lunes, 10 de noviembre de 2008

Diseñario (XXXVI)

Ni tan siquiera los miembros del equipo de expertos de encajabaja encargados del Diseñario, a pesar de su aislamiento cuasi hermético en la última zona inexplorada del planeta para que allí nada los distraiga en esta ardua labor de desentrañar y explicar los términos relacionados con el diseño períodistico, han podido escapar a la curiosa y oscura transformación que ha sufrido el mundo durante esta última semana. Desde el martes 4 de noviembre por la noche, se los ve distintos... no sabríamos explicar cómo. No obstante, a pesar de la mutación nos ofrecen una nueva entrega de esta obra colectiva, irreverente y abierta a la participación de todos. Yes, you can.





Q


Quark. Nuestro programa. Software de autoedición creado por la empresa norteamericana Quark Inc., cuya primera versión (que bien podría figurar en los libros de historia) apareció en 1987 para plataforma Mac.
Algún miembro del comité de expertos de encajabaja no podrá olvidar nunca el asombro que vivió unos tres años después, a comienzos de la primavera de 1990, cuando entró ilusionado en el embrión de la redacción del diario El Sol de Madrid y vio un Mac encendido. Un Macintosh CX 2/40 (2 megas, sí megas, de memoria RAM y 40 megas, sí megas, de disco duro; un ordenador con una potencia gráfica muy por encima de cualquier otra cosas que quisiera llamarse entonces ordenador) en el que corría una versión de QuarkXPress 2.12. Allí, en la pantalla, había una página completa, dibujada, con sus tipos y tamaños de letras fielmente representados, ¡y con las fotografías incluidas! Autoedición, nos dijeron que se llamaba. En aquellos años sí que había un mundo entero que separaba Macs y PCs. Los ordenadores de fotocomposición en los que trabajábamos tenían letritas de color verde sobre un fondo negro, todas iguales en tamaño y forma, y los tipos de letra eran comandos escritos con códigos complicadísimos (por no hablar de las sangrías, desplazamientos de cualquier tipo o las diabólicas tablas para tabular textos) y hasta que no se enviaban los archivos a una filmadora de papel fotográfico, nada barato por cierto y que había que revelar, no descubríamos qué habíamos hecho. Imaginábamos cómo quedaban las cosas mientras las hacíamos... y después llegaba la realidad del resultado.
Que dentro de un ordenador hubiera fotografías era algo que veíamos en las películas de ciencia ficción con una media sonrisa excéptica diciéndonos ¡pero qué fantásticos son algunos! Y de pronto, una mañana en aquel edificio de la plaza de Colón en la que sería nuestra redacción durante año y medio, nos sentamos frente a aquellos ordenadores ¡tan bonitos! y todo, ¡todo! estaba dentro de ellos... de Quark.
Y ese todo empezó a ser fácil, sencillo. Cualquier cosa que quisieras hacer, bueno casi cualquier cosa que quisieras hacer, y que hasta entonces hubiera requerido la participación de al menos tres especialistas distintos: el teclista para componer los textos, el montador para disponerlos y pegarlos sobre la maqueta de una página, y el técnico de fotomecánica para añadir las imágenes y crear con todo ello una página en un plástico transparente (acetato) con el cual hacer después la plancha de impresión, todo esto, decíamos, quedaba en manos de una sola persona que, además, no necesitaba ser especialista en ninguna de estas tres partes del proceso para obtener un resultado medianamente imprimible (tal vez a excepción del tratamiento digital de las imágenes que sigue precisando hoy día de técnicos de fotomecánica si queremos que las fotografías se impriman con calidad y con exactitud en los colores). La simplicidad del programa permitía, y permite, manejar objetos (cajas de imágenes o cajas de texto) y el contenido de los objetos; simplicidad debida a su potencia interna. Una sencilla paleta de herramientas para crear y manejar esos objetos, moverlos, modificarlos... y una serie de menús con ventanas desplegables para controlar el contenido de las cajas, el tipo de letra, tamaño, estilo, track, etc., si son textos, y tamaño o encuadre si son imágenes. Nada más. Y nada menos.
Aunque para muchos de nosotros fue el primero en lo que a autoedición se refiere, en realidad ese puesto le corresponde a PageMaker, creado en 1985 por Aldus Corporation (posteriormente lo adquirió la empresa Adobe en 1994 junto al equipo de ingenieros informáticos que lo desarrollaba y en esta su nueva empresa dejaron de desarrollarlo para crear a partir de él InDesign, el actual programa de autoedición de Adobe que se ha convertido en el único competidor serio de Quark desde su salida en 1999).
La primera versión de Quark para Windows es de 1992, década ésta de los 90 durante la cual nuestro programa favorito se convirtió en el estándar profesional en las Artes Gráficas, prácticamente sin competencia... lo que propició en parte su carísimo precio. Precio que junto al enorme error de enfrentarse a su mayor aliado, los ordenadores Mac de Apple, porque su versión 5 de 2002 era incompatible con Mac Os X, mientras que InDesign 2.0 sí lo era, le ha supuesto perder su posición casi de monopolio para tener que competir ahora con el programa de Adobe (que además está integrado en una espectacular suite denominada "CS", creative suite, junto a Photoshop, Ilustrator, Dreamweaver, Flash, etc.).
El futuro, incluso para nuestro querido Quark, es pues lo que siempre ha sido, es y será para todo y todos, una incógnita. Pero para muchos de nosotros, Quark será siempre nuestro programa, formará parte de nuestras vidas, la parte de ellas en las que hemos estado haciendo páginas para periódicos.


Entregas anteriores del Diseñario:
Diseñario (I): aire-anuncio.
Diseñario (II): apoyo-artistas.
Diseñario (III): bandera-blancos.
Diseñario (IV): blog-caja.
Diseñario (V): cajista-cícero.
Diseñario (VI): cintillo-confeccionador.
Diseñario (VII): contorneo-despiece.
Diseñario (VIII): Didot-doble.
Diseñario (IX): Edicomp-encajabaja.
Diseñario (X): entradilla-estilo.
Diseñario (XI): familia-firma.
Diseñario (XII): folio-fotografía.
Diseñario (XIII): Franklin Gothic-fuente.
Diseñario (XIV): fusilar-Garamond.
Diseñario (XV): Gótica-grotesca.
Diseñario (XVI): Gutenberg-huérfana.
Diseñario (XVII): ilustración-información.
Diseñario (XVIII): interletraje-justificado.
Diseñario (XIX): kerning-lector.
Diseñario (XX): legibilidad-línea de base.
Diseñario (XXI): linotipia-luto.
Diseñario (XXII): Mac-mancha.
Diseñario (XXIII): mancheta-maquetador.
Diseñario (XXIV): margen-medianil.
Diseñario (XXV): Milenium-monstruo.
Diseñario (XXVI): negrita-noticia.
Diseñario (XXVII): Ñ-ñoño.
Diseñario (XXVIII): ojo-ordenador.
Diseñario (XXIX): P&J-paginero.
Diseñario (XXX): palo seco-párrafo.
Diseñario (XXXI): pata-PC.
Diseñario (XXXII): periódico-Photoshop.
Diseñario (XXXIII): Pi-pie.
Diseñario (XXXIV): píxel-prototipo.
Diseñario (XXXV): publicidad-punto.

1 comentario:

Javier dijo...

Un CX 4/40 fue lo primero que vimos en "Teleprograma" a finales de 1989, Quark 2.02 y "pixelpaint" (fotos con 256 colores).
Y aún recuerdo el vértigo que me produjo la primera página que abrí en un Fx 8/80. No he vuelto a sentir nada igual… con una máquina.