lunes, 25 de enero de 2010

Diseñario 2.0 (XVII)

Quien pudiera pensar que el comité de expertos de encajabaja encargados de la redacción del Diseñario son un grupo anárquico y caótico, fuera de todo control y al margen de norma alguna, no puede estar más equivocado. Porque quienes nos traen cada semana sus anárquicas, caóticas, descontroladas y alegales definiciones son un grupo de señores serios, casados, sometidos voluntariamente a unos estatutos normativos, con el Estado de Derecho como norma de vida, y la contradicción y el absurdo como filosofía. Con todos ustedes una nueva entrega del Diseñario, obra colectiva, irreverente y abierta a vuestra participación sobre el diseño periodístico y la prensa en general.





Director. ...las mayores que puede haber en un periódico. Palabras, decimos. Bueno, palabras, cargo y cuanto imaginarse pueda porque su sola mención... no es que mueva montañas, es que las cambia de sitio varias veces hasta que se queden en el lugar exacto que determine el titular de tan alto rango. El máximo en una redacción. Ríanse del abracadabra cabalístico, el abraxas o el modesto potagia entre otras, ante el poder, el enorme e insondable poder que tiene pronunciar en la redacción de un periódico la palabra director. Si es que la escribimos y nos tiemblan las teclas. Calma. Si es que se suele decir en voz baja, o ni siquiera, se mira hacia el depacho supremo un instante nada más mientras se levantan las cejas, o se alude a él nunca de forma explícita con alguna expresión que evite desatar las fuerzas -como nunca sabemos si va a ser para bien o para mal, prevalece el prudente porsiacaso- del estilo de "lo quiere así el del fondo", si su despacho está al fondo en una clara y sencilla asociación de ideas, o "el del piso de arriba", si su despacho está una planta por encima, posibilidad esta última real pero desaconsejable para el funcionamiento de un periódico porque el director, y no quisiera seguir abusando de que hasta el momento no ha pasado nada al mencionarlo, debe estar siempre en la redacción. Al frente de ella. Es parte de la redacción, la más alta, pero no de la empresa editora (aunque a veces esto último coincida).
Bueno, pues aunque pueda sobrecogernos todo lo que manda un director que mande, mucho más debe asustarnos uno que no lo haga. En ese lamentable caso, que ha existido, existe y existirá, y que muchos hemos padecido, nos encontraremos con un producto periodístico, informativo, que estará en manos de ejecutivos o de accionistas mayoritarios, o de dueño a secas, que sin tener en ocasiones ni la más remota idea de lo que es el periodismo, y en el resto de ocasiones teniendo una ligera idea, decidirán lo que se publica cada día, y cómo se publica; al más puro estilo de esos equipos de fútbol donde en vez de decidir el entrenador profesional -en un periódico sólo puede ser director un periodista- hace las alineaciones el patrón de turno con los resultados que todos pueden imaginar y que en proyectos periodísticos terminó, por ejemplo, con alguno de los miembros del comité de expertos encargados de la redacción de esta obra en las sórdidas filas del desempleo.
En definitiva, el... ese señor, porque señora lamentablemente no hemos conocido todavía a ninguna en estas tareas, es el máximo responsable de un periódico, quien decide todo lo que se publica en él cada día. Quien manda.

Diseñismo. Término creado en el blog encajabaja para referirse a un exceso de diseño. Al adorno por encima de los contenidos. Propio de "artistas" y de decoradores en vez de periodistas. Desequilibrio entre forma y contenido a favor de la forma. Tendencia que al contrario de lo que puedan suponer quienes la practican perjudica al diseño periodístico más que lo favorece; lo vacía de contenido y de argumentos en el delicado mecanismo de poderes de una redacción convirtiendo a los maquetadores en los que ponen las rayitas o en los que tienen que hacer "páginas bonitas"... sin saber de qué tratan.

Documentación. El cincuenta por ciento de la labor de un periodista. Estaremos todos más o menos de acuerdo en que es prácticamente imposible saber de todo. Para suplir tan dolorosa realidad, existe la labor de documentación. Es decir, leer, buscar, estudiar, todo lo que nos ayude a comprender mejor el tema sobre el que estamos trabajando. Y así de paso, nos distinguimos de esos tertulianos de la tele, que abarcan tal cantidad de temas en su sabiduría que más que modernillos diríamos que son hombres del renacimiento.
También se conoce como documentación al departamento de las redacciones que se encarga de conservar y clasificar todo lo que se va produciendo en la casa. Un servicio de información almacenada. El lugar al que acudimos los periodistas para buscar imágenes ya publicadas, documentos o las cosas que recordamos escribir o maquetar pero que ya no recordamos ni cuándo ni cómo. No sólo lo tuyo sino también, en la medida de lo posible, lo de los demás. Este departamento es vital para el trabajo del día a día. Porque en nuestro trabajo echar la vista atrás cada poco tiempo es fundamental. Y para un lado también, que a veces se aprende más viendo que ha hecho la competencia que repasando años y años de intentos propios frustrados. Los encargados de los servicios de documentación, hormiguitas compulsivas, consiguen algo sorprendente: mantener en un cierto orden algo fruto del caos más absoluto. Ahora los departamentos están absolutamente informatizados, aún así, de vez en cuando alguien aparece desde documentación con un sobre manoseado y con fotos en blanco y negro en su interior. Suele ser un momento emocionante, comprobar que todavía hay cosas que se resisten a verse reducidas a unos y ceros.
Internet, como con tantas otras cosas, ha venido a cambiar este modelo de trabajo. Cualquier mortal puede conseguir un ejemplar de cualquier periódico y cualquier fecha en la red en menos de dos minutos. Eso hace ¡diez años! era algo impensable. Y da cierta pena ver cómo, en los departamentos de documentación, se van sustituyendo a aquellos especímenes tan curiosos, especies de ratoncitos de biblioteca, organizados y metódicos por astutos rastreadores de la web, y hábiles manejadores de buscadores.


Entregas anteriores del Diseñario 2.0:

Diseñario 2.0 (I): adelanto-alcance.
Diseñario 2.0 (II): apaisado-arte final.
Diseñario 2.0 (III): aspirina-autoedición.
Diseñario 2.0 (IV): background-billete.
Diseñario 2.0 (V): bobina-breves.
Diseñario 2.0 (VI): cabecear-camisa.
Diseñario 2.0 (VII): carácter-carpintero.
Diseñario 2.0 (VIII): catálogo-chillón.
Diseñario 2.0 (IX): chiste-cierre.
Diseñario 2.0 (X): clavo-colchón.
Diseñario 2.0 (XI): columpiarse-comerse.
Diseñario 2.0 (XII): compacto-corresponsal.
Diseñario 2.0 (XIII): corte-crítica.
Diseñario 2.0 (XIV): crisis-crónica.
Diseñario 2.0 (XV): cuadratín-deformar.
Diseñario 2.0 (XVI): desguace-directo.