una buena foto, o un gran texto. A veces, y que me perdonen si alguien se ofende, incluso más y mejor.

El diseño de este periódico ha sido a lo largo de sus 10.000 números un referente para diseñadores de todo el mundo. El conjunto de sus publicaciones, suplementos, documentos, especiales y revistas han obtenido las mayores distinciones nacionales e internacionales. Su evolución en estos casi treinta años ha sido constante y frenética, en una persecución diaria de la excelencia que merecen los lectores de sus páginas. 

Audacia, innovación y elegancia, han sido desde el primer día los rasgos identificativos del diseño de EL MUNDO, que ha sido pionero en tantas cosas en España como, por ejemplo, en su apuesta decidida por la ilustración y la infografía, elevándolas a la categoría de arte diario impreso. Los mejores ilustradores, los mejores infografistas, los mejores fotoperiodistas y, por supuesto, los mejores diseñadores han dignificado las páginas de este periódico a diario con su impresionante trabajo.

Porque un periódico es una cosa muy seria. Y muy difícil de hacer. Y sólo la suma de muchísimos talentos y disciplinas conjuntas consiguen que al terminar la jornada se produzca ese milagro que se da entre tintas y planchas. Y el diseño, la maquetación, en su tira y afloja diario, muy terco a veces, con el resto de secciones del periódico garantiza que esa proeza diaria en busca de la belleza y la propia identidad termine en éxito… al menos, por hoy. Mañana será otra batalla...


Aunque las redes sociales e internet han cambiado mucho la percepción y el conocimiento  de los lectores sobre nuestro trabajo, durante muchos años, la labor de los diseñadores ha sido de práctica invisibilidad. Al contrario de lo que pueda parecer, eso es buena señal. Cuando un diseño funciona se vuelve invisible y se rinde a su función, a su contenido. De ahí que generalmente, el maquetador medio se encuentre bastante cómodo en el calorcito del anonimato… El diseño eleva, completa, potencia un producto periodístico. Pero difícilmente lo vende. Si sólo hay diseño, si no hay fondo, mal síntoma… Por eso, me gustaría que estas líneas fueran mi humilde homenaje a tantos profesionales excepcionales (y por eso, prácticamente invisibles) que han pasado por esta redacción. A Carmelo y a Manolo, por su inabarcable talento y excelencia. A Cándido, Isabel, Mariví, Jose, Lola, Fernando, Esmeralda, Juan Carlos, Quique, Mario, Yolanda, Miguel, Jorge, Carmen, Mer, Astrid,  María, Luis, Nora, Elena, Mercedes, Laura y a tantos otros de los que seguro que me olvido injustamente…  Y a Rodrigo, naturalmente, por estar como un cencerro y atreverse a darle semejante empujón de confianza, ilusión, nuevas metas y retos imposibles a este maravilloso ejército de Pancho Villa.

Javier Vidal


martes, 12 de julio de 2016

A veces

A veces pienso que el error comenzó en los años 90 del siglo pasado, no hace tanto, con los textos cortos, los despieces, las páginas visuales, el color, el diseñismo...


El argumento eran tan sencillo, tan simple, tan simplón, como que "a la gente le interesa la televisión, así que los periódicos tienen que parecerse a la televisión". ¿Que se creen ustedes, que los gurús son cosa exclusiva del mundo digital? ¿Que nacen, crecen, se multiplican mucho y su fecha de caducidad es muy corta sólo ahora? No. Incluso sufrimos una burbuja de 'consultores' pagados a precios de escándalo en aquellos tiempos de bonanza en los que se atisbaba ya lo que podría venir. "Que la televisión es visual, pues los periódicos tienen que ser visuales." Son 5.000.000. De pesetas. La consulta, digo. "Los textos deben ser muy cortos, nadie lee más de dos o tres párrafos, nadie tiene tiempo, escriban ustedes una noticia de un telediario y verán qué pocas líneas ocupa."

Los periódicos tuvieron que ser como la televisión siguiendo la estela del mundialmente exitoso USA Today con su famosa, mítica ya, página del tiempo a la manera de los noticiarios televisuales porque a la gente, al público, a la audiencia, a los usuarios, les interesaba sobre todo, o sobre todo y nada más, la televisión. Pero los periódicos eran (¿son?) un producto informativo de lectura. Con lectores.

"Un periódico tiene que ser como la televisión." ¿A que ahora suena como una auténtica parida? Pues entonces te decían muy serios y muy bien vestidos que hay que ir a donde esté el público, hay que ser lo que quieren ellos que seamos, lo que les interese. ¿Les suena? Sólo que si dejas de ser lo que eres, dejas de ser. Esto no te lo decían. No te lo dicen.

Una red social, una aplicación, una empresa de software, un 'espacio cultural', un plató de televisión, un lugar de encuentro para tuiteros o un espectáculo con entradas a la venta para que vengan a ver cómo trabajas y disfruten del vibrante interior de una redacción en vivo, entre otras muchas ocurrencias más que seguiremos viendo venir si es que da tiempo, no son productos de lectura. No son un periódico ni un periódico es eso. No es eso, que dijo el filósofo, no es eso...


Y es que un periódico es (¿debería seguir siendo?) algo hecho fundamentalmente para leer. ¿Eso quiere decir que haya que renunciar a un diseño periodístico de excelencia? No tengo ni que contestar a esta pregunta retórica porque mi trabajo consiste precisamente en eso. Diseño al servicio de contenidos periodísticos. El mejor que se pueda hacer, todo el talento visual puesto al servicio de la información. Maquetar es informar.

Pero un periódico no se hacer para ser mirado, contemplado, modificado o configurado por usuarios en vez de lectores. Eso son otras cosas, otros productos informativos o de simple entretenimiento, que también pueden y deben ser interesantes, pero que no son un periódico.

Ricardo Curtis, mi primer director de Arte en el diario El Sol, uno de los mejores diseñados en la historia del periodismo español, muy visual, y uno de mis maestros junto a su inseparable Pedro Pérez, amigos ambos muy queridos aunque nos veamos cuando nos veamos y con el tiempo entre medias que sea porque la amistad no entiende de plazos de visita, me dijo hace relativamente poco: "No sé si nos equivocamos. Entonces lo teníamos muy claro, ahora no lo tengo tanto." También yo lo pienso a veces. Sólo a veces.

viernes, 24 de junio de 2016

Diseñar el #Brexit

No sé si al Reino Unido se le puede denominar "reino" con total propiedad, pero de lo que realmente estoy convencido es de que "unido"... no está. Como el resto, vamos.

Existe un Reino Unido, en especial una Inglaterra, maleducada en colegios públicos de ínfimo nivel que sale de su país para ver partidos de fútbol de sus equipos o de su selección y de paso emborracharse hasta un grado en el que les parece divertido destrozarle la cabeza a cualquiera que se ponga por delante vestido con otros colores, o con otros colores en su piel. Que tiene en su menguado y rígido intelecto la idea de que irse de vacaciones consiste en viajar a España y emborracharse hasta un grado en el que les resulta divertido suicidarse tirándose desde el balcón hasta la piscina del hotel. El que regresa, ¿piensa? después que hay que limpiar su país de extranjeros, como bien les aconsejan unos políticos patriotas, los mismos políticos que han diseñado esa educación pública para ellos.

Y existe esa otra Inglaterra que envidio desde siempre con una envidia a la que se pueden poner los adjetivos que se quieran menos el de sana, de excelencia en la educación y el trabajo, de un libre comercio que ha llevado que las ideas viajen con la misma libertad, de la música popular más avanzada que se haya compuesto hasta el momento, de parlamentarismo y democracia, de escritores y filósofos, de humor inteligente, de asilo político y refugio de la libertad.

"Paletos", ha calificado esta mañana el filósofo Javier Gomá —lean a Gomá si no lo han hecho todavía, reléanlo en caso afirmativo como me dispongo a hacer yo este verano— a la mayoría de ingleses que han votado abandonar la Unión Europea. Curiosamente, la misma palabra que utilicé yo un día antes de la votación para calificar el diseño de esta portada:


¿Paletos? en Mijas (Málaga), leyendo con entusiasmo el periódico paleto. (EFE)


Existe una Inglaterra con la prensa más zafia del mundo en la que también se publica el que, posiblemente, al menos para mí, es el periódico mejor diseñado del mundo.




A ver si adivinan cuál de estos dos 'estilos' de diseño periodístico está a favor del estúpido #Brexit y cuál de ellos diseñó el ya utópico #Remain.


lunes, 1 de febrero de 2016

Via Solferino, 28

En el número 28 de la Via Solferino de Milán hay un templo del periodismo. Algunos dicen que es un museo, pero para mí es un templo. Del periodismo y de la cultura. Un templo y un símbolo de la propia Italia que los periodistas que tienen el honor de trabajar en él defienden a brazo partido ante el imparable avance de los bárbaros financieros, contándonos con orgullo en sus pasillos que "ni los fascistas pudieron ocupar este sitio en los años 30 del siglo pasado".

En las paredes de este imponente edificio centenario hay colgadas fotografías en blanco y negro con los más destacados escritores, intelectuales de cualquier disciplina y periodistas que han escrito en las páginas del periódico que tiene su sede allí, así como de todos sus directores. Casi no queda pared libre después de más de 140 años de excelencia y los retratos suben y bajan también por los muros de las escaleras principales. Leonardo Sciascia, Alberto Moravia, Rafael Alberti, Indro Montanelli...

Estuvimos allí, nos habían hablado del lugar y queríamos desde hace mucho tiempo visitarlo. Caminamos rodeados de amabilidad y hospitalidad por esos pasillos y por las distintas dependencias en las que están las secciones del periódico porque, al contrario de lo que sucede en España o en las redacciones de la prensa anglosajona que hemos visto en tantas películas, no hay una sala diáfana grande en la que se agrupe toda la redacción. Entramos a la mítica sala de reuniones donde se decide lo que se publica cada día en primera página y estuvimos paseando después por la fría noche de Milán con el alma encogida.

En el número 28 de la Via Solferino de Milán está la sede del Corriere della Sera.


Puerta principal del Corriere della Sera en Via Solferino, 28, Milán

Patio interior


Escalera principal y pasillo de la planta superior en el que están los despachos del director y la sala de reuniones, con retratos de los más destacados escritores y periodistas que han publicado en las páginas del diario


Leonardo Sciascia, Alberto Moravia, Pier Paolo Pasolini.

Indro Montanelli, histórico director y uno de los periodistas más prestigiosos de todos los tiempos y lugares.

Sección de la página web del diario.


Dos imágenes de la sección de Diseño, donde se confeccionan las páginas.


La mítica sala de reuniones.

Sala que alberga la sección de Economía.


Via Solferino, 28, Milán. Corriere della Sera

viernes, 15 de enero de 2016

Acabar a lo grande








Esta es la cobertura que realizó nuestro periódico el lunes sobre la muerte de David Bowie: Los ojos 'bicolores' del genio británico del Pop mirándonos por encima de la cabecera de la portada, obra del gran Ulises Culebro. Una fabulosa ilustración de Ricardo Martínez, para quien se nos acaban ya los calificativos, abriendo la sección de Cultura (ilustración que, por cierto, y a pesar de su increíble complejidad técnica y tamaño, se tuvo que realizar en un tiempo récord por una de esas historias que no se pueden contar por formar parte de lo que puede denominarse "lo que pasa en el vestuario..."). Una primera página doble con la crónica de Darío Prieto y una opinión de Loquillo. Otra segunda página doble con opiniones de Tomás Fdo. Flores, Javier Menéndez Flores y Julián Ruiz. Otra tercera página doble con informaciones de José Manuel Gómez, la relación de Bowie en el cine escrita por el siempre brillantísimo Luis Martínez y con la moda, en un análisis de Leticia Blanco. Un friso en la parte superior de todas estas seis páginas con un completo trabajo de edición sobre la discografía de Bowie. Y, finalmente, otra página con un obituario escrito por Pablo Gil, especialista en música.

Posiblemente, la manera más apropiada para contar el final a lo grande que ha tenido de uno de los grandes. Porque no se puede morir de una manera más genial que ésta:




No tengo los datos, no quiero siquiera preguntar por ellos, pero me temo que todo este despliegue de talento en contenidos, diseño, edición... calidad periodística en suma, no ha supuesto que vendiéramos el martes un sólo periódico más. Posiblemente sucediera todo lo contrario, porque si la tendencia es que la difusión de los periódicos impresos sigue y seguirá cayendo, entonces este martes habremos vendido menos periódicos que el lunes, día en el que a su vez se habrán vendido menos que el domingo... Lo propio de una sociedad que ha decidido prescindir de un bien público informativo y cultural que hasta ahora la enriquecía. Una sociedad que decide empobrecerse día a día. Y es que ¿alguien puede señalarnos una cobertura sobre la muerte de David Bowie de una excelencia similar a ésta que os mostramos hoy realizada en una página web? ¿Algo que dentro de un tiempo pudiera recordarse?


lunes, 14 de diciembre de 2015

¡Es el periodismo, estúpidos!

Una de las razones para prestar atención a lo que dice, a lo que escribe, Javier Errea es que dice lo contrario de lo que todos dicen, y como todos nos equivocamos a tenor de cómo estamos todos los medios periodísticos, es de suponer que tal vez Errea no se equivoque mucho. Y, razón de más para ese necesario interés por sus ideas, es que defiende de forma apasionada y radical justo lo opuesto de lo que nos venden tanto gurú y consultor suelto como pululan como buitres buscando supuesta carroña que no lo es tal.

Defensa apasionada, decía y es otra de las razones para escucharle atentamente, porque Javier Errea ama los periódicos impresos. Como los ama Carlos Pérez de Rozas, apasionadamente, y Pedro Pérez Cuadrado y Rodrigo Sánchez y Fermín Vílchez y... Como los amamos nosotros a nuestra humilde manera.

«Lo que distingue al periodismo es contar historias. Nuestro valor añadido es ése; en todo lo demás nos ganan las empresas tecnológicas»
«El papel y lo digital son medios complementarios; lo que dudo es si una misma empresa puede hacer las dos cosas a la vez. Nos hacemos la competencia a nosotros mismos. Igual hay que elegir para ser realmente imprescindibles»
«En cualquier caso, el papel pervivirá. Yo no sé por qué hay responsables de medios que lo critican cuando siguen viviendo del papel. No lo maten antes de tiempo...»
[Entrevista de Mitxel Ezquiaga a Javier Errea para el Diario Vasco con motivo de la presentación del libro de Javier Errea]

«Es cuestión de convicción: ¿te gusta o no te gusta este oficio? Si no te gusta, si no sientes pasión por él, vete a otra parte. Sobran mercadólogos y contadores (de euros), faltan contadores de historias»
[Entrevista de Nacho de la Fuente a Javier Errea en su blog 'La Huella Digital.es' de La Voz de Galicia, también con motivo de la presentación del mismo libro] 


Amor y pasión mientras que los gurús del digitalismo mal entendido, el dominante, parecen por contra detestar a los periódicos impresos, al papel, regodearse en que nos vaya mal. Celebran la mil veces anticipada catástrofe final que todavía no llega, oh qué pena no se mueren aún, como si fuera un éxito propio, una prueba de que tenían razón matándonos y de que pagarles por profetizar banalidades en realidad no es tirar el dinero cuando en realidad lo es. Mejor utilizarlo en contratar, o en mantener y no despedir, periodistas. De los buenos. De los que generan contenidos. Nuestra profesión.



Todo esto, y mucho, y mejor, más, lo lleva escribiendo Javier Errea en su blog 'erreadas', sí en internet, desde hace cinco años. Lo hemos citado y recomendado aquí, lo hemos enlazado incontables veces en las redes sociales en las que Errea no quiere estar. Ahora, lo recopila y hace una selección que yo, por ejemplo, sería incapaz de hacer porque lo destacaría todo y así no vale, para imprimirla en papel y darle él mismo forma de libro con todo lo que ello conlleva y que no necesitamos explicar a quienes ya lo entienden y aprecian porque llevamos defendiendo la complementariedad entre lo impreso y lo digital desde hace muchos años. Nosotros no queremos renunciar a nada. No queremos empobrecernos voluntariamente. Y mucho menos a las 'erreadas' impresas en glorioso papel.

Este jueves, 17 de diciembre, Javier Errea presenta en la librería Auzolan de Pamplona 'El diario o la vida. Una defensa a tiros de los periódicos y del periodismo', su primer libro. No voy a poder agradecerle en persona la invitación que me ha enviado, no voy a poder estar en Pamplona por motivos de trabajo, pero lo hago desde aquí. Como le agradezco infinitamente lo que escribe y que lo publique ahora impreso. 

Ah, que ¿quién es Javier Errea? Pues lo mismo que sobre la necesidad de explicar la importancia de algo impreso en papel, que a aquellos lectores que no sepan quién es Javier Errea... no va destinado este humilde artículo.



Entrevistas a Javier Errea con motivo de la publicación de su libro:


Entrevista de Nacho de la Fuente en 'La Huella Digital.es' a Javier Errea: «El periodismo está muy por encima de tanto gurú, tanta moda… y de los propios periodistas»

Entrevista de Ana Isabel Cordobés para Diario de Navarra. Javier Errea: "No estamos en la Edad de Oro del periodismo, hay una crisis profunda del periodismo. No sentimos al periodismo tan necesario como antes y la gente se conforma con cualquier cosa"

Entrevista de Leire Escalada en Navarra.com a Javier Errea: Tengo una imagen, que imagino que he construido yo mismo, de ser un tío que defiende lo impreso y está en contra de lo digital. No es verdad. Cada uno tiene su función, su misión. Yo estoy en contra de la esquizofrenia.

Entrevista (grandiosa) en 'Noticias de Guipuzkoa' (no está firmada): "Las redes sociales no están beneficiando al periodismo. ¿En qué ha mejorado un periódico con las redes?, que me lo diga alguien. Al contrario, está detrayendo recursos y generando un supuesto debate en un ámbito que es mucho menor del que creemos o nos hacen creer. A mí me parece que las redes desenfocan la labor del periódico, tanto si es digital como de papel."


Actualización:

Imagen de la presentación del libro de Javier Errea en la librería Auzolan de Pamplona (imagen de Errea Comunicación), que nos envía amablemente Miguel Ángel Jimeno:




jueves, 12 de febrero de 2015

Jill Abramson, las historias y
el futuro del periodismo

Jill Abramson arrastra las últimas palabras de sus frases. Habla con aplomo y tranquilidad, sabiendo que su auditorio no sólo la oye, también la escucha. Más de 600 personas, muchas de ellas periodistas, que se han juntado en la tercera edición de Conversaciones con para escuchar a la ex directora del The New York Times

Abramson venía a transmitir el conocimiento que le aportó dirigir el periódico más importante del mundo. A dar la receta para el futuro del periodismo. Una receta conocida, tan vieja como la propia profesión, pero que muchos han olvidado, algunos incluso desterrado: el periodismo son historias, son su materia prima.

“La gente siempre ha tenido hambre de buenas historias, es algo muy antiguo”. La hubo con Dickens y la hay ahora con Serial, el podcast del millón de oyentes. La hubo con el Watergate y la hay ahora con el caso Snowden, la lista Falciani o Snow Fall




Pero Abramson también trajo el diagnóstico de dos enfermedades que puede postrar al periodismo en la UCI. Una del futuro y otra del presente, íntimamente relacionadas. De futuro porque las universidades se están quedando sin estudiantes de Humanidades, obsesionados “por tener un título que poner en el currículum”, presionados por el ambiente para obtener un empleo rápido, sin saber que las buenas historias “también dan trabajo” y que una buena historia “te acompaña durante toda la vida”. 

Y una de presente, la censura, ya sea de gobiernos democráticos, como la presión de la administración Obama a los periodistas o nada democráticos, como el chino y su apagón de la web del NYT. Censura impuesta o censura auto impuesta, sólo combatible desde la libertad de prensa, aquella que defiende la primera enmienda, “la más importante de todas”.

Jill Abramson durante la charla. Foto: conversacionescon.es


Continuaba Abramson con el diagnóstico del enfermo y sus achaques, herido de gravedad en su  modelo de negocio. “No podemos poner todos los huevos en la misma cesta”, decía refiriéndose a la publicidad y defendiendo el muro de pago, “la decisión más difícil durante su etapa en el diario neoyorquino”, según sus propias palabras. “El modelo de negocio no es la publicidad o los suscriptores, es el buen periodismo”, insistía. Porque la gente “seguirá pagando por buenas historias”. Ya lo hace la publicidad, crear buenas historias, grandes narrativas para vender sus productos.


No se trata de periodismo impreso sí o periodismo impreso no. “Hay que superar ese debate” del soporte. Se trata de periodismo, “hay que centrarse en la calidad del periodismo”. Todavía hay gente que quiere leer grandes historias, “la audiencia es global”, y se "puede seguir ganando dinero con ellas", recordaba Abramson, de 60 años. “Entrar en las historias con mente abierta y exponer a fondo la realidad” es la clave para contarlas. Encontrar la historia que nadie tiene y contarla es “el ticket hacia el éxito”. Es el camino para el futuro del periodismo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Un periódico de niños... y por los niños


El que tiene niños sabe que son maravillosos porque son espontáneos, impredecibles y auténticos. No les importa ni lo que piensen de ellos, ni equivocarse, ni tienen miedo cuando se lanzan de cabeza, los insensatos, contra algún muro de piedra que llevaba ahí, inmóvil como una costumbre, durante años.






Ayer, el periódico EL MUNDO, que celebra sus 25 primeros años, conmemoraba el 25 aniversario de la Convención de los Derechos del niño. Y lo hacía maravillosamente ilustrado, bellísimamente enriquecido por los dibujos (no os perdáis los vídeos de los pequeños), las ilusiones y los sueños de muchos niños de Educación Infantil y Primaria, de colegios públicos, privados, niños malitos del Hospital Niño Jesús, de un poblado de chabolas de Madrid, angelitos discapacitados de un centro de educación temprana... Niños que ayer jugaron a ser mayores, a ser periodistas, a menearse con el gesto de Ricardo por un día, o de Gallego o de Rey. A competir con Ulises por un puesto en la redacción o a ser Casimiro por un día. Niños que, a lo mejor, ayer escaparon durante unas horas de su habitación del hospital, o que conocieron una redacción por primera vez. A lo mejor ayer alguno se infectó ayer de ese veneno malo que corre por las venas de los periodistas...




Fotogramas de los vídeos que muestran a los niños dibujando con los ilustradores del periódico.


Esta idea alocada, propia de un niño o de un bombero, surge del gran fotógrafo Alberto Di Lolli.  La propuesta estaba ahí, básicamente. Di Lolli trasladó la idea a Rodrigo Sánchez, nuestro director de Arte, que fue el que le dio forma y la definió. Entenderéis que el mínimo pudor me impide adjetivar en exceso a quien dirige la sección en la que tengo la suerte de trabajar. Sólo os diré que si hay un niño que haya entrado tirando las cosas por los aires, que no le tenga el más mínimo respeto ni a las costumbres ni a los códigos, que esté siempre tramando alguna nueva trastada con una energía inagotable que échate tú a temblar cada vez que le veas entornar esos ojillos de niño cabroncete, ése es Rodrigo Sánchez. 






Entre los dos arranca esta maravillosa chiquillada. Y una vez más, y no es nada fácil, la redacción de EL MUNDO con sus jefes a la cabeza la respaldó. Lo que vino luego fue una maravillosa experiencia en la que los dibujos de mil ceras de colores y los textos negros sobre blancos fueron intimando hasta parecer inseparables. Las tribunas estaban brillantemente ilustradas. Las tiras de Ricardo y de Gallego y Rey lucían llenas de color. Incluso nuestros columnistas mutaron en cariñoso garabato infantil, fruto del talento infinito de Dario Jáuregui, de 11 años, hijo de nuestro compañero Pablo Jáuregui y de Martín Linde, un fenómeno también de 11 años que consiguió deslumbrar al mismísimo Ulises, veterano ya de cientos de guerras pasadas.

Retratos de los columnistas del periódico elaborados por Martín Linde y Dario Jaúregui . De izquierda a derecha y de arriba abajo, Manuel Jabois, Arcadi Espada, Victoria Prego y Raúl del Pozo.


Ni qué decir tiene que estas iniciativas suponen una bomba atómica en la sección de diseño. El periódico es (era) una bestia bien plantada, con sus automatismos, sus repeticiones y sus estilos y líneas rojas. De repente, todo salta por los aires. Pero esta sección de diseño está llena de niños respondones que se crecen en las adversidades. Como bien dice MAJ en su brillante texto de hoy en EL MUNDO, "la locura no se improvisa". En medio de la tormenta es cuando les bajan las pulsaciones a un grupo de trabajo del que nunca podremos contar suficientes virtudes. La paliza que se dio el miércoles nuestro Juan Carlos Caja luchando contra los folios de un periódico y siete delegaciones fue memorable. A su lado unos defendían el periódico del día y Esmeralda adelantaba el brillante despliegue del fallecimiento de la Duquesa de Alba. Todo el que pasaba por la sección salía con una sonrisa de allí. Pese a las carreras. Porque lo que ya se intuía pintaba maravillosamente. Espontáneo, impredecible, auténtico. Como los niños que lo habían hecho posible. Y como el periódico que planteó este reto en su páginas. Un periódico al que no le importa ni lo que piensen de él, que no tiene miedo a equivocarse, ni a lanzarse de cabeza, como insensatos, contra esos muros de piedra que siempre están ahi.  Y bastante cabroncete, como cualquier niño que se precie.



P.D. Tan maravilloso fue el trabajo de los niños que no sólo nos dieron una cabecera... nos dieron muchas. Y tuvimos que elegir entre varias de ellas. Salió la primera que veis aquí debajo, pero teníamos otras, igual de geniales.






Texto: Javier Vidal