lunes, 4 de octubre de 2010

Diseñario 2.0 (XL)

No hace falta un proceso de "primarias" entre los miembros del comité de expertos de encajabaja encargados de la redacción del Diseñario, porque no compiten entre sí. Además no resultaría fácil elegir cuál de ellos es más contradictorio, caprichoso, inestable, obstinado y voluble, cuál mejor o cuál peor en incontables aspectos en los que tampoco están interesados porque su afán es esta obra infinita, irreverente, colectiva y abierta a vuestra participación sobre el diseño periodístico y la prensa en general de la que hoy nos ofrecen una nueva entrega.





OJD. Oficina de Justificación de la Difusión. Suena un poco raro, casi marciano, debido posiblemente a su traducción literal del francés, porque esta empresa privada e independiente -insisten ellos- encargada de controlar y certificar la difusión (número de ejemplares de un medio de comunicación impreso vendidos en un determinado periodo de tiempo, no número de lectores, que de eso se encarga el EGM con los datos de la OJD y con encuestas), se creó en España en el gran año de 1964 a partir del modelo francés, la Office de Justification de la Diffusion des Supports de Publicité, que había realizado un año antes en los diarios madrileños ABC y Pueblo los primeros controles de difusión que se hicieron en nuestro país.
El aumento de la publicidad en España durante esa década de los 60 del siglo pasado, y su enorme importancia, hizo necesario hacer también aquí lo que se llevaba tiempo haciendo en la mayor parte de los países occidentales. Como siempre vamos, a la vanguardia. En 1965 apareció el primer Boletín OJD, con unos 30 periódicos inscritos, y desde entonces no ha dejado de crecer hasta alcanzar los 840 medios impresos que controla en la actualidad, así como el tráfico (páginas vistas, visitas y usuarios únicos) de 151 medios electrónicos, según afirma la propia OJD en su página web.
La OJD es la subdivisión para medios de comunicación impresos de la empresa "Información y Control de Publicaciones, S.A.", que cuenta además con otras dos divisiones: PGD (Publcaciones Gratuitas Ejemplares Distribuibles), que certifica datos de publicaciones impresas gratuitas; y OJD Interactiva, que lo hace con los medios de comunicación electrónicos en internet (no tardaron mucho en ponerse al día).
A través de su página web se pueden consultar los datos de tirada (que es el número promedio de ejemplares impresos) y del promedio de ejemplares vendidos (la difusion, propiamente dicha, y que siempre es menor que la tirada como todos podemos suponer) en un periodo de tiempo determinado de los medios que están adscritos a este control. Datos que son públicos y que ayudan sobre todo a las empresas de comunicación a captar publicidad y a fijar mejores o peores precios en ese competitivo mercado publicitario.
En definitiva, hablamos de una empresa auditora, es decir, de unos profesionales a los que pagas -y no poco, por cierto, en el caso de las publicaciones impresas, cuyas imprentas y rotativas es necesario controlar- para que digan que lo que tú dices de ti mismo es cierto. Es aquello de "y no lo digo yo", lo dice fulanito. Y que fulanito sea alguien con autoridad, con la suficiente independencia para se creído por todos. Labor delicada, pues, y que no ha estado, ni sigue estando, exenta de polémicas (el grupo Prisa, sin ir más lejos y sin tener que buscar en lagos y montañas, abandonó la OJD digital para sus medios electrónicos, así como los medios de Vocento, descontentos ambos con el tráfico que les certificaban); quejas alimentadas por turnos, generalmente cuando fulanito no dice aquello que uno quisiera oír, o más bien que otros oyeran. Y encima pagando...

Olvidar. Esto... a ver... espera que lo miro... pues ahora mismo no me acuerdo....

On line. En línea, conectado. Es decir, colgado en el éter de Internet, en el ciberespacio, allí donde nadie puede cogerte pero todo el mundo te puede ver. Estar on line significa estar accesible, a priori, en todo y para todo el mundo. Aunque dentro de lo inmaterial que supone Internet. Y sobre todo de lo volátil, porque igual de fácil es estar on line que estar off line. Basta un click.


Entregas anteriores del Diseñario 2.0:

Diseñario 2.0 (I): adelanto-alcance.
Diseñario 2.0 (II): apaisado-arte final.
Diseñario 2.0 (III): aspirina-autoedición.
Diseñario 2.0 (IV): background-billete.
Diseñario 2.0 (V): bobina-breves.
Diseñario 2.0 (VI): cabecear-camisa.
Diseñario 2.0 (VII): carácter-carpintero.
Diseñario 2.0 (VIII): catálogo-chillón.
Diseñario 2.0 (IX): chiste-cierre.
Diseñario 2.0 (X): clavo-colchón.
Diseñario 2.0 (XI): columpiarse-comerse.
Diseñario 2.0 (XII): compacto-corresponsal.
Diseñario 2.0 (XIII): corte-crítica.
Diseñario 2.0 (XIV): crisis-crónica.
Diseñario 2.0 (XV): cuadratín-deformar.
Diseñario 2.0 (XVI): desguace-directo.
Diseñario 2.0 (XVII): director-documentación.
Diseñario 2.0 (XVIII): editorial-EGM.
Diseñario 2.0 (XIX): Elzevir-empacar.
Diseñario 2.0 (XX): empasillado-encuadrar.
Diseñario 2.0 (XXI): enfrentadas-entrevista.
Diseñario 2.0 (XXII): enviado especial-exclusiva.
Diseñario 2.0 (XXIII): exposición-faldón.
Diseñario 2.0 (XXIV): fe de errores-fino.
Diseñario 2.0 (XXV): flash-fondo.
Diseñario 2.0 (XXVI): fotero-fotón.
Diseñario 2.0 (XXVII): free-lance-freehand.
Diseñario 2.0 (XXVIII): galerada-grapa.
Diseñario 2.0 (XXIX): gritar-hemeroteca.
Diseñario 2.0 (XXX): hemorroide-hostias (darse de).
Diseñario 2.0 (XXXI): ilustrator-imposición.
Diseñario 2.0 (XXXII): invisibles-itálica.
Diseñario 2.0 (XXXIII): jefe-ladrillo.
Diseñario 2.0 (XXXIV): lead-localizador.
Diseñario 2.0 (XXXV): lomo-lorem ipsum.
Diseñario 2.0 (XXXVI): MacOs-mesa.
Diseñario 2.0 (XXXVII): modular-morder.
Diseñario 2.0 (XXXVIII): negativo-ñapa.
Diseñario 2.0 (XXXIX): Oblicua-off the record.