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lunes, 18 de septiembre de 2017

El libro más bello jamás impreso




Aldo Manuzio no ha pasado a la historia por los libros que escribió de su puño y letra. No dibujó las ilustraciones, ni la mítica marca de imprenta que llevaban los libros de su taller que, en sentido estricto, tampoco era suyo porque el empresario y comerciante era su suegro, Andrea Torresani, quien, por cierto, años antes se había hecho con el negocio del francés Nicolas Jenson, creador de exquisitos tipos de letra que la imprenta aldina continuó utilizando junto con los que desarrollaron después y que han llegado hasta nuestros días. Como la letra cursiva, denominada también aldina en honor precisamente a Aldo, pero que tampoco es creación suya sino de quien grababa los punzones para él, Francesco Griffo, porque entonces —y durante varios siglos— los tipos de letra se  hacían a mano y Manuzio tampoco era un trabajador manual, un artesano. Podemos decir, pues, que Aldo Manuzio, que tampoco se llamaba así exactamente —Aldo Manuzio es la versión españolizada de la traducción al latín, Aldus Manutius, de su nombre italiano Teobaldo Manucci—, es el primero de nosotros. Uno de los primeros. Un precursor en lo de no saber hacer nada de una forma especializada, o en lo de saber qué es lo mejor que se puede hacer con el trabajo de otros, en unir las distintas disciplinas en un todo armónico que tenga sentido, como nos ha explicado en alguna ocasión de forma tan divertida el genial diseñador periodístico Rodrigo Sánchez: No, mamá, yo no sé dibujar; ni escribir; no mamá, yo no hago las fotografías del periódico; no, yo no soy el de la imprenta. "Entonces, hijo, ¿tú qué haces?"

Marca de imprenta del taller de Aldo Manuzio. Representa el lema latino 'Semper festina lente', que puede traducirse como "siempre apresúrate despacio" (festina sería el delfín, y lente el ancla).  Una filosofía para su trabajo centrada en alcanzar la excelencia, en cuidar al máximo cada paso en la etapa de impresión de un libro: los textos, los tipos de letra, el papel... "Vísteme despacio, que tengo prisa".

Hypnerotomachia Poliphili. Impreso por Aldo Manuzio en Venecia en 1499.

Todo esto sucedió en Venecia. En esa época que Vassari, en aquellos mismos años, bautizó como Rinascita, Renacimiento. Y de esta confluencia de saberes y oficios que aunó el gran Aldo Manuzio, su imprenta parió el Hypnerotomachia Poliphili —'El Sueño de Polífilo', se puede resumir—, el libro impreso más bello del mundo.



Hypnerotomachia Poliphili fue editado por Aldo Manuzio en Venecia, en diciembre de 1499. Es uno de los últimos incunables por la fecha en la que está impreso —se considera incunables, de la cuna de la imprenta, a todos aquellos libros impresos entre la invención de la imprenta por Gútemberg en 1453 y el cambio de siglo en 1500— y porque Manuzio alcanzó con su trabajo una nueva etapa que coincide aproximadamente con esta fecha, y con este libro maravilloso.

Es una obra anónima, pero sucede que la primera letra de cada uno de sus 38 capítulos forman un acróstico en el que se menciona "al hermano Francesco Colonna", sacerdote y monje dominico veneciano al que por esta razón se le atribuye la autoría del Polífilo. Existen otras teorías, no obstante, en torno al supuesto autor de tan fascinante libro, como la que expone Javier Azpeitia en su novela El impresor de Venecia, publicada el año pasado. Para Azpeitia, el autor del Hypnerotomachia Poliphili sería ni más ni menos que el filósofo y escritor humanista Pico della Mirandola, amigo y compañero de estudios de Aldo. "Todavía una cosa más, ni nombre no debe figurar", le hace decir Azpeitia al filósofo en su novela. "Se acabó Pico della Mirandola. Los libros los escribe  o Dios o el hombre, y este lo ha escrito el hombre. Con saber eso basta. Hay, para los que necesiten autor, un pequeño juego, un acróstico con las letras capitulares que los llevará a un nombre algo vulgar alejado del mío: Francesco Colonna." Una novela que merece mucho la pena, fascinante si el lector es además un enamorado de los libros, la tipografía, la imprenta.


Javier Azpeitia impartió además una conferencia sobre Aldo Manuzio en febrero de 2015 en la Biblioteca Nacional con motivo de la exposición '500 años sin Aldo Manuzio. Mercaderes en el templo de la literatura', de la que fue comisario:

Javier Aizpeitia ofrece unas interesantes reflexiones en su conferencia sobre "las crisis de entonces y las crisis de ahora" cuando la imprenta acabó con la anterior forma de hacer libros tal y como ahora parece que sucede con el mundo digital. "Las soluciones que se buscaban entonces creo que deben ser las que se busquen ahora."

Hypnerotomachia Poliphili fue impreso en lo que se denomina tamaño infolio ("en folio", resultado de doblar una hoja una sola vez dando lugar a dos folios, cuatro páginas en este caso de 21x33 cm.),  e incluye 172 soberbias ilustraciones realizadas con la técnica de la xilografía —grabado en madera—, cuyo autor es del todo desconocido, pero sobre el que también existen diversas especulaciones. Está compuesto con los tipos redondos romanos que había grabado Griffo por primera vez para las obras de Pietro Bembo, destacado humanista, escritor, filósofo y cardenal veneciano, de quien Manuzio era amigo y editor. Se trataba de una tipografía heredada de Jenson (el anterior patrón de Griffo puesto que, recordemos, Torresani se hizo con la imprenta de Jenson, sus tipografías, maquinaria, e incluso el personal), un alfabeto que combinaba las letras mayúsculas de las inscripciones de la antigua Roma con las letras minúsculas de los manuscritos medievales italianos. Se los llamó romanos en contraposición a las letras góticas alemanas, mucho menos legibles, con las que está compuesta, por ejemplo, la famosa Biblia de Gútemberg. Griffo perfeccionó esa tipografía romana expresamente para el Poliphili alcanzando una belleza, armonía y, sobre todo, legibilidad insuperables. Tanto, que esa tipografía se sigue utilizando ahora, con el nombre de Bembo, recreada en los años 20 del siglo pasado por Monotype bajo la supervisión del afamado tipógrafo Stanley Morison (unos años antes, también Monotype 'resucitó' el tipo de letra del Hypnerotomachia Poliphili llamándola Poliphilus, pero según mi punto de vista se trata básicamente de mismo tipo de letra, maravilloso, sin la 'limpieza' y necesaria puesta al día de la tipografía Bembo).

Tipografía Bembo actual.


Muestra de la tipografía creada antes por Nicolas Jenson ('Unos tipos duros') y que sirvió para que a partir de ella Griffo diseñara los tipos aldinos con los que se compusieron los libros de Aldo Manuzio como el Hypnerotomachia Polihili o su colección 'de bolsillo', y cuya última evolución es el actual tipo de letra Bembo mostrado arriba.

Página de un libro editado por Nicolas Jenson con su excelsa tipografía.

Uno de los aspectos que más asombro despierta en la composición de este libro prodigioso es la perfecta combinación del texto y las imágenes. La genialidad en la relación que se establece entre diseño y contenido (que es de lo que casi siempre hablamos nosotros, ¿no?). El Hypnerotomachia Poliphili cuenta una historia laberíntica de un sueño dentro de un sueño —algunos siglos antes que el Origen del gran Christopher Nolan— y lo hace en la lengua vernácula del momento, un italiano de entonces, pero acompañado de muchos términos en latín, en griego (para lo cual Griffo tuvo que utilizar las tipografías griegas), e incluso en supuestos idiomas jeroglíficos egipcios inventados. El joven Polífilo —"el que ama todas las cosas", insuperable imagen del Renacimiento antes de que sus contemporáneos lo llegaran a conceptualizar— se adentra en sus sueños en busca de su amada muerta por jardines repletos de ruinas clásicas y edificios imaginados que sus grabados en las páginas impresas recrean e incluso inventan de modo divergente a como lo cuenta el texto. Un texto laberíntico, simbólico, filosófico, cabalístico y de secretos alquímicos.

Esta mezcla genial de textos e imágenes ha llevado a que algunos (Azpeitia entre ellos en la conferencia que os enlazamos más arriba) lo haya calificado como "la primera novela gráfica de la historia", aunque no sería yo, desde luego, uno de los que lo hiciera. El Hypnerotomachia Poliphili es algo inclasificable, como se ha dicho también muchas veces de la obra entera, y no me parece comparable a lo que ahora entendemos con esa denominación.

El diseño del libro está concebido como páginas dobles, con esos márgenes lujosos basados en la proporción áurea (aunque con los márgenes algo más pequeños, especialmente el inferior). Una muestra de esta moderna concepción de las páginas dobles la encontramos en el cuidado equilibrio en la disposición de las imágenes. 







Porporción áurea para obtener el tamaño de la caja de texto (o 'mancha') y los márgenes de una página.

A pesar de todo esto, o tal vez debido a ello, el libro no fue un éxito editorial, ni mucho menos, y la mayor parte de la tirada se quedó en los almacenes del taller de Aldo Manuzio. De allí pasó a aquellos a quienes tenían la suerte de recibirlo como regalo por parte del propio editor. Claro que es muy posible que tampoco quisieran llamar mucho la atención con él debido al "paganismo" de sus textos y a la supuesta obscenidad explícita de alguna de sus imágenes y por eso no se distribuyera, ni llevara los nombres de los autores del texto y los grabados. El nombre del mismo Manuzio sólo aparece al final en una fe de erratas. Seguro que Aldo era consciente de la importancia de aquello y quiso aparecer aunque fuese medio escondido.

Tampoco lleva la mítica marca de su imprenta, precisamente porque lo más probable es que Aldo Manuzio la tomara de una de las ilustraciones, a pesar de que él afirmó haberla encontrado en una moneda romana. Si la tomó de aquella ilustración del Hypnerotomachia Poliphili sería una prueba más de la importancia de esta obra para él, puesto que aquel dibujo —¿uno de los logos más famosos y perdurables de todos los tiempos?— lo llevaron más adelante todos sus libros.


Marca de imprenta de Aldo Manuzio (el mítico logo 'Festina lente' con el delfín enroscado en un ancla) en una página del Hypnerotomachia Poliphili, y detalle de la ilustración.

Gli Asolani, de Pietro Bembo, editado en Venecia por Aldo Manuzio en 1505.

Divina comedia (col sito et forma dell'Inferno), Dante Alighieri, editado por Aldo Manuzio en sus talleres de Venecia en 1515, el año de su muerte.

Fabuloso mapa del infierno incluido en la edición de la Divina Comedia editada por Manuzio.

La fama y el prestigio de los que gozó en vida Manuzio, y suponemos que el dinero, no le llegaron con el libro más bello que nunca se hubiera impreso, y que según otros jamás se volvió o volverá a imprimir, sino con la colección de clásicos que sacó en formato octavo —es el primer impresor en utilizar este formato para literatura, muy pequeño en aquel momento, la octava parte del pliego de imprimir, unos 18 cm. de alto— y que está considerada como la invención del 'libro de bolsillo'. Aquello, los libros aldinos, fue una genial y arriesgada idea que cambió los hábitos de lectura y el consumo de libros en toda Europa.

Como muchos de ustedes ya sabrán —fundamentalmente los que viven aquí en Madrid— una de las exposiciones organizadas por el Museo Thyssen durante este verano es 'El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura'. Una muestra, en la que lo más interesante, para mí, no son los cuadros sino los libros. Y, efectivamente, como se están ya imaginando, en ella se puede admirar un ejemplar del Hypnerotomachia Poliphili, impreso en 1499 por Aldo Manuzio en Venecia, cedido para la ocasión por la Biblioteca Nacional. Además, a su lado se muestra el Gli Asolani de Pietro Bembo, de 1505, también del taller de Manuzio, junto con otros impresos renacentistas repartidos por distintas salas como el  Idyllia, seu Bucolia, del escritor clásico Teócrito, impreso también por Manuzio en 1495-96, y los fabulosos Libros de la Arquitectura de Andrea Palladio, impreso en 1570 y perteneciente a la Real Academia de San Fernando.

Hypnerotomachia Poliphili (izda.), 1499; y Gli Asolani, Pietro Bembo, 1505 (impreso en el formato en octavo que los convirtió en los primeros 'libros de bolsillo' de la historia, los libros aldinos). Ambos editados en Venecia por Aldo Manuzio. 

No queda mucho tiempo, esta es la última semana en la que se puede acudir a esta exposición —concluye el domingo 24 de septiembre—. Pero, afortunadamente, no hay motivo de alarma porque como bien dice mi querida María Vázquez, maestra de diseñadores en Galicia y editora de El ojo en el cielo, un blog ma-ra-vi-llo-so sobre arte, diseño y comunicación: "Cada vez que voy a Madrid, visito la Biblioteca Nacional para ver el Hypnerotomachia Poliphili". Este templo de la cultura tiene nada más y nada menos que ¡cuatro ejemplares originales de este libro!, salidos de los talleres de Aldo Manuzio.

Y aunque la experiencia de ver el libro original sea única, la Biblioteca Nacional cuenta también con un más que valioso e inagotable catálogo digital en su página web, denominado Biblioteca digital hispánica, en el que se pueden consultar sus fondos, digitalizados página a página, e incluso descargar las obras completas. Todas las imágenes del Hypnerotomachia Poliphili (en este enlace tienen el libro completo) que les he ofrecido en este artículo provienen de esta impagable herramienta puesta al servicio de la cultura.

Después de todo esto me dirán, yo mismo me lo diría, que no es posible afirmar que un libro sea el más bello jamás impreso. Y lo dirán con razón. Todo un artículo sobre el libro más bello del mundo y resulta que algo así no existe, que "después de tanto, todo para nada", como dijo un gran poeta. Es cierto. No se puede competir en lo que a belleza se refiere, no tiene sentido poner los libros, el arte, en fila de mejores a peores. Pero, aun así, hay tanto que decir y escuchar, y admirar, sobre la belleza, que aquel mismo poeta, desde un libro que hubiera merecido ser impreso por Aldo Manuzio, nos confesó: "Grito '¡Nada!', y el eco dice '¡Todo!'"

lunes, 15 de febrero de 2016

Firmas en caja alta: Rodrigo Sánchez

Este pasado fin de semana se ha celebrado en Siracusa (Nueva York, EEUU) la elección de los ganadores de la 37 edición de los premios SND a los periódicos mejor diseñados del planeta. Pronto sabremos qué periódico será elegido como el mejor diseñado en 2016, galardón que recibirá durante la celebración del congreso de la SND que tendrá lugar en San Francisco los días 7, 8 y 9 de Abril. Durante esos tres días se reúnen en California los mejores diseñadores de prensa del mundo en los que dan su punto de vista sobre la profesión. Este año, además, contará con dos españoles, Alberto Cairo y el Director de Arte de El Mundo Rodrigo Sánchez.

La SND publica una entrevista en inglés con el reconocido Director de Arte de El Mundo y las revistas de Unidad Editorial y que nosotros recogemos en castellano aquí, bajo nuestra sección Firmas En Caja Alta, donde los más destacados profesionales del diseño periodístico, y el periodismo en general, dan su punto de vista.



Rodrigo Sánchez ha pasado la mayor parte de su vida profesional rodeado de periódicos y revistas, donde se siente como pez en el agua. Inició su andadura en el mundo de la prensa en ABC. Poco tiempo después pasó al diario económico Cinco Días, que dio pasó a la revista Cambio16 y de ahí a la revista Mercado. En 1990 desembarca en el madrileño Diario El Sol como Jefe de Diseño del Dominical y de los Suplementos. Con el cierre del rotativo en 1992 pasa a formar parte de Unidad Editorial como Director de Arte de sus revistas (Magazine, La Luna, La luna de Metrópoli, etc.) donde ha cosechado innumerables premios por el diseño de sus portadas. En enero de 2014 es nombrado Director de Arte de todo Unidad Editorial, tomando bajo su mando el diseño del periódico El Mundo. Ese mismo año recibe de la Society of News Design (SND) un premio por toda su trayectoria.

¿Cómo ha cambiado tu vida profesional desde que te convertiste en Director de Arte de El Mundo en lugar de sólo sus revistas?

El trabajo se ha multiplicado por 10. Antes llevaba la dirección artística de una docena de publicaciones, algunas semanales, otras mensuales, alguna anual e, incluso, una diaria (un periódico de información médica). Ahora, a todo eso, hay que sumar un diario de tirada nacional y todos sus suplementos semanales y mensuales. Ya no es posible mimar personalmente cada página como antes. Tengo que centrarme en páginas especiales o en proyectos ambiciosos. Por eso es fundamental inculcar al equipo la esencia del diseño, de mi diseño, y las bases de un trabajo bien hecho; cuáles son los mínimos que nos auto exigimos y cuál es nuestra meta de excelencia. Hacer que el periodista diseñador pierda el miedo a la página en blanco y que trate de pensar cada página cada vez, cada día. No hay dos temas iguales, no debería haber dos páginas iguales. Cada tema, cada noticia, cada exclusiva, merece ser tratada de una manera exquisita y singular.


Es cierto que el trabajo se ha multiplicado por diez, pero también se han multiplicado por 10 las oportunidades de hacer páginas interesantes. Cada día es un reto, cada día es una oportunidad. Frente a la serialización de las páginas hemos de ofrecer artesanía periodística. Especialización y diferenciación frente a monotonía y plantillas prediseñadas. Todo se puede hacer, todo se puede cambiar. Solo hace falta rigor y gusto, sensatez e imaginación. Y, por supuesto, mucho trabajo, mucho esfuerzo. Hay que estar en la redacción, hay que estar pendiente y dispuesto a cambiar ideas y modelos sobre la marcha. Desde primera hasta última hora, desde primera a última página. La interacción permanente con los redactores y con los responsables de redacción enriquece el producto final.



Todo periódico tiene en su interior nichos de información donde es posible experimentar gráficamente. La ubicación de los bloques gráficos y tipográficos, la relación entre ellos y su secuencia en el espacio modifican la percepción que el lector tiene de la noticia. Tenemos que trabajar el periódico como si se tratase de una película hecha con cortometrajes, con muchas historias individualizadas pero que todas ellas cuentan la historia de un día. Un día concreto, irrepetible, como el periódico de ese día. El periódico ha de tener dosis permanentes de sorpresa. Una equilibrada mezcla de audacia creativa y rigor informativo. En definitiva, ser capaces de hacer un producto coherente pero que sepa articular y armonizar los diferentes ritmos, las velocidades, que deben coexistir en un diario.

Delicatessen impreso frente a la noticia rápida, una joya diaria para mimar a nuestros mejores y más fieles lectores. Que estén orgullosos de llevarnos bajo el brazo.

Has ganado un premio a tu trayectoria por tus divertidas, inteligentes y bonitas portadas de Metrópoli. También has ganado grandes premios por la narrativa de noticias en las páginas de El Mundo, en particular por el enfoque visual del aniversario de los atentados del 11-M en Madrid. ¿Cómo es tu dirección de arte en este tipo de noticias, tan diferente al entretenimiento y estilo de vida de las revistas?

Metrópoli ha sido, y es, un gran banco de experimentos. En general, las revistas en las he trabajado lo son. Podría decir que he estado casi treinta años entrenándome para este momento. Ahora puedo tratar la información diaria con el respeto y la dedicación que se trata a los reportajes semanales o mensuales. Es como tener un “metrópoli” cada día. Cada página es una portada. La oportunidad de hacer magia con noticias de actualidad, con fotografías de actualidad y, a veces, sacar jugo al hecho de no tener nada: ilustrar solo con tipografía. La noticia se ilustra a ella misma.



No es muy diferente explicar gráficamente un suceso o una catástrofe natural a contar la sinopsis de una película de cine negro o policíaco; o una entrevista a una portada de revista dedicada a un protagonista de una superproducción de Hollywood. Todo son historias en las que hay personas involucradas. Y todas esas historias que hay que explicarlas a los lectores. Las unas son de ficción, estas son reales. Pero todo son historias. Nosotros vivimos de contar esas historias.

¿Cuánto tiempo puedes seguir invirtiendo en Metrópoli?

El mismo de antes. Saco tiempo de donde puedo y, si es necesario, de mi tiempo libre. Sigo considerando a Metrópoli como un regalo de Dios, un juguete, una afición más que un trabajo. Es una bendición poder usar ese espacio cada semana y contar con algunos de los mejores profesionales del mundo que están deseando publicar en ese trozo de papel. Envidiaría a cualquier profesional que tuviese la oportunidad de hacer esas portadas semana tras semana…y ya va para más de veinte años.



“Escoge un trabajo que te guste, y nunca tendrás que trabajar ni un sólo día de tu vida.” Confucio

¿Qué rol tiene el trabajo en el área digital dentro de tu jornada habitual? ¿Inviertes mucho tiempo el en el área digital, y en caso afirmativo, en qué tipo de trabajo?

El diseño digital, de momento, no me ocupa un porcentaje de tiempo muy alto. Creo que es un mundo que ofrece un campo enorme de posibilidades pero adolece de poco rigor tipográfico, escaso control de la ubicación exacta de elementos informativos y exceso de publicidad, mucha de ella invasiva. Si a eso sumamos que, además, su diseño externo e interno ha de servir para múltiples soportes digitales (responsive), el reto es aún mayor.



El problema, común en todas las webs, es que su diseño sigue dominado por técnicos e ingenieros sin conocimientos informativos y con casi nulas nociones de tipografía o edición fotográfica. Lamentablemente el diseño digital convencional (webs de diarios) está a años luz del diseño editorial impreso. Falta de jerarquía, falta de precisión gráfica y de relación entre noticias. Funcionan más como un almacén de noticias que como un producto informativo elaborado profesionalmente. Siempre existe una justificación técnica para poder decir que no es posible hacer tal o cual cosa.

Hay un rechazo casi físico a que los diseñadores de prensa intervengamos en la creación y desarrollo, en la traslación de la información de papel a web. Son dos soportes diferentes, dos contenedores diferentes pero trabajan con el mismo contenido: la información.


Los códigos, el lenguaje, el método, los envoltorios, deben estar siempre en manos de diseñadores no de técnicos. La labor de estos, fundamental, es dar soluciones a los retos estéticos e informativos que les planteemos desde las redacciones.

Con una web no eres capaz de hacer la “fotografía” de un día; las historias antiguas se mezclan con las recientes, los géneros se entremezclan, las secciones se confunden. Es un periodismo urgente, descolocado. Se leen noticias aisladas, no medios en conjunto. La capacidad de relacionar historias se pierde. Así como la jerarquización de las noticias. El diseño informativo desaparece. La portada como tal deja de tener sentido.

Es un consumo de noticias “crudas”, pues se llega a la noticia directamente a través de enlaces de redes sociales; noticias descontextualizadas del resto, con la edición justa y sin cuidado por el detalle.

La noticia sin su empaquetado profesional se convierte en “materia prima”, vuelve al origen y se deja en el camino muchas décadas de enriquecimiento, de edición gráfica, de valoración.

Como Director de Arte, parte de tu trabajo es la excelencia, motivación y creatividad de otros. ¿Cómo mantienes tu propia motivación y creatividad en niveles tan altos?

Hay que contagiar la emoción por el trabajo al equipo. Todos han de sentirse parte del producto, coautores, partícipes del éxito. Y, también, hay que ser generosos con los errores, pues es parte del aprendizaje. La parte más difícil es hacer cambiar de mentalidad. Hacerles ver y creer, sobre todo, que es posible hacer las cosas de otra manera. Que hay que saber manejar los principios básicos de la maquetación para poder hacer diseño editorial de altísimo nivel.



Tenemos que crear reglas muy estrictas: formatos rígidos para cualquier tipo de contingencia, con todas las posibilidades contempladas y sus correspondientes soluciones gráficas sistematizadas. Luego, esas estrictas e inquebrantables reglas, hay que tirarlas a la basura y reinventarlas cada día.

La creatividad mejora con el uso. La práctica continua mejora los resortes para relacionar problemas y soluciones y, con ello, muchos recursos surgen casi espontáneamente. La creatividad nunca decae, sino que mejora con el tiempo. Y, además, es contagiosa. El equipo se empapa y se esfuerza en conseguir soluciones ingeniosas a asuntos banales.

viernes, 15 de enero de 2016

Acabar a lo grande








Esta es la cobertura que realizó nuestro periódico el lunes sobre la muerte de David Bowie: Los ojos 'bicolores' del genio británico del Pop mirándonos por encima de la cabecera de la portada, obra del gran Ulises Culebro. Una fabulosa ilustración de Ricardo Martínez, para quien se nos acaban ya los calificativos, abriendo la sección de Cultura (ilustración que, por cierto, y a pesar de su increíble complejidad técnica y tamaño, se tuvo que realizar en un tiempo récord por una de esas historias que no se pueden contar por formar parte de lo que puede denominarse "lo que pasa en el vestuario..."). Una primera página doble con la crónica de Darío Prieto y una opinión de Loquillo. Otra segunda página doble con opiniones de Tomás Fdo. Flores, Javier Menéndez Flores y Julián Ruiz. Otra tercera página doble con informaciones de José Manuel Gómez, la relación de Bowie en el cine escrita por el siempre brillantísimo Luis Martínez y con la moda, en un análisis de Leticia Blanco. Un friso en la parte superior de todas estas seis páginas con un completo trabajo de edición sobre la discografía de Bowie. Y, finalmente, otra página con un obituario escrito por Pablo Gil, especialista en música.

Posiblemente, la manera más apropiada para contar el final a lo grande que ha tenido de uno de los grandes. Porque no se puede morir de una manera más genial que ésta:




No tengo los datos, no quiero siquiera preguntar por ellos, pero me temo que todo este despliegue de talento en contenidos, diseño, edición... calidad periodística en suma, no ha supuesto que vendiéramos el martes un sólo periódico más. Posiblemente sucediera todo lo contrario, porque si la tendencia es que la difusión de los periódicos impresos sigue y seguirá cayendo, entonces este martes habremos vendido menos periódicos que el lunes, día en el que a su vez se habrán vendido menos que el domingo... Lo propio de una sociedad que ha decidido prescindir de un bien público informativo y cultural que hasta ahora la enriquecía. Una sociedad que decide empobrecerse día a día. Y es que ¿alguien puede señalarnos una cobertura sobre la muerte de David Bowie de una excelencia similar a ésta que os mostramos hoy realizada en una página web? ¿Algo que dentro de un tiempo pudiera recordarse?


lunes, 21 de diciembre de 2015

De derecha a izquierda pasando por el centro

Lo barruntaban las encuestas y lo han confirmado las Elecciones Generales. España ya no es la cuna del bipartidismo. España es un país de, al menos, cuatro partidos fuertes. Se acabaron las mayorías absolutas y los líderes del PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos tendrán que pactar para conseguir que uno de los cuatro sea presidente del gobierno.


Y pactar significa gestionar los puntos clave de los programas para dar, quitar, sumar, restar, ceder o presionar para llegar a un acuerdo. Programas que, según los analistas políticos, definen en una posición en el espectro político a cada partido, a pesar de que alguno se resista a ello. El PP en la derecha, el PSOE en el centro izquierda, Podemos en la izquierda y Ciudadanos en el centro derecha.

Plasmar esto gráficamente es complicado…excepto si cuentas con los excepcionales dibujos que Ricardo Martínez hizo de los cuatro candidatos y con la flexibilidad del rediseño estrenado hace poco más de un año.



Los brutales retratos de Ricardo Martínez publicados en El Mundo


Lucía Méndez, Jorge Bustos, Emilia Landaluce y Enric González son los grandes periodistas que se iban a encargar de perfilar a estos cuatro líderes políticos en otras tantas dobles que se iban a publicar en días alternos en la sección de Nacional de El Mundo.

El orden de publicación sería Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias.

Los brutales retratos de Ricardo permitían repetir la misma maqueta para los cuatro, haciendo la misma edición para los cuatro. Pero esa no era la intención desde el principio. Se quería contar, desde el aspecto gráfico, en qué espectro político estaba cada partido.

Se optó por colocar a cada candidato en la parte de la página que representaba su ubicación ideológica. No sólo hacer un retrato literal, que montara y sostuviera fuertemente unas dobles impresionantes desde el punto de vista gráfico y de contenido.

Rajoy situado a la derecha de la página; Sánchez, en el centro izquierda; Rivera en el centro derecha; e Iglesias en la izquierda

También contar algo desde el aspecto de la edición gráfica, del diseño periodístico. Rajoy ubicado a la derecha de la doble; Sánchez en el centro izquierda; Rivera en el centro derecha; e Iglesias en la izquierda. Hacer algo que venimos contando aquí desde hace tiempo: maquetar es informar.


jueves, 22 de octubre de 2015

Primer año del rediseño de El Mundo

El pasado 20 de octubre se cumplió un año del rediseño de El Mundo. Ha sido un año de mucho y muy intenso trabajo en la sección de Diseño del periódico. Un año que podríamos resumir de muchas maneras, pero la mejor es mostrando parte de ese trabajo.

jueves, 5 de marzo de 2015

Reconversiones mexicanas

Desde hace unos meses, nuestro periódico además de las dos primeras ediciones —Nacional y Madrid— cuenta con otra edición que se distribuye en México junto con el diario del grupo Milenio. Una vez que hemos cerrado nuestra primera edición Nacional que se distribuye en toda España, menos en Madrid que es donde se distribuye la segunda edición, y antes de terminar esta segunda, tenemos que reconvertir determinadas páginas para la nueva edición mexicana.

Labor necesaria porque hay que comprimir en ocasiones distintos temas en las doce páginas de esta nueva edición y, sobre todo, porque el tamaño de las páginas del diario Milenio es distinto del nuestro. Son algo más grandes, un módulo más de alto en concreto, con un tamaño de tabloide estándar que nosotros perdimos recortando en dos ocasiones para ahorrar papel debido a la crisis.

Esto, además de complicar las cosas, nos permite también hablar de una labor del diseño periodístico algo más desconocida pero muy presente en el día a día de un periódico: los cambios en las páginas. Su reconversión en otras, adaptando noticias a un espacio mucho más pequeño cuando entra publicidad —esto último, por desgracia, mucho más habitual antes que ahora, y pensar lo que nos fastidiaba entonces...—; o haciendo que crezcan temas que necesitan ampliarse en otra edición o porque la noticia va adquiriendo más importancia según avanza el día, obligándonos a dar en una doble página lo que era sólo una, o menos que una... Las posibilidades son tantas y en ocasiones tan dificultosas como ésta:





—Necesitamos que esta apertura de Sociedad se convierta en una página para México.
—¿Cómo?
—Que necesitamos que...
—Ya, ¿que cómo se hace eso?
—Ah, no sé, vosotros veréis... Nos corre un poco de prisa, eso sí.

Que SE CONVIERTA, dicen. Se. Tres páginas, una de ellas una portadilla de apertura más una página doble y todo ello en una página normal. Buscamos el botón de reconversión de páginas en nuestros ordenadores (ése que un director que tuve insinuó un día que existía cuando propuso despedir prácticamente a toda la sección de Diseño para recortar gastos), pero resulta que el botón no existe. Y vuelve a sonar el teléfono cuando el redactor que encargó el encargo llega su sitio para decirnos que "todavía no veo la página, y nos corre un poco de prisa". Y no les culpamos, la labor de reconvertir todos los textos una vez que hayamos reconvertido la página, tampoco está en ninguno de esos botones que la jefatura supone que existen, y ellos sufren los mismos recortes de personal que nosotros con el tiempo justo y la hora de cierre acercándose muy deprisa.

Intentamos, por ello, que el texto se adapte también en la medida de lo posible, suele ser más factible tener que cortar que añadir, pero cortar mucho tiene un límite. En fin, que con todos esos condicionante, y con un gran talento, nuestra compañera Laura Cruz reconvirtió ayer por la noche esa triple apertura de Sociedad tan buena en esta otra página que me parece casi todavía mejor. Una solución elegante para recuperar la mayor parte del texto de una página doble en una sola sin que parezca un 'ladrillo' gracias a disponer las imágenes, poderosos iconos del gran ilustrador Santiago Sequeiros, de manera tal que acentúan la verticalidad de una página mexicana ya de por sí más vertical que las nuestras.




viernes, 21 de noviembre de 2014

Un periódico de niños... y por los niños


El que tiene niños sabe que son maravillosos porque son espontáneos, impredecibles y auténticos. No les importa ni lo que piensen de ellos, ni equivocarse, ni tienen miedo cuando se lanzan de cabeza, los insensatos, contra algún muro de piedra que llevaba ahí, inmóvil como una costumbre, durante años.






Ayer, el periódico EL MUNDO, que celebra sus 25 primeros años, conmemoraba el 25 aniversario de la Convención de los Derechos del niño. Y lo hacía maravillosamente ilustrado, bellísimamente enriquecido por los dibujos (no os perdáis los vídeos de los pequeños), las ilusiones y los sueños de muchos niños de Educación Infantil y Primaria, de colegios públicos, privados, niños malitos del Hospital Niño Jesús, de un poblado de chabolas de Madrid, angelitos discapacitados de un centro de educación temprana... Niños que ayer jugaron a ser mayores, a ser periodistas, a menearse con el gesto de Ricardo por un día, o de Gallego o de Rey. A competir con Ulises por un puesto en la redacción o a ser Casimiro por un día. Niños que, a lo mejor, ayer escaparon durante unas horas de su habitación del hospital, o que conocieron una redacción por primera vez. A lo mejor ayer alguno se infectó ayer de ese veneno malo que corre por las venas de los periodistas...




Fotogramas de los vídeos que muestran a los niños dibujando con los ilustradores del periódico.


Esta idea alocada, propia de un niño o de un bombero, surge del gran fotógrafo Alberto Di Lolli.  La propuesta estaba ahí, básicamente. Di Lolli trasladó la idea a Rodrigo Sánchez, nuestro director de Arte, que fue el que le dio forma y la definió. Entenderéis que el mínimo pudor me impide adjetivar en exceso a quien dirige la sección en la que tengo la suerte de trabajar. Sólo os diré que si hay un niño que haya entrado tirando las cosas por los aires, que no le tenga el más mínimo respeto ni a las costumbres ni a los códigos, que esté siempre tramando alguna nueva trastada con una energía inagotable que échate tú a temblar cada vez que le veas entornar esos ojillos de niño cabroncete, ése es Rodrigo Sánchez. 






Entre los dos arranca esta maravillosa chiquillada. Y una vez más, y no es nada fácil, la redacción de EL MUNDO con sus jefes a la cabeza la respaldó. Lo que vino luego fue una maravillosa experiencia en la que los dibujos de mil ceras de colores y los textos negros sobre blancos fueron intimando hasta parecer inseparables. Las tribunas estaban brillantemente ilustradas. Las tiras de Ricardo y de Gallego y Rey lucían llenas de color. Incluso nuestros columnistas mutaron en cariñoso garabato infantil, fruto del talento infinito de Dario Jáuregui, de 11 años, hijo de nuestro compañero Pablo Jáuregui y de Martín Linde, un fenómeno también de 11 años que consiguió deslumbrar al mismísimo Ulises, veterano ya de cientos de guerras pasadas.

Retratos de los columnistas del periódico elaborados por Martín Linde y Dario Jaúregui . De izquierda a derecha y de arriba abajo, Manuel Jabois, Arcadi Espada, Victoria Prego y Raúl del Pozo.


Ni qué decir tiene que estas iniciativas suponen una bomba atómica en la sección de diseño. El periódico es (era) una bestia bien plantada, con sus automatismos, sus repeticiones y sus estilos y líneas rojas. De repente, todo salta por los aires. Pero esta sección de diseño está llena de niños respondones que se crecen en las adversidades. Como bien dice MAJ en su brillante texto de hoy en EL MUNDO, "la locura no se improvisa". En medio de la tormenta es cuando les bajan las pulsaciones a un grupo de trabajo del que nunca podremos contar suficientes virtudes. La paliza que se dio el miércoles nuestro Juan Carlos Caja luchando contra los folios de un periódico y siete delegaciones fue memorable. A su lado unos defendían el periódico del día y Esmeralda adelantaba el brillante despliegue del fallecimiento de la Duquesa de Alba. Todo el que pasaba por la sección salía con una sonrisa de allí. Pese a las carreras. Porque lo que ya se intuía pintaba maravillosamente. Espontáneo, impredecible, auténtico. Como los niños que lo habían hecho posible. Y como el periódico que planteó este reto en su páginas. Un periódico al que no le importa ni lo que piensen de él, que no tiene miedo a equivocarse, ni a lanzarse de cabeza, como insensatos, contra esos muros de piedra que siempre están ahi.  Y bastante cabroncete, como cualquier niño que se precie.



P.D. Tan maravilloso fue el trabajo de los niños que no sólo nos dieron una cabecera... nos dieron muchas. Y tuvimos que elegir entre varias de ellas. Salió la primera que veis aquí debajo, pero teníamos otras, igual de geniales.






Texto: Javier Vidal